Ética one to one versus RSC en España

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Hace unas semanas, en un congreso sobre liderazgo empresarial, escuché decir a un afamado gurú que en España abunda una absurda humildad entre los empleados de las grandes corporaciones.

Su razón, se apoyaba en que cuando en las entrevistas se les descubre sus méritos y destrezas individuales siempre tienden a empañar su propio protagonismo en beneficio de factores exógenos como la socorrida «buena suerte» o «el equipo».

Pocas semanas antes, leía un artículo de opinión en el diario Expansión firmado por un directivo de recursos humanos de una importante multinacional española, quien corroboraba indirectamente dicha denuncia, mostrando su sorpresa por la ausencia de una sana ambición de promoción profesional de un joven consultor al cual recientemente le habían ofrecido más formación y retribución. Ambas circunstancias me hicieron sospechar la existencia de cierto normativismo utilitario y continuista en cuanto a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) practicado en España.

LA COMPETENCIA MÁS FEROZ Y COMPLICADA se encuentra en el hallazgo de la identidad corporativa, dentro de un panorama de saturación y estridencia de información. Podría hacer falta producir menos documentos de RSC y prestar más atención a sus causas, al seguimiento autómata de sus reglas. La optimización española al abordar la RSC transitará únicamente cuando se analice la intra e interculturalidad de la organización, exigiéndole al management escuchar en términos comunicativos.

A TÍTULO INDIVIDUAL, a muchos de los líderes de las cotizadas en bolsa les es más grato que auditen su «buena imagen» (el deseo) de compañía, reflejada en un medidor internacional de Reputación Corporativa, que construir una «buena identidad» (la realidad) reflejada en un medidor de visión interna, sustentado con fuentes primarias. Los argumentos personales a puerta cerrada de los líderes, son varios.

Uno de ellos arranca por defecto con la intensidad relacional hacia el lado de los stakeholders externos (clientes, accionistas, Administración Pública, órganos de regulación y medios de comunicación); el qué dirán y pensarán de mí los otros en detrimento de qué digo y qué piensan los míos. El «interés para los públicos» marcha por delante del «servicio para los públicos».

La meta de quienes gravitan alrededor del bien común vía la comunicación RSC, no reside en escribir discursos más elaborados; engordar las memorias anuales de sostenibilidad, huir de la publicidad engañosa; promover el mecenazgo local, diseñar guías de buena conducta en consejos de administración, etc. Todo esto no es más que la planificación y ejecución de una estrategia corporativa «de negocio filantrópico».

AQUELLO QUE DE VERDAD DELIMITA Y ELEVA LA RENTABILIDAD DE UN LÍDER y de su organización no es su escurridiza humildad frente al reconocimiento de otros, sino su hondura moral y conciencia social ligada a una responsabilidad individual depositada dentro de una ética personalista (Juan Pablo II), tanto para creyentes como no creyentes en la RSC. Esta alternativa, requiere para su difusión del respaldo explícito de una transparencia informativa fiable y creíble en los mensajes de la comunicación interpersonal y organizacional de aquellos con capacidad de asumir, crear, manejar y negociar decisiones (decission makers). La identidad es «el ser»; la personalidad «el decir»; la cultura «el pensar»; el comportamiento «el hacer» y la imagen «el parecer».

La RSC en España no compensa si se liga únicamente al comportamiento regulatorio pseudodeontológico («el hacer lo que me digan que haga») de algunas acciones con impacto. La excelencia en la RSC sólo resulta exitosa cuando se encamina hacia la permanencia y alineamiento físico y espiritual, material y afectivo, respetuoso y digno, de una identidad implacable de «los buenos líderes», que cuando yerran lo reconocen, asumiendo responsabilidades individuales, por ejemplo.

NO OLVIDEMOS TAMPOCO, la interpretación de la ¨ética puritana» del Premio Nobel de Economía, James Buchanan. Si todos trabajamos más y ahorramos más, se amplía la capacidad productiva y la productividad de la economía, pero previamente, la interiorización de estos elementos debe haberse gestado individualmente a partir de un conjunto de comportamientos (honradez, predisposición a decir la verdad y cumplir con los acuerdos), sólo así, la comunicación organizacional logra su más alta cota.

LOS LÍDERES ACTUALES Y POTENCIALES en España, aún carecen de su propia obra social en materia de responsabilidad cívica. Sólo así, España podrá mostrar un saber-hacer o cultura de negocio tangible a la altura anglosajona.

Pensemos, al menos por un momento, que «el ser» dentro de la ética one to one de la organización está compuesto siempre por individuos con convicciones personales-genuinas, pero nunca por máquinas con datos compartidos-replicables.

Por Samuel Martín-Barbero
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