Las Opas y la Responsabilidad Social Empresarial

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Cuentan, y no tenemos por qué dudar de su veracidad, que en una ocasión un modesto molinero planteó un pleito al Emperador Guillermo de Prusia reclamando la propiedad de unos terrenos. El asunto llegó a los tribunales y se generó entre la población una gran debate. «¡Qué desfachatez la de este molinero!» «¡Deberían darle un escarmiento!» La mayoría de sus conciudadanos compartía esa opinión.

Los familiares intentaron convencerle de que desistiese de su pretensión: «¡Pleitear contra el emperador! ¿A quién se le ocurre semejante majadería?». Pero el molinero era un hombre tozudo y repetía a los pocos que querían escucharle: «el derecho me asiste».

El pleito llegó por fin al Tribunal Supremo de Berlín y sus magistrados, después de una breve deliberación, fallaron a favor del molinero. Al día siguiente el emperador Guillermo escribió una carta al periódico de mayor circulación encabezada con el siguiente título: Todavía hay jueces en Berlín.

LA EXISTENCIA DE TRIBUNALES Y ORGANISMOS de supervisión y control, independientes del Gobierno y de cualquier grupo de presión, es una de las mayores garantías del buen funcionamiento de un régimen democrático. El sometimiento de todos los ciudadanos por igual al Estado de Derecho constituye uno de los mayores avances de la civilización occidental.

Lamentablemente el reciente «culebrón» de la CNMV, que se zanjó con la dimisión de su presidente, nos ha dejado una imagen muy alejada de la historia del molinero.

NUESTRO PAÍS SIGUE SIENDO UNA NACIÓN muy dada al control e intervención del Gobierno en todas las esferas de la sociedad, perversa inclinación que se ha acentuado con la actual administración socialista. Se preguntará el lector qué relación guarda este tema con la Responsabilidad Social Empresarial.

Pues mucha. La esencia de la RSE descansa en la acción voluntaria de la empresa. Sin voluntariedad, sin libre iniciativa no puede haber responsabilidad. Lamentablemente, las medidas que está impulsando esta administración no van encaminadas precisamente a defender la libre iniciacitiva de la empresa en materia de RSE. Una pequeña muestra del afán de control la podemos encontrar en la aprobación de la reciente Ley de Igualdad que ha establecido la imposición de determinadas cuotas femeninas en los Consejos de Administración.

ME COMENTAN QUE ALGUNAS MUJERES que formaban parte de los Consejos de Administración antes de la publicación de la Ley están indicando en sus «curricula» que fueron designadas consejeras antes de la entrada en vigor de la infausta disposición legal. Me alegro, es una manera sutil y eficaz de manifestar su desacuerdo con una medida que recorta la dignidad de las mujeres.

CUANDO SE NOS TRATA CON CATEGORÍAS UNIVERSALES, cuando se nos incluye en esos grupos genéricos con la sana intención de favorecernos, en realidad, lo que se hace es rebajarnos. Otorgar cuotas o beneficios a determinados colectivos en función de la raza, el sexo o la nacionalidad, no es lo mismo que concederles oportunidades.

Una oportunidad exige siempre por nuestra parte una respuesta libre, de ahí procede la palabra responsabilidad; un «beneficio», sin embargo, es una graciosa concesión no basada en nuestros meritos, sino en la benevolencia del que la otorga.

Sólo los mecanismos, procesos, organizaciones que premian el esfuerzo, que son capaces de generar una respuesta personal, única e irreemplazable, pueden impulsar la verdadera responsabilidad social.

TODO LO ANTERIOR VIENE A COLACIÓN para decir bien alto y bien claro que lo que las empresas necesitan para desarrollar la RSE no son nuevos hallazgos, ni fórmulas, ni sistemas de gestión, ni modelos firmados por las consultoras cinco estrellas, ni originalidad, ni siquiera el liderazgo de nuestros empresarios – al menos en primer término, aunque todo lo anterior hace falta en alguna medida y nunca es inoportuno si se aplica con sentido común- .

Lo que necesitamos ahora son referentes claros, criterios seguros, distinguir lo esencial de lo accesorio, fijar las verdaderas prioridades y no desviarnos de la ruta. Necesitamos, en una palabra, defender la libertad de actuación de las empresas frente a la tentación de un Gobierno que quiere ahogarla con prescripciones o, en el mejor de los casos, con supuestos incentivos para impulsar un comportamiento más responsable. Podemos discrepar en todo pero no en este punto.

LO QUE NECESITAMOS ES DECIRLE AL GOBIERNO que haga suyo el lema del Cardenal Newman: «Juego limpio y que gane el mejor». Juego limpio en las opas y juego limpio en la RSE. Lo que necesitamos, por último, son jueces en Madrid y no sólo en Berlín.

Por Javier Martín Cavanna
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