Contar lo que se hace o hacerlo para contarlo

Foto de CE
CE28 agosto 2007

El recelo que los consumidores y clientes tienen frente a determinados mensajes autocomplacientes de las empresas está más que justificado. A nadie puede extrañar el escepticismo que levantó en la opinión pública la noticia de que Philip Morris se había gastado 75 millones de dólares en actividades filantrópicas en 1999 y 100 millones de dólares en comunicarlo.

Tampoco puede causar sorpresa la reserva con la que se reciben las noticias sobre la reciente guerra de nuestras empresas contra el dióxido de carbono causante del Cambio Climático.

Se suceden las fotos de nuestros CEOs con Al Gore, se anuncia a «bombo y platillo» la supresión de la corbata para adaptar el atuendo a la nueva moda de reducir el uso del aire acondicionado, nos bombardean con coches «sin emisiones», electrodomésticos «sin emisiones», en fin toda una retahíla de acciones que dicen responder a una preocupación por reducir los supuestos efectos negativos del calentamiento, y que no llamarían la atención si no hubiesen surgido de la noche a la mañana.

Y es que si bien puede ser bueno comunicar lo que uno hace, no lo es tanto hacerlo para comunicarlo.