Lady Anita Roddick, Rest in Peace

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CE27 septiembre 2007

La mayoría de nosotros nos dedicamos a seguir la estela dejada por personas que un día decidieron seguir un «sueño» apostándolo todo y ganaron la partida, quizá no al primer envite, pero continuaron luchando con tesón, y al final les llegó el premio. Entre esas personas, pioneras en abrir nuevas sendas y cuestionar el pensamiento convencional, se encuentra, sin duda, Anita Roddick, recientemente fallecida de un derrame cerebral.

Podemos discrepar de los planteamientos de la fundadora de The Body Shop y no comulgar con muchas de las causas que impulsó a lo largo de su vida, pero todo eso no debe impedirnos reconocer que la difunta Lady Roddick fue una persona con carácter, valiente y apasionada, y éstas son virtudes muy escasas en estos tiempos de consenso y CEOs-cartón-piedra apuntándose al Cambio Climático.

La Reina Verde, como la despidió The Times, supo combinar a la perfección su preocupación por los temas sociales y medioambientales con su olfato por los negocios, creando una de las empresas de cosméticos más importantes y revolucionarias del mundo, y lo que es más importante un nuevo «modelo de negocio».

Esta hija de inmigrantes italianos, nombrada Dama del Imperio Británico, puso en marcha su primera tienda en Brighton en 1976 con un préstamo de 6.000 libras, y ese primer local pintado de verde, no tanto por conciencia ecológica como por cubrir el moho de las paredes, se transformó en una empresa valorada en 1.000 millones de euros, con dos mil tiendas repartidas por todo el mundo y 77 millones de clientes.

En ocasiones, cuando le preguntaban cuáles, en su opinión, habían sido las razones de su éxito, ella, con una sonrisa irónica, contestaba que pensaba que gran parte del mismo se debía a que no había pasado por una Escuela de Negocios y, por tanto, se encontraba libre del «pensamiento único» que preside esas instituciones académicas. En fin, toda una señora.