La Caixa y "sus" microcréditos

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CE23 diciembre 2007
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La Caixa ha lanzado a bombo y platillo su nuevo banco MicroBank con el objetivo –según menciona- de dinamizar la economía social financiando proyectos de autoocupación promovidos por personas que sufren exclusión financiera.

Los microcréditos pueden ser: 1) sociales, por un importe de hasta 15.000 euros, destinados a personas que sufren exclusión financiera, y gestionados con ayuda de entidades sociales y: 2) financieros; en este caso el importe puede llegar hasta 25.000 euros y está dirigido a personas que pueden sufrir «cierta» exclusión financiera.

Estos créditos se gestionarán directamente por las sucursales.

Evidentemente cada uno es muy libre de llamar a las cosas como quiera, pero lo que La Caixa llama «microcrédito» es algo muy diferente a lo que se entiende convencionalmente por microcrédito, y a las operaciones de préstamo que realizan la mayoría de las instituciones microfinancieras en los países menos desarrollados.

Para empezar, el promedio de los microcréditos en América Latina suele estar en los 400 $. Un préstamo de 15.000 euros –unos 20.000 dólares al cambio actual- es un préstamo que excede con creces la cuantía que suelen prestar las instituciones microfinancieras. Pero el mayor problema no es el importe sino la filosofía que subyace en las microfinanzas y que La Caixa no parece entender muy bien.

La filosofía del «microcrédito» no se fundamenta en la ayuda a colectivos desfavorecidos, para eso existen las subvenciones u otros programas sociales.. El microcrédito no es «social» porque se preste a colectivos desfavorecidos, o porque contribuya a erradicar la pobreza o porque preste mayoritariamente a las mujeres.

No. El microcrédito es «social» porque la prestación de servicios financieros a la sociedad es un bien en sí mismo, sin necesidad de ningún aditamento externo.

Digámoslo bien alto: No existe ningún derecho al crédito.

Existen, eso sí, demandas legítimas de crédito, que se fundamentan en la capacidad y voluntad de pago. Una cosa es el «negocio financiero» y otra, muy distinta, la «obra social». Que esto no lo entienda una Caja de Ahorros resulta inquietante.

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