La estrategia del avestruz

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La Fundación Compromiso Empresarial ha publicado su primer informe sobre «La responsabilidad corporativa de los medios de comunicación audiovisual por la producción y emisión de contenidos» con el título de Esporas de helechos y elefantes. Con este encabezado, que copiaba el titulo de un libro escrito por C. S. Lewis, se quiere poner el acento sobre la falta de atención que los grandes grupos audiovisuales llevan prestando a la gestión de su principal responsabilidad: la producción y emisión de contenidos. C. S. Lewis ironizaba en su libro sobre algunos críticos literarios, enfrascados en discusiones interminables y anodinas sobre temas intrascendentes, que se decían capaces de ver esporas de helechos cuando en realidad no distinguían un elefante a diez yardas de distancia a plena luz del día.

LOS INFORMES DE RC DE LOS GRUPOS AUDIOVISUALES incurren en el mismo error que los críticos literarios fruto del mordaz comentario del escritor inglés. Si leemos detenidamente las memorias de RC de los grandes grupos de comunicación con intereses en el sector audiovisual (Grupo Planeta-Antena 3, Vocento-Telecinco, Grupo Prisa-Cuatro y La Sexta), comprobaremos que la mayoría de ellos o bien dedican toda su atención a temas periféricos (gestión medioambiental) o bien focalizan su atención en campañas de imagen («12 meses 12 causas»), orillando de esta manera los temas más sustanciales.

EN SU DESCARGO HAY QUE RECONOCER que esta «estrategia del avestruz» no es exclusiva del sector audiovisual. La practican, consciente o inconscientemente, todos los sectores empresariales, que conciben el informe anual de RC más como un ejercicio de autobombo que como una herramienta de aprendizaje e innovación. Eso explica, en gran parte, que los informes de RC se hayan convertido en un «genérico» para consumo interno de las propias compañías y en un negocio muy rentable para las consultoras especializadas, pero sin apenas interés para nadie más.

ESTA PATOLOGÍA DEL SECTOR EMPRESARIAL, cuya estrategia de RC sigue mayoritariamente en manos de un departamento de comunicación preocupado principalmente por el aumento de la notoriedad, se encuentra todavía más agudizada en los grupos audiovisuales, que a la hora de confeccionar sus memorias de RC parece que están pensando más en los Goyas que en identificar los principales riesgos de su actividad y en cómo aportar más valor a la sociedad. Es probable que este juicio de intenciones pueda sonar para algunos bastante desproporcionado e injusto. Es posible, pero lo que resulta injusto y desproporcionado es descubrir los contenidos y valores de un programa como «Física o Química» con elevada audiencia de público menor de edad; lo que resulta desproporcionado e injusto es contemplar cómo se intenta captar a la audiencia a través de autopromociones para un programa como «Gran Hermano»; lo que resulta injusto y desproporcionado es ser testigo de esa obscena carrera por aumentar el share, en la que parece que vale todo sin que exista el menor atisbo de autocrítica.

AHORA BIEN, SI A ALGUNO TODAVÍA LE QUEDAN DUDAS del enjuague de nuestras televisiones privadas no tiene más que comprobar el funcionamiento de la Comisión Mixta de seguimiento del Código de autorregulación sobre contenidos de televisión e infancia, suscrito entre el Gobierno y las principales cadenas.

Basta comparar las quejas tramitadas anualmente por la Comisión Mixta (125 quejas anuales) y compararlas con Offcom (23.000), el organismo regulador en el Reino Unido, para darse cuenta que la voluntad de nuestras cadenas por gestionar de manera más responsable los contenidos dirigidos a las audiencias infantiles constituye una tomadura de pelo, por no hablar llana y simplemente de una auténtica estafa.

NO HAY QUE SER MUY PERSPICAZ para intuir que cuando las televisiones españolas decidieron reunirse y consensuar el funcionamiento de la Comisión Mixta no se plantearon en ningún momento tomar como modelo el funcionamiento del Offcom británico, sino muy probablemente la escena en la que se reúnen las principales «familias», retratada tan espléndidamente por Coppola en la película de El padrino. Al fin y al cabo «no es nada personal, son sólo negocios».

POR JAVIER MARTÍN CAVANNA
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