El Consejo Estatal de Medios Audiovisuales: una oportunidad perdida

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Como ya pusiera de manifiesto esta revista en el artículo «La RC se queda sin espacio televisivo», referente al informe sobre RSC de las TV privadas españolas (Esporas de helechos y elefantes), el sistema de admisión de quejas por parte de los organismos de control del único código propio de TV que existe en España, el Código de Autorregulación sobre TV e infancia (CATVI), era, comparativamente con lo que se hace en otros países, muy deficiente.

El CATVI establece unos principios generales sobre el tratamiento al menor en la TV. Son normas que se refieren exclusivamente al establecimiento de horarios de protección a la infancia y la clasificación y etiquetaje de los contenidos.

En el anexo del código precisa los criterios de clasificación de los contenidos. El nivel de detalle es muy alto y útil para la categorización de los programas. En ellos se contemplan todos los temas controvertidos: violencia, sexo, discriminación, comportamientos antisociales, etc.

El problema es que los criterios de clasificación se dejan en manos de las cadenas y no siempre se hace con la diligencia debida, como es el caso de la serie Física o Química emitida por Antena 3, que contiene escenas más apropiadas para adultos que para adolescentes, a los que la cadena dirige la serie.

Otro problema que suscita ese código es que la capacidad de sancionar y de dirimir reclamaciones recae sobre los mismos operadores en el comité de autorregulación y su seguimiento (en la Comisión Mixta de Seguimiento) que además de los operadores pueden formar parte de él organizaciones representativas de la sociedad civil relacionadas con el objeto de este código y la administración aunque sin derecho a voto.

El CATVI es una «buena declaración de intenciones» pero su cumplimiento es muy cuestionable en dos aspectos clave: 1. La clasificación de contenidos depende los operadores, y 2. La capacidad sancionadora está en manos de los mismos que pueden incumplir el código.

Esto pone de manifiesto que así como nadie debe auditarse a sí mismo, tampoco una cadena de TV puede controlar sus contenidos sensibles para la infancia por ellos mismos. Es necesario que haya mayor independencia.

Pero parece que no aprendemos.

Se ha perdido una gran oportunidad para garantizar la independencia y eficacia del futuro Consejo Estatal de Medios Audiovisuales.

Mucho nos tememos que la composición de este órgano, creado por la recientemente aprobada Ley General de la Comunicación Audiovisual, en manos del Parlamento, va a reproducir las luchas políticas existen en otros órganos similares.

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