Manos Unidas “premia” a la Fundación Príncipe de Asturias

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CE26 octubre 2010
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La concesión de premios es siempre un asunto complicado. Es difícil que un premio concite el consenso de toda la sociedad. El acto de reconocer los méritos de un tercero requiere, ciertamente, algo de virtud en quien lo recibe pero también en aquellos que no han sido agraciados.

Probablemente no hay un juicio tan difícil de emitir como el que se extiende sobre la virtud o méritos de un tercero, sea una persona o una organización. Galardones hay muchos, quizá demasiados. Especialmente en los últimos diez o quince años hemos sido testigos de una proliferación de premios, especialmente en el sector del compromiso o la responsabilidad social. Esta inflación de distinciones no es necesariamente un buen síntoma, puede poner de manifiesto una inmoderada necesidad de reconocimiento y legitimidad social. El reconocimiento social no es algo malo pero tiene muchas caras y hay que saber descubrirlas.

Hay muchas clases de fama, desde el simple destello, que capta la atención de los titulares una mañana, hasta la luz que brilla y perdura para siempre. La fama, el buen nombre, es una diosa codiciada que se presta fácilmente al mercadeo.

Con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia a la organización no gubernamental Manos Unidas tenemos la certeza de que no ha sido así. No podemos extender este mismo juicio a los galardonados en otras ediciones, en las que el jurado parece haber estado más pendiente del eco de los «media» que de los méritos del agraciado. Pensamos que una de las condiciones que debería exigirse a todos los premiados es que no «necesitasen» ser reconocidos.

Esa exigencia aseguraría la rectitud de intención del otorgante y del beneficiario.

Manos Unidas cumple sobradamente esa condición, y por eso a quien hay que felicitar es a la Fundación Príncipe de Asturias por haber acertado en este caso.

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