Planificación, museos y política

CE11 febrero 2011
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A finales del año 2010 hemos sido testigos de un par de noticias que han afectado gravemente la continuidad de dos importantes instituciones culturales. Me refiero al Museo Chillida-Leku que, a comienzos de diciembre, comunicó la noticia de la presentación de un ERE y su cierre definitivo el 1 de enero, y el Centro José Guerrero de Granada que también se enfrentó a graves problemas económicos.

La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la Diputación de Granada y los herederos de José Guerrero manifiestan haber sorteado el peligro de desaparición del centro con la creación de una fundación que tendrá como fines la «conservación, mantenimiento, gestión y desarrollo del centro ubicado en Granada, así como la investigación, promoción, fomento y difusión de las artes visuales contemporáneas». Pero, en realidad, es poco probable que la creación de una fundación ayude a resolver el problema, pues una fundación no es más que una estructura jurídica que, por sí sola, no hace viable económicamente un proyecto.

A la ausencia de un proyecto que garantice la viabilidad económica habrá que añadir las complejidades que conlleva el gobierno de un patronato integrado por miembros de la familia, externos y funcionarios designados por el poder político. Mucho nos tememos que la solución de la fundación haya sido un simple expediente para salir del paso de las críticas que estaba recibiendo la Diputación de Granada.

En el caso del Museo Chillida-Leku, la familia Chillida, la Diputación de Guipúzcoa y el Gobierno vasco no han conseguido arbitrar una fórmula que garantice la continuidad del museo. Estas noticias, además de causar tristeza al mundo de la cultura, han puesto sobre el tapete la necesidad de revisar a fondo los modelos actuales de gestión de nuestros museos, dependientes en gran medida de la ayuda pública, salvo honradas excepciones como el Museo Dalí en Figueras que, año tras año, sigue generando excedentes. Se dirá que el tema es complejo, pero nada más alejado de la realidad.

Ya se sabe desde hace tiempo lo que funciona y lo que no. Lo que hace falta no son más fundaciones, sino un poco más de planificación empresarial y un poco menos de oportunismo político. En el informe A Través del espejo. Transparencia en la Web de los museos españoles 2010, elaborado por Fundación Compromiso Empresarial, se puso de manifiesto algunas de las carencias más importantes de nuestros museos, desde el punto de vista de la gestión.

Entre ellas se señalaba que de los 51 museos analizados sólo uno, el Museo del Prado, hacía público su plan estratégico. La mayoría de los museos que se ponen en marcha en nuestro país, impulsados por las diferentes administraciones públicas, no cuentan con un plan de sostenibilidad a largo plazo ni con un plan estratégico. A nadie, por tanto, puede sorprender que luego pase lo que pasa.

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