Los columnistas de El Mundo y el caso Palma Arena

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CE27 febrero 2012
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En un reciente artículo en el diario El Mundo, Agustín Pery, director del diario en Baleares, justificaba la relación con Antonio Alemany, columnista del periódico e imputado en el caso Palma Arena, con el curioso argumento de que Alemany en ningún momento comunicó al diario que «era el escriba oficial y no circunstancial de Jaume Matas […] ni tampoco les alertó de que entre su clientela como consultor se contaban empresas sobre las que luego opinaba en El Mundo/El Día de Baleares«.

El argumento resulta poco convincente porque en ningún sitio –al menos público– está dicho que ese tipo de información se haya de comunicar al diario. El periódico El Mundo no cuenta, a diferencia de otros periódicos, con un código ético que prescriba y sancione determinadas conductas de sus colaboradores.

Nadie ignora que en el ejercicio del periodismo se dan constantemente conf lictos de intereses y que esos conflictos no pueden dejarse a la buena voluntad o al recto juicio de cada uno. Es responsabilidad de todos los medios abordar esas situaciones mediante un código ético que establezca las normas de conducta exigidas a sus colaboradores. El diario El Mundo ha eludido esa responsabilidad.

Como atenuante se puede decir que la carencia de un código ético no es exclusiva de El Mundo, sino compartida por los principales periódicos de información general de España: El País, ABC, La Vanguardia, El Periódico, La Gaceta de los Negocios y Público también son ajenos a esta praxis. No ocurre así en otras latitudes. Son referentes en este campo el Editorial Code del periódico británico The Guardian y, sobre todo, el Ethical Journalism. A Handbook of values and practices for the news and editorial departments elaborado por The New York Times. Este texto desarrolla pormenorizadamente los principios y valores que deben regir la conducta de los periodistas del diario neoyorquino.

Un total de 139 recomendaciones que abordan temas muy variados como el uso de las citas, el tratamiento a las fuentes de información, los conflictos de intereses económicos, las relaciones familiares, las condiciones para participar en determinados actos o eventos, etc. Son muchas las recomendaciones, quizá demasiadas, pero la ventaja que tiene ese documento es que todos los periodistas que trabajan o colaboran con The New York Times saben desde el primer momento qué conducta se espera de ellos. Los códigos éticos no aseguran la rectitud profesional, pero sí ponen las cosas un poco más difíciles a quienes quieran ignorarla. Quizá algún día los diarios españoles aprendan la lección.

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