Cinco consejos para elegir un buen presidente del Museo del Prado

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Desconozco si los 37 miembros actuales del Real Patronato del Museo del Prado han tenido tiempo para detenerse delante del cuadro El Dios Marte de Diego Velázquez. Si lo han hecho podrán comprobar que el semblante del personaje refleja más perplejidad de lo habitual. No es para menos, el nombramiento del próximo presidente del Real Patronato ha conseguido lo que parecía imposible: que la tristeza de la divinidad griega por la pérdida de su amante pase a un segundo plano.

Perplejidad, asombro, indignación, faltan palabras para calificar la situación de una de las instituciones más emblemáticas que, tristemente, viene a recordarnos alguno de los vicios más habituales de nuestro país: nepotismo, improvisación, chalaneo, opacidad, personalismo, irresponsabilidad, etc.

Pero lo más sorprendente es que la polémica generada por este enojoso asunto parece estar centrada en discutir las cualidades y atributos personales del candidato elegido a dedo por el Gobierno (José Pedro Pérez-Llorca), cuando ese no es el verdadero problema.

Yo no sé si Pérez Llorca sabe mucho de arte, ni si es miembro de la cofradía de Nuestra Señora de los Milagros o le gusta el filete poco hecho. Todo eso no me preocupa, lo que me interesa saber es si el Museo del Prado cuenta con el procedimiento y las políticas adecuadas para elegir al candidato más idóneo para presidir su institución. Y la respuesta, lamentablemente, es que no.

Puede ocurrir que el Sr. Pérez-Llorca termine siendo un presidente excelente, pero lo habrá sido por un procedimiento viciado desde su origen. Para evitar que vuelva a ocurrir en el futuro sería conveniente tener en cuenta las siguientes orientaciones:

1) No busqué nombres y apellidos sino resultados

En España suele ser habitual seleccionar a los candidatos para el patronato en función de su prestigio y posición social, fiados de que esas notas por sí solas van a aportar valor a la organización. Lamentablemente, no es cierto que determinados “apellidos” aporten prestigio y, además, mantener esa creencia puede ocasionar serios perjuicios a la organización.

Lo que proporciona prestigio es que la institución sea capaz de transformar su misión en resultados concretos. Los “apellidos” del patronato por sí mismos, no tienen ninguna trascendencia en el cumplimiento de la misión.

Formar parte de un patronato no es un expediente para distinguir los méritos de alguien; para eso existen otros mecanismos mucho más apropiados (premios, medallas, distinciones, laudatio, etc.). A las organizaciones se acude con la intención de contribuir, y la designación para formar parte de ellas no es una fórmula para premiar la posición o el relieve público de un personaje.

2) Identifique previamente las necesidades del museo

Para evitar caer en la tentación de los “apellidos” la organización debe empezar por identificar sus necesidades. ¿Cuáles son los objetivos de la institución para los próximos años? ¿Qué áreas críticas debería cubrir o reforzar? La respuesta a estas preguntas ayudará a descubrir las características y el perfil de los mejores candidatos.

Ni los criterios políticos ni las relaciones de amistad entre los miembros del patronato pueden erigirse en los motivos determinantes. Hemos de ser conscientes de que las necesidades de las organizaciones cambian constantemente. Hay circunstancias que pueden aconsejar hoy un perfil más empresarial, mañana un perfil más estratégico y pasado mañana un perfil que incida más en los aspectos de comunicación.

La primera pregunta que debe hacerse el museo es ¿dónde queremos ir? La respuesta a esta pregunta nos dirá el perfil que necesitamos.

3) Defina con claridad los criterios de búsqueda, selección y propuesta de candidatos.

Normalmente la tarea de gestionar la búsqueda de los candidatos más idóneos suele corresponde a una comisión especial del patronato: la “comisión de nombramientos”.

Resulta sorprendente que una institución como el Prado no cuente, a estas alturas con una “comisión de nombramientos” encargada de proponer al pleno del patronato los criterios y el proceso de selección del futuro presidente.

La propuesta, búsqueda y selección de los candidatos debe responder a un proceso transparente, objetivo y riguroso. Todo eso ha faltado en esta ocasión.

4) Seleccione talentos, no cargos

Por las razones antedichas, los nombramientos automáticos que se producen por ocupar un determinado cargo público deben evitarse. Un buen patronato no incorpora nombres o cargos sino talentos y capacidades. La mayoría de los miembros del patronato actual del Prado ocupan cargos políticos o los han ocupado.

De un total de 37 vocales del patronato, 16 vocales lo son por razón del cargo (funcionarios de ministerios, ayuntamientos, comunidades autónomas o instituciones públicas) y siete han ocupado importantes cargos políticos. Únicamente seis han sido nombrados por su contribución económica.

Esta situación es injustificable, irracional e insostenible. ¿Cuántos políticos forman parte del patronato del British Museum? ¡Ninguno! ¿Cuántos políticos forman parte del patronato del Victoriam & Albert Museum? ¡Ninguno! ¿Cuántos políticos forman parte del patronato del Tate Modern? ¡Ninguno! ¿Es que todavía no lo tienen claro nuestros políticos?

5) Derogue el Estatuto del Museo del Prado

El artículo 5 del Estatuto del Museo del Prado que regula el funcionamiento, composición y competencias del Real Patronato del Museo del Prado es una de las disposiciones más contrarias a las prácticas de buen gobierno de la Unión Europea.

Es difícil condensar en unas pocas líneas tanta falta de sentido común y tanta voracidad de control. Deroguen esa disposición y hagan el favor de no legislar más.

Si los miembros del Real Patronato del Museo del Prado tratan de poner en práctica estos consejos, no puedo prometerles que el Dios Marte vuelva a sonreír, pero les aseguro que el gobierno del Museo mejorará sustancialmente.

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Guía de Buen Gobierno: Selección, evaluación y sucesión del director

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Comentarios

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  1. Juan José Morales

    Completamente de acuerdo con el artículo. Y son muchos los cargos donde estos criterios se deberían aplicar, para evitar “los apellidos”, “los cargos como premios”, y la supuesta “democratización” de los nombramientos cada vez que se instaura una mayoría parlamentaria. Cargos como el director de RTVE, Casa Asia, etc. se deberían regir por los criterios de capacidad y competencia en un concurso de méritos. Así se hace con el director de la BBC, una vez queda vacante el puesto se ofrece en concurso público, aquellos interesados envían su currículo y un comité elige al más capaz entre los candidatos para cumplir su misión. Algo parecido debería ocurrir en la selección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, el Constitucional, el Defensor del Pueblo y tantísimos otros. Elegir a dedo es retrogrado, injusto, y una consensuado mecanismo para que nada cambie.