Bancos de alimentos: una lección de esperanza

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Si bien la crisis económica ha disminuido la actividad de las empresas, del otro lado, ha aumentado desproporcionadamente el trabajo de las organizaciones del tercer sector. Están depositadas en ellas las esperanzas de muchas familias que el paro, los desahucios o la falta de ingresos han truncado sus planes de vida.

Las organizaciones no lucrativas están haciendo un extraordinario trabajo y esfuerzo ayudando a millones de familias con la distribución de alimento en comedores sociales, el reparto de ropa o medicinas y la atención sanitaria. Pero, como es de esperar en época de escasez para todos, las ONG se encuentran sin subvenciones públicas, recortes en las aportaciones de las empresas y disminución en la recaudación de donativos de particulares.

No es, desde luego, la situación idílica con la que una ONG pueda afrontar una crisis que dura ya demasiado tiempo y donde las reservas han ido tocando fondo. Pero partíamos con la esperanza de que de grandes depresiones como la del Crack del 29 nacieron el fondo de garantía de depósitos, la SEC, los servicios sociales, etc., es decir, que se trataría de un periodo muy fructífero e innovador en temas sociales.

Sin embargo, precisamente en este momento, hay un amplio porcentaje de ONG españolas, un 40%, que no se considera innovador, según un informe publicado por el Instituto de Innovación Social de Esade, conjuntamente con la Fundación de PwC España.

No es tiempo de volverse conservador, de no arriesgar, sobre todo ahora que está casi todo perdido. Las organizaciones no lucrativas tienen que recordar que muchas de ellas nacieron cuando no existían subvenciones y cuando la inversión en acción social de las empresas era muy limitada.

Las ONG deben de buscar otras formas de financiación que suplan los recortes recibidos por parte de la administración pública y empresas, buscar a individuos que se impliquen en la causa, que vayan más allá del donativo, que se produzca una simbiosis en el que ayudar signifique algo más que la palabra limosna. Necesitan estar alerta, investigando nuevos canales y conociendo las distintas tendencias.

La web 2.0 ha abierto la puerta grande para que las ONG comuniquen, para que creen campañas innovadoras, de esas que no se olvidan, de esas que no dejan indiferente. Además, los españoles han demostrado ser muy generosos y, como señala la Asociación Española de Fundraising (AEFr), la mayoría de la clase media sigue comprometida con las causas, tal y como se encontraban antes de la crisis.

¡Es momento de innovar! Las situaciones críticas sacan lo mejor y lo peor de cada uno. De ahí que los psiquiatras estén advirtiendo ya de un aumento de casos de ansiedad y depresión asociados a la crisis económica e incluso de incremento de suicidios relacionados con la angustia de la pérdida del empleo y la falta de recursos económicos. Pero también la crisis está dando pie a un movimiento solidario y humano que el día a día del primer mundo había dejado aparcado.

Y es que la mayor fortaleza para salir de la crisis se encuentra dentro de cada uno, de las ganas de reinventarse. Que se lo digan a esos miles de voluntarios que forman la «cadena de restaurantes» en la que se han convertido los comedores sociales. Los bancos de alimentos, que han demostrado más eficacia que muchas empresas, cuentan con personal voluntario en todas sus áreas: administración, logística, distribución, comunicación, etc.; la mayoría de ellos jubilados, es decir, personas que aparentemente fueron «desechadas» por caducos del mercado laboral y que, sin embargo, han encontrado la manera de servir a la comunidad con su experiencia y valía.

En estos tiempos de crisis, los bancos de alimentos nos ofrecen un ejemplo extraordinario de cómo encontrar recursos donde aparentemente no los había; han sabido combinar dos elementos supuestamente caducados, para dar de comer a más de cuatro millones de personas en España. Por eso la Federación Española de Bancos de Alimentos ha sido galardonada muy merecidamente con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, un reconocimiento que homenajea no solo la labor inestimable de una organización sino también a la que realizan los más de mil voluntarios que encuentran el comer diario del prójimo tan obligatorio como el propio.

Quizás un 40% del sector no lucrativo no se sienta innovador, pero lo que está claro es que hay un 60% que lo lleva por bandera.

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