Prender una vela

Estos últimos días son propicios para hacer balance y analizar los acontecimientos y personas que han marcado de manera especial la agenda del año. Esta idea animó hace ochenta y cinco años a la revista Time a crear la sección The man of the Year, que en el año 1999, con buen criterio, decidió titular Person of the year.
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La intención de la revista era destacar la vida y obra de un hombre, mujer, pareja, grupo, idea, lugar o máquina que «para bien o para mal… más hayan hecho para influir en los eventos del año».

Cuando, imitando a la revista Time, decidimos crear la sección del Personaje del Año nos movieron otros motivos.

El primero fue «distinguir cada año públicamente a aquellas personas que se hayan destacado por su contribución social en favor de los demás». No tenemos ningún interés en resaltar lo negativo. A diferencia de la publicación americana, pensamos que el regalo de nuestro silencio es la mejor respuesta que podemos dar a los hechos y personajes que hayan influido «para mal» a lo largo del año.

El segundo motivo ha sido compartir con nuestros lectores algunos ejemplos de personas cuya trayectoria puede proporcionarnos algunas luces sobre las cualidades y talentos que nuestra sociedad necesita para abordar con esperanza el futuro.

Casi todas las personas que han puesto en marcha una iniciativa social en favor de los demás comparten algunos rasgos en común. El primero es que nunca se preguntaron qué es lo que la sociedad podía hacer por ellos, sino lo que ellos podían hacer por la sociedad. No empezaron reclamando derechos, ni permanecieron sentados esperando una ayuda del exterior.

Comenzaron a andar y con sus pasos descubrieron el camino. «Con los sueños comienza la responsabilidad», nos recordaba el poeta Yeats. La diferencia entre lo que podemos hacer y lo que en realidad hacemos supondría un cambio radical en el mundo. No es que muchas veces no nos arriesguemos porque las cosas son difíciles. Más bien las hacemos difíciles porque no nos arriesgamos.

Pero no basta con soñar. Soñar, soñamos todos, pero solo unos pocos son capaces de convertir esos ideales en propuestas eficaces. Los verdaderos líderes nos enseñan a hacer realidad los sueños y a soñar con realismo.

Necesitamos las dos cosas, como nos recordaba Claudio Magris al glosar los dos personajes principales de nuestra obra de literatura más universal. La figura de Don Quijote sería incompleta si a su lado no caminase Sancho Panza, y este último quedaría desdibujado si no cabalgase junto al Caballero de la Triste Figura.

«Si Don Quijote es grande es porque es capaz de emprender aventuras imposibles, conquistar reinos imaginarios y liberar a princesas encantadas. Ahora bien, Don Quijote sería un personaje patético si no tuviese a su lado a Sancho Panza, que le recuerda que los gigantes son molinos de viento y los brazos que ve agitar en el horizonte son, en realidad, las aspas de los molinos. Pero Sancho Panza también sabe que la vida no merecería la pena de ser vivida si no existiesen personajes como Don Quijote, figuras que deciden salir de su comodidad y emprender viajes para rescatar doncellas, proteger a las viudas y afligidos y deshacer entuertos».

Don Quijote y Sancho Panza, ambos, deben acompañarnos en nuestra vida profesional. Es importante soñar, pero una cosa es realizar un ideal y otra idealizar la realidad. Ninguna de las grandes iniciativas sociales se hubiese podido hacer realidad si detrás no existiesen personas capaces de soñar en la posibilidad de un mundo mejor; pero tampoco si esas mismas personas no hubiesen sido conscientes que este mundo hay que modelarlo diariamente, con constancia, sin rendirse, aunque no veamos los frutos. No es sencillo. Hoy en día no es fácil evitar la tentación del éxito fácil y rápido.

Por eso, cuando nos disponemos a despedir este año y dar la bienvenida al próximo, quizá sea oportuno recordar que éxito viene del latín exitus, que significa «salida». Sí, «salida», porque para los clásicos el éxito, la gloría solo se puede declarar «al salir», es decir, al término de nuestra vida. Solo el paso del tiempo nos podrá revelar si nuestra vida ha tenido sentido, si aquellos sucesos que vivimos como una crisis fueron providenciales para nuestra maduración interior y aquellos otros que celebramos como triunfos fueron el preludio de una amarga experiencia.

Si alguna cualidad buscamos en nuestros Personajes del Año es que proyecten luz y sentido a nuestras vidas, aunque al principio sea una luz débil y temblorosa; si la protegemos, si la cuidamos, terminará prendiendo otras velas.

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