Informes, ¿arma o herramienta?

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Cuando nadábamos en abundancia, cuando los bancos daban hipotecas para pisos, bodas y respectivas lunas de miel, cuando se construía en los lugares más insospechados, se tenía una segunda vivienda de veraneo, cuando la burbuja que sostenía las viviendas las elevaba hasta el cielo…, cuando las cosas, en España, fueron bien, la manga ancha dio demasiado de sí.

Sin embargo, como dijo el inversionista y filántropo Warren Buffett, «solo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo». Ha sido ahora, tras una crisis que empezó como una desaceleración y que prometía brotes verdes de inmediato cayendo como una losa sobre las economías del primer mundo, cuando el lodo ha salpicado a todos. Entre otros daños colaterales, se han destapado tantas irregularidades en las administraciones públicas que faltaría espacio editorial para enumerarlas todas. Pero lo importante es que no han pasado desapercibidas para una ciudadanía cada día más despierta e implicada y unos medios que por ideología o responsabilidad se han hecho eco.

Los medios las han puesto sobre la palestra y los ciudadanos se han manifestado en contra duramente; unos ciudadanos que tratan hoy por hoy de mantener sus empleos o buscar uno inexistente, pagar sus hipotecas y llegar a fin de mes mientras ven en los informativos los muchos casos de «presunta» corrupción dada en España.

Es de extrañar que un país del primer mundo no haya contado hasta ahora entre su legislación con una Ley de Transparencia que haya puesto cadenas al engaño, las malversaciones de fondos, prevaricaciones y especulaciones indebidas.

Mientras se aprobaba la norma, cualquier esfuerzo ha sido poco para arrojar algo de luz en esta insostenible situación; pero comienza la época de recogida.

Con este propósito nacieron hace cuatro años los informes de transparencia que publica la Fundación Compromiso y Transaprencia, editora de esta revista. Fundaciones empresariales y familiares, museos, universidades y partidos políticos han sido evaluados según la información mostrada en sus páginas web y se han visto reflejados junto con sus semejantes para que el factor competitivo sea un argumento más en el empuje de la transparencia.

Con esta «herramienta», o «arma» según el puesto del ranking en el que se sitúe quien la define, la fundación ha logrado grandes avances en materia de transparencia y rendición de cuentas.

Claro es el ejemplo de esta última edición del informe Construir confianza 2012. Impulsando la transparencia en la web de las fundaciones españolas, que evalúa la accesibilidad a la información que proporcionan las 50 principales fundaciones empresariales y 25 familiares de España.

El análisis desprende que aunque el área más crítica sin duda sigue siendo el relativo a la información económica, las fundaciones han hecho un gran esfuerzo por publicar las cuentas que tan bien escondidas tenían hasta el momento por diferentes motivos: falta de cultura de transparencia, miedo a que una malinterpretación de estas pueda perjudicar a la organización (salarios, inversión en publicidad y marketing, etc.), pudor por lo poco decoroso que resulta hablar de dinero, por despiste, etc. Lo cierto es que de una manera u otra las fundaciones empresariales han pasado de un mínimo tres por ciento que publicaban sus cuentas en 2009 a un 29 por ciento en el reciente estudio.

Del mismo modo, las fundaciones familiares han dado un salto cualitativo en la información económica que hacen pública, pasando del cuatro al 21 por ciento de 2010 a 2012.

Es de agradecer que el feedback que recibimos de los informes sea en su mayoría positivo a pesar de que en algunos casos los resultados no sean muy halagüeños, lo cual solo puede significar que el «arma» es más bien una «herramienta» cuya intención no es agredir a las fundaciones sino incentivarlas hacia un futuro más transparente, donde la ocultación no tenga hueco y se descubra quién nadaba sin bañador.

 

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