La transparencia de Telefónica y el futuro

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Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Esta máxima me vino rápidamente a la cabeza al leer el título El futuro es transparencia con el que Telefónica encabezaba el Informe de Gobierno Corporativo y el Informe sobre la política de remuneraciones del consejo de administración correspondiente al ejercicio 2012.

¿Cómo es posible –me pregunté– que una de las empresas más opacas del IBEX 35 en temas de gobierno corporativo, que es tanto como decir una de las más opacas de Europa, presuma de transparencia?

Una compañía que se sitúa en los últimos puestos del ranking de transparencia en la web de los consejos de administración, cumpliendo solo cinco de los 25 indicadores de transparencia; que se distingue por no revelar a sus accionistas la remuneración desglosada de la alta dirección e ignorar reiteradamente su opinión; que no justifica ni motiva la elección de sus consejeros; que no somete a la junta de accionistas la aprobación de las cláusulas de blindaje; que no vive la separación entre las funciones ejecutivas y las de gobierno; que no revela los resultados de la evaluación de su órgano de gobierno; que no confiesa la dedicación de sus consejeros a las labores de gobierno ni la formación que les imparte; que incumple las políticas de diversidad más elementales; que no fija límites a los mandatos, y que no cuenta con un plan de sucesión de su presidente, consejeros y principales directivos (Vid. Reinventado los consejos. Transparencia voluntaria en la web de los consejos de administración de las empresas del IBEX 35. Fundación Compromiso y Transparencia, junio 2012). ¿Cómo es posible que presuman de transparencia y buen gobierno?

Por otra parte, resulta totalmente inapropiado que una empresa decida encabezar sus informes anuales de gobierno corporativo y de remuneraciones, cuya presentación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) es obligatoria, con un título como El futuro es transparencia.

Es como si cualquiera de nosotros decidiese encabezar su declaración anual de la renta con un titular que dijese Cumpliendo con rigor nuestras obligaciones fiscales. Lo más probable es que nos tomasen por locos. De hecho, a ninguna compañía del IBEX 35 se le ha ocurrido la «brillante» idea de utilizar un spot publicitario en sus informes de remuneraciones y de gobierno corporativo.

Siempre he creído que cuando Charles Handy dijo que «el modelo de transformar los monopolios estatales en monopolios privados solo favorece a los nuevos propietarios» estaba pensando en los consejeros de Telefónica.

No descarto que los miembros del consejo hayan intuido que los accionistas no van a aprobar en el futuro sus injustificadas remuneraciones. Por más que quieran no pueden cerrar los ojos y seguir ignorando el creciente rechazo que cosechan cada año en sus juntas de sus accionistas.

Hagamos un poco de historia. En el año 2011, el consejo de administración de Telefónica incumplió la recomendación del Código Unificado de someter a la junta de accionistas la votación consultiva del Informe sobre la Política de Retribuciones del Consejo. En el año 2012, primera vez que la compañía fue obligada legalmente a consultar a los accionistas, solo recibió la aprobación del 60,5% de estos. En la junta de accionistas celebrada en junio de 2013 el apoyo de los accionistas se redujo hasta el ¡54%!

No es preciso ser un águila para intuir que si la tendencia sigue así el consejo de administración se puede encontrar el año que viene con que su propuesta de remuneraciones sea rechazada, lo que constituiría un escándalo mayúsculo y, probablemente, forzase alguna que otra dimisión.

Si Telefónica siente la necesidad de comunicar mediante mensajes publicitarios la transparencia de su gobierno corporativo y de su informe de remuneraciones es, sencillamente, porque está muy necesitada de reforzar ese atributo. Ahora bien, Telefónica equivoca el tiro. Los esfuerzos de la compañía deben dirigirse a impulsar la transparencia y las buenas prácticas de gobierno corporativo y no a intentar seducir mediante campañas de marketing.

Pretender vender el compromiso con la transparencia y el buen gobierno no es tan sencillo como comercializar líneas de ADSL. Los atributos asociados al concepto de transparencia y buen gobierno son más complejos de comunicar y mucho más resistentes a la hora de conseguir la adhesión de los demás. El público especializado suele acoger con bastante escepticismo los mensajes sobre las virtudes empresariales que proceden de la propia compañía. La comunicación tiene su importancia, no vamos a desdeñarla, pero no deja ser un aspecto secundario.

El verdadero compromiso debe traducirse en medidas efectivas que impulsen cambios sustanciales en las políticas de gobierno, no en grandes titulares, y esta es una enseñanza que Telefónica tiene que empezar a asimilar si quiere abordar su futuro con confianza.

@Jmcavanna

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