Los 7 grandes errores de la nueva Ley de Transparencia

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El pasado 9 de diciembre se aprobó la Ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, uno de los proyectos estrella de este Gobierno, apadrinado por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y dirigido a impulsar la regeneración democrática en nuestro país.

Una de las principales novedades de la ley es la creación de un Portal de Transparencia. Habida cuenta de que, a fecha de hoy, la Fundación Compromiso y Transparencia, editora de esta revista, es la única institución en España que ha desarrollado –y viene aplicando desde hace cinco años– una metodología propia para analizar la transparencia y el buen gobierno en la web de las instituciones (museos, fundaciones, partidos políticos, empresas y medios de comunicación), parece pertinente hacer llegar nuestra opinión y experiencia.

1) Quien todo lo quiere, todo lo pierde

La llamada Ley de Transparencia trata de regular tres temas muy diferentes y complejos. Por una parte, la transparencia de la actividad pública, que determina qué contenidos deben hacerse públicos; en segundo lugar, el acceso de los ciudadanos a la información y, por último, las prácticas de buen gobierno.

El problema de ser tan ambicioso es que al final se pierde foco y se termina disparando a todo lo que se mueve, sin mucho criterio ni sentido.

El Gobierno ha querido abordar tres temáticas que exigían un tratamiento y desarrollo diferenciados. En algunas se ha excedido, creando mecanismos que van a dificultar enormemente el cumplimiento de los objetivos, como la creación del Portal de Transparencia, y en otros se ha quedado corto, desarrollando aspectos muy parciales y claramente insuficientes, como es el caso de las prácticas de buen gobierno.

2) Mejor es castigar que después suspirar

Es cierto que la ley ha previsto un régimen sancionador, pero la regulación sólo se extiende a las infracciones en materia de conflicto de intereses, la gestión económico-presupuestaria y al ámbito disciplinario. De acuerdo con el actual texto legal, los posibles incumplimientos en materia de publicidad activa o transparencia no acarrearan ninguna sanción.

Nos encontramos con una situación muy similar a la anterior Ley de Financiación de Partidos Políticos. ¿De qué sirve establecer unas obligaciones y deberes en la financiación de los partidos políticos si no se dota al órgano fiscalizador –Tribunal de Cuentas– de la capacidad sancionadora en los supuestos de incumplimiento?

3) El collar no puede ser más caro que el perro

Las competencias derivadas de la futura ley van a depender de la actual Agencia de Evaluación de Políticas Públicas y Calidad de los Servicios, que pasará a denominarse Agencia de Transparencia, Evaluación de Políticas Públicas y Calidad de los Servicios. La manera de discurrir de los políticos busca siempre el camino más complejo y costoso. En lugar de diseñar mecanismos que incentiven el buen funcionamiento de los organismos existentes, crea un órgano al que atribuye en exclusiva la nueva función. La Administración Pública tiene una tendencia natural expansiva incontrolable.

Como señalaba en una ocasión un conocido analista político, refiriéndose a la expansión de la burocracia y la lucha contra las desigualdades: “No es necesario ser muy cínico para preguntarse si el aumento de la burocracia tiene como causa la lucha contra la pobreza o si la causa de la pobreza tiene su origen en la expansión de la burocracia”.

¿Se convertirá la nueva Agencia de Transparencia en el principal obstáculo para impulsarla?

4) Que cada palo aguante su vela

La principal innovación de la ley es la creación de un Portal de Transparencia que reúna y ordene toda la información en un único punto de acceso. La idea no deja de ser atractiva desde el punto de vista del marketing, pero ineficaz desde el punto de vista práctico.

Nuestra experiencia nos ha enseñado que lo que contribuye a mejorar las prácticas de transparencia en la web es que no existe una manera única de abordarla. Son, precisamente, las diferentes prácticas las que producen las mejoras y el aprendizaje.

La ley debería haberse limitado a establecer los contenidos de información relevantes, dejando a cada institución que desarrolle su aplicación. Sólo de este modo se puede inocular una cultura de transparencia en todas las instituciones. No necesitamos un único portal de transparencia, sino transparencia en todos los portales.

5) Siempre es mejor el camino más corto

Durante estos últimos cinco años impulsando la transparencia en la web de diferentes instituciones, hemos experimentado la enorme dificultad de hacer visibles los contenidos más relevantes.

El principal problema no consiste en colgar los contenidos, sino en que sean visibles. Por visibilidad nos referimos al hecho de que los contenidos sean fácilmente localizables por estar situados en un lugar evidente y previsible en las páginas webs. En ocasiones, el contenido se encuentra en el portal, pero no es fácilmente visible porque el ‘recorrido’ que hay que hacer para localizarlo es muy complejo.

La visibilidad no depende sólo de un criterio formal, como puede ser el nivel de navegación, sino de la localización natural del documento. No es suficiente que la información se encuentre en la web si su localización y comprensión resulta difícil por estar dispersa o incluida en documentos de gran extensión que no facilitan su rápida identificación.

Si esas dificultades nos las hemos encontrado al analizar muestras relativamente pequeñas y homogéneas (universidades, partidos políticos, museos, fundaciones, etc.), no queremos ni pensar lo que será encontrar la información de toda la Administración Pública y entidades vinculadas en un único portal.

6) Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena

La mayoría de las mejoras que nuestra Fundación ha implementado a lo largo de estos cinco años han procedido de las propias instituciones analizadas. Uno de los factores que más contribuye a enriquecer las prácticas de transparencia es la pluralidad de respuestas a las demandas de información.

Las organizaciones (ya se trate de partidos políticos, fundaciones, museos o universidades) tienen diferentes maneras de organizar la información y hacerla visible en la web. Esa diversidad no es perjudicial, sino que contribuye a incentivar la mejora entre todas las organizaciones. Si se reduce el número de jugadores, terminará resintiéndose el juego.

7) Para saber hablar es preciso saber escuchar

Ser transparente no consiste exclusivamente en rendir cuenta de una lista tasada de contenidos, aunque el camino deba comenzar por ahí. Cada vez es más evidente que no se trata de colgar información, sino de hacerla más visible y, sobre todo, más comprensible para los demás. El factor crítico en la transparencia es el diálogo permanente con los grupos de interés. Las peticiones de los grupos de interés son diversas y varían con el tiempo.

Un caso muy claro que comentamos en nuestro informe sobre Transparencia en la web de universidades públicas y privadas, es el indicador de empleabilidad de las universidades. Algunas universidades han comenzado a informar del porcentaje de sus graduados que han obtenido empleo. Ese nuevo contenido informativo no ha sido fruto de una imposición legal externa, sino consecuencia de una escucha atenta a las nuevas demandas sociales.

El portal único de transparencia no desarrolla ningún mecanismo para incentivar el diálogo y la escucha activa con los diferentes grupos de interés, limitándose a actuar de ventana para comunicar unos contenidos previamente seleccionados.

@jmcavanna para El Confidencial
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