La RSC como respuesta para casi todo

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«La culpa de lo que está pasando es por la codicia», esta afirmación, con matices, parece que nos pone a todos de acuerdo. Desde el cantante de rock Rosendo, que declaraba recientemente que «la codicia nos está devorando», pasando por la Financial Crisis Inquiry Comission, FCIC, una comisión creada por el presidente Obama en junio de 2009 para investigar los orígenes de la crisis financiera, cuando afirma que «la mayor crisis financiera desde la Segunda Guerra Mundial es el resultado de la avaricia, la incompetencia y la ignorancia», y hasta el recién nombrado cardenal Óscar Rodríguez Madariaga, arzobispo de Tegucigalpa, que remarca: «En el fondo de la crisis están la mentira, la avaricia y la codicia».

La codicia es un afán excesivo de riquezas, tal y como lo define la RAE. Es decir que el ganar mucho se antepone a cualquier tipo de principio para conseguirlo.

¿Y qué tiene que ver esto con la RSC? Pues, para mí, casi todo. La RSC, tal y como la definió la UE en 2001, es la integración voluntaria, por parte de las empresas e instituciones, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y en sus relaciones con sus grupos de interés. Por tanto, si se acepta este compromiso voluntario con la sociedad, en el que se firma un contrato con ésta para mejorar las condiciones sociales, ya se está poniendo, en cierta medida, un límite al ansia excesiva de ganar dinero.

No soy un experto en RSC, todo lo que he aprendido sobre esta nueva manera de entender la gestión de las empresas e instituciones se lo debo a la Fundación Compromiso y Transparencia. Hace más de siete años que entré a formar parte de esta fundación que ahora tengo el honor de presidir.

Cuando se cumplen los 50 números de la revista, que es el germen de la fundación, no puedo más que agradecer a Javier Martín Cavanna, director de la fundación, y a la directora de la publicación, Esther Barrio, que me enseñasen con cada número a tener una perspectiva de la sociedad en general y de las empresas e instituciones en particular, totalmente distinta a la que tenía antes de profundizar en el conocimiento de conceptos tan atractivos como la transparencia, la rendición de cuentas, el buen gobierno corporativo, la filantropía, el mecenazgo y muchos más que me han ayudado a cambiar mi visión en la gestión de las organizaciones.

La FCyT ha contribuido de forma clara a divulgar y formar en las claves de la innovación social y la transparencia. Ha desarrollado una metodología propia para medir la RSC de diferentes sectores. No quiero dejar de mencionar el informe de transparencia sobre las web de los partidos políticos españoles, informe que pudo realizarse por medio de crowdfunding, y los que ya son un referente en sectores como el de las fundaciones, los museos y las universidades.

Se ha contribuido con cursos y seminarios a la formación en todo lo relacionado con los aspectos claves de la innovación social. Recuerdo con especial afecto el seminario Comunicación 2.0 para ONG y Fundaciones, en el que tuve la oportunidad de participar. También se han publicado las Guías sobre Gobierno para organizaciones no lucrativas y más iniciativas que por espacio no puedo mencionar.

Repasando las portadas de los 49 números anteriores se demuestra cómo todos los ámbitos en lo referente a la RSC y la innovación social han sido debidamente desarrollados… pero hay más, queda profundizar más en muchos temas. Asuntos que serán tratados en siguientes números.

Publicaciones que seguirán produciéndose gracias al apoyo de muchas personas e instituciones que, respetando nuestra independencia, creen en la necesidad de que una revista como Compromiso Empresarial debe existir para seguir aportando en este nuevo paradigma del management que nos ayudará, sin ningún género de dudas, a conseguir una sociedad más humana y habitable, lo que por supuesto ayudará, si se aplica con honestidad, a acabar con la codicia.

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