Innovación y gestión: Hacia dónde va la RSC

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«En nuestra empresa la RSC forma parte de nuestro ADN»; «En nuestra organización la responsabilidad corporativa está integrada en toda nuestra cadena de valor». Grandilocuentes frases convertidas casi en clichés que muchos hemos utilizado (incluido el que firma) y que sirven más bien poco para seguir avanzando.

Una de las innovaciones más relevantes que estamos viviendo en mayor o menor medida los que venimos trabajando en el campo de la responsabilidad corporativa o sostenibilidad es la profunda evolución de nuestra función en las empresas. En las que verdaderamente se lo creen, lo que se espera de nosotros no tiene nada que ver con lo que se nos pedía hace unos pocos años.

Informes anuales, programas de voluntariado, programas sociales. Todos ellos son importantes pero, si somos sinceros, es muy difícil que entren en lo que podemos denominar «agenda estratégica» de las organizaciones.

Hay que empezar por la narrativa. No hablemos más de RSC, ni tampoco de sostenibilidad. Hablemos de lo que realmente se trata: de hacer que la empresa haga su negocio de forma responsable, siempre. Que quienes toman decisiones incorporen en sus procesos una visión people centric, es decir, el impacto que generan en la vida de las personas.

Para ello es necesario gestionar el cambio, un cambio en mayúsculas. Y los que estamos trabajando en esta digna profesión debemos ser los catalizadores de este cambio. Un cambio que implica una innovación radical en nuestro rol y en nuestro modelo de gestión.

En mi opinión, hay cuatro palancas que debemos accionar en nuestras organizaciones:

1. En primer lugar tenemos que hablar de transformación, es decir, de promover el cambio en la forma de hacer las cosas. Acostumbro a decir que si no rompemos zonas de confort, si no se genera cierta tensión, es que no estamos haciendo nuestro trabajo.

Tampoco se trata de cambiar por cambiar. Para hacerlo creo oportuno concentrarse en una sola cosa que sea muy relevante para nuestros grupos de interés, algo que tenga amplio recorrido de mejoría e, idealmente, que pueda ser un símbolo para toda la organización del cambio necesario.

2. En segundo lugar debemos ser referentes en lo que llamamos one team, en conectar e integrar las distintas áreas para proyectos compartidos, rompiendo silos y fomentando la transversalidad. Para conseguirlo es fundamental trabajar competencias como la humildad, la empatía, la generosidad.

Un importante CEO me decía que no me preocupara por liderar un proyecto de éxito, «lo realmente importante es estar en el equipo que lo hace posible».

3. Tercero, debemos trabajar para hacer que otros hagan, lo que mi mentor denominaba «hacer hacer». ¡Qué bonito es ver que un área ha desarrollado una iniciativa con alto impacto social sin contar con nosotros! Contagiemos y hagamos que los muchos «creyentes no practicantes» que tenemos en nuestras organizaciones, practiquen y lo integren en su agenda de trabajo.

4. Y en cuarto lugar, entender que estamos hablando de un cambio cultural, que con nuestro trabajo impactamos en la vida de las personas y que debemos ser conscientes de ello en todo lo que hacemos. Todas las empresas deberían incorporar en su modelo de retribución para todos sus empleados un indicador de cultura en negocio responsable.

Innovemos en nuestro trabajo. Vayamos más allá, olvidémonos de los rankings, del GRI y de los informes. Hagamos lo que de verdad nuestras sociedades nos piden: que cada vez haya mejores empresas y más responsables.

Por Antonio Ballabriga, @aballabriga, director global de Responsabilidad y Reputación Corporativa de BBVA
@Compromiso_Empr 
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