El gran 'reality' de nuestras vidas

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Hace catorce años que Mercedes Milá estrenaba en Telecinco un nuevo programa que vendieron como experimento sociológico. Gran Hermano fue el primer espacio de telerrealidad emitido en España y cuenta ya con quince ediciones tras sus espaldas. La vida en directo es su eslogan, que logra cumplir con más de 96 horas diarias de grabación sobre las hazañas de los concursantes, encerrados en una casa durante periodos que pueden superar el centenar de días.

Pero ahora ya no son necesarias las cámaras que controla el «súper» (ese ser supremo que dirige sus vidas dentro de la casa) ni estar encerrado en el gran plató en el que se ha transformado Guadalix de la Sierra (Madrid) para sentirse si no vigilado, al menos observado. Las redes sociales se han convertido en esas mirillas por donde expiamos a nuestros conocidos y desde las que nos retratamos.

Se trata de la nueva forma de exhibición pública online que practicamos a diario, con todas sus virtudes y sus defectos.

Nuestras contribuciones en redes sociales, los comentarios y me gustas, la influencia que tenemos y los contactos que figuran en nuestra lista de amigos y seguidores generan la conocida como reputación digital. Algunos expertos que asistieron al Desayuno CE (Vid. Compartir bienes, servicios y… opiniones), que organizó esta revista sobre economía colaborativa (Vid. Economía colaborativa. El poder de compartir), avisan que en un futuro no muy lejano esta nueva tarjeta de visita será imprescindible para poder asistir a ciertos lugares o para recibir un préstamo bancario, por ejemplo.

Lo que antes era el derecho de admisión en un local por la indumentaria que llevaras, es sustituido por un veto a la imagen que das en Facebook o Twitter. De hecho, estas redes sociales ya clausuran perfiles que pueden ser dañinos para terceros, publican contenidos para adultos o fraudulentos.

Recientemente hemos visto como las fotografías más íntimas de muchas famosas salían a la luz pública vía redes sociales en el conocido ya cómo celebgate y cómo se cerraban aquellos perfiles que las difundieron. Una violación de su derecho a la intimidad multiplicada por los millones de seguidores que hay en las redes sociales.

Pero la identidad digital también sirve de moneda de cambio en las transacciones realizadas en Internet, saneando un mercado en el que el comportarse incorrectamente o dar un mal servicio o producto se pena con la salida inmediata de dicho mercado. La reputación online permite a los usuarios depositar o no confianza en los demás, siendo esta la base del comercio electrónico y del consumo colaborativo.

Las redes sociales se han convertido también en una potente herramienta para la búsqueda de empleo y de perfiles profesionales por parte de las empresas. Y aquí la imagen que das en Internet es tan importante como la que pueden mostrar los concursantes del anteriormente citado reality; muchos de ellos no han logrado normalizar nunca más sus vidas, y el mercado laboral les ha cerrado puertas por tratarse de personas con una cuestionable reputación.

A otro nivel, esta misma identidad digital se ha convertido en la propia guillotina de algunos delincuentes. Uno de los últimos en verse retratado en Facebook es el presunto violador de Ciudad Lineal. Antonio Ortiz, al que todos hemos podido ponerle cara gracias a esta red social, cuenta en su perfil con 81 amigos entre los que se encuentran 79 jovencísimas mujeres identificadas con fotografías sugerentes.

Posiblemente no sea una prueba definitoria, pero las redes, los medios y la sociedad en su conjunto ya hemos dictado sentencia.

Si antes nos preocupaba el qué dirán, ahora son el número de me gustas o comentarios que hagan en nuestras fotos o estados de Facebook; lo lejos que lleguen nuestras frases de menos de 140 caracteres a través de retweets o favoritos que nos hagan en Twitter, o la calidad del perfil de los visitantes que se hayan interesado por nuestro curriculo de Linkedin lo que verdaderamente nos importa.

Quizás sea el momento de replantearnos la necesidad de una mayor educación digital para advertir de los peligros de la red y del potencial y beneficios de esta, pero no solo a los más pequeños y adolescentes, donde las empresas y familias han volcado sus mayores esfuerzos; quizás sea el momento de hacernos más conscientes del poder de la red y de empezar a cuidar de nuestra imagen digital.

Porque cada día más, formatos como el de Gran Hermano empiezan a encontrar ciertas similitudes con el reality en el que hemos convertido nuestras vidas.

@Esther_Bame

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