Suspenso en ética en las instituciones deportivas

Los estamentos más altos del deporte, aquellos que deberían ser un ejemplo para los que de ellos dependen, fracasan estrepitosamente en ética y sostenibilidad.
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Con anterioridad se ha tocado en Compromiso Empresarial el tema de la RSC y el deporte, tanto de una manera más genérica en el completo artículo Deporte y RSC: la jugada perfecta como centrándose en el fútbol en ¿Se comprometen los clubs de fútbol con la sociedad?. En ambos artículos se habla sobre RSC, acción social, patrocinios, etc. por parte de clubes deportivos, empresas y deportistas individuales.

El deporte en general y el olimpismo en particular son transmisores de diversos valores a la sociedad como por ejemplo: esfuerzo, compromiso, respeto, compañerismo, integración y participación social, el respeto por los principios éticos fundamentales y, concretamente en el ámbito educativo, la generación de un clima en las aulas y centros educativos que propicie formas de enriquecimiento personal y social.

En este artículo nos vamos a centrar concretamente en uno de esos valores, el respeto por los principios éticos fundamentales, y haremos un repaso de su cumplimiento en los últimos tiempos. No lo haremos desde una perspectiva de clubes, empresas o deportistas (que sin duda nos darían también para escribir un libro en cuanto a dopajes, trampas, delitos económicos y multas), sino que analizaremos desde la ética y la responsabilidad social a dos estamentos deportivos superiores y las consecuencias que sus decisiones y acciones (e inacciones) tienen en los eventos y competiciones que promueven. En concreto vamos a tratar los cados del Comité Olímpico Internacional (COI) y la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA).

El COI se define en su web como “autoridad suprema del Movimiento Olímpico que actúa como un catalizador para la colaboración entre todas las partes de la familia Olímpica”. Es por tanto, el máximo responsable de hacer cumplir todas las reglas declaradas en su Carta Olímpica.

Haciendo un repaso de los escándalos más recientes en el COI encontramos:

– En 1991, el vicepresidente del COI, Robert Helmick, dimitió tras abusar de su puesto actuando como asesor de empresas y organizaciones relacionadas con el Movimiento Olímpico.

– En 1998, varios miembros del COI fueron expulsados por recibir favores y sobornos de diversa índole para que sus votos de designación de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002 fueran favorables a la candidatura de Salt Lake City.

– Aunque no fue posteriormente demostrado, un ex ministro chino de deportes denunció que, el que acabó siendo después presidente del COI, Jacques Rogge “se procuró votos para su elección como presidente en 2001 haciendo un trabajo de ‘lobby’ a favor de la candidatura olímpica de la capital china” para los Juegos de 2008.

Sin poder considerarlos como escándalos aunque sí como decisiones muy polémicas, fueron elegidas como sedes olímpicas las candidaturas de Sochi 2014 (Juegos de Invierno) y de Río 2016, en Rusia y Brasil respectivamente.

En el caso de Rusia, un país con un mal endémico de corrupción y un respeto por los Derechos Humanos que deja bastante que desear y con unos Juegos cuya sostenibilidad distó mucho de ser la ideal tanto por la organización como por la actuación de los sponsors.

En el caso de Brasil también nos encontramos con una situación de país corrupto y con poco compromiso por la sostenibilidad y con serias dudas de tener preparadas las instalaciones para la fecha marcada.

Siendo una organización sin ánimo de lucro, se critica al COI por el uso de los beneficios que pueden resultar de la organización de los Juegos, por las obligaciones que los poderes públicos han de cumplir si quieren tener los Juegos en su país, y por la prohibición a los atletas de nombrar o mencionar a sus sponsors particulares.

Aunque teniendo en cuenta que el COI es una entidad privada e independiente en cierta manera parte de lo anterior podría ser comprensible, siempre y cuando su funcionamiento, actividades y decisiones fueran tomadas con cierta objetividad, responsabilidad, ética y dentro de la legalidad.

En cuanto a la FIFA, la situación es incluso peor que la del COI. En la actualidad está sumergida en un colosal escándalo de corrupción, fraude y lavado de dinero que fue destapado por la fiscalía de Nueva York tras diversos años de investigaciones a raíz del pago de los derechos de TV y publicidad de la Copa América de Fútbol, y que se ha llevado por delante a varios de sus responsables aunque todavía queda mucho por investigar y ya no digamos por trabajar para que la entidad recupere cierta credibilidad. Como resultado de la investigación también se están descubriendo diversos amaños de partidos en varios Mundiales.

Casi siguiendo la misma senda que el COI, la FIFA concedió los Mundiales de Fútbol de 2014 a Brasil, que serán recordados como entre los más catastróficos de la historia en el ámbito económico, social y de Derechos Humanos.

Y los Mundiales que vienen no parece precisamente que vayan a mejorar los de Brasil.

Dentro de todo el escándalo FIFA, el FBI investiga la designación de Rusia 2018 y Qatar 2022 e incluso existen dudas de que se lleguen a celebrar. Si se celebran, podemos tomar como ejemplo los Juegos de Sochi como poco sostenibles y pensar que el Mundial de Rusia no le irá a la zaga.

Y en cuanto a Qatar, a la aberración de su celebración en un país con tan poca población, con un clima extremo y al que imagino acudiría poco público, habría que añadirle la muerte de trabajadores que son tratados como esclavos en la construcción de las instalaciones con un total desprecio a sus Derechos Humanos. Países como Inglaterra critican a Qatar 2022 por ser un Mundial antinatural.

Tras todo lo expuesto, ¿podemos considerar que estas instituciones actúan desde la ética y la responsabilidad? Rotundamente no. Creo que ha quedado bastante claro y no cabe discusión alguna. Actúan como si de una organización o empresa poco responsable se tratara, como una de tantas que lamentablemente aún existen. Sus valores quedan muy lejos de los mencionados al comienzo del artículo. Estas entidades no reflejan una imagen de lo que el deporte debe ser y sí la de ser una máquina de hacer dinero y amasar poder, por la que mucha gente se disputa su control a cualquier precio.

Y, si los máximos estamentos mundiales actúan de esta manera y están en los medios constantemente por estas malas prácticas y malas decisiones, ¿cómo no se van a dar casos en otras entidades de menor calado? No es desde luego un buen ejemplo el que se está dando a confederaciones, federaciones, clubes, equipos, jugadores, etc.

Quizá el principal problema de todo esto es que el deporte se ha convertido desde hace ya mucho tiempo en un negocio más, más goloso y con más beneficios a medida que se dejan atrás los niveles inferiores (los más cercanos al significado real del deporte y sus valores) y se suben peldaños hacia “la cumbre”.

También creo que en todo este tema habría que preguntarse ¿qué tienen que decir de todo esto los diversos sponsors de estos eventos deportivos? Todas esas grandes empresas que en sus políticas de RSC y sostenibilidad deberían contemplar el no contribuir a comportamientos que no sean éticos, responsables, sostenibles, respetuosos con el medio ambiente, los Derechos Humanos, etc. Estas organizaciones son culpables indirectas del problema ya que sin su apoyo estos eventos no se podrían celebrar. Sencillamente, miran para otro lado.

En resumen, ambas instituciones requieren de un profundo cambio en su manera de funcionar y actuar si realmente desean recobrar la credibilidad y reputación que algún día tuvieron, cosa que les va a costar bastante. Mientras ese cambio no suceda, los eventos que realicen seguirán en la misma senda que hasta ahora. La pregunta es ¿realmente quieren cambiar?

Afortunadamente, mientras estos escándalos suceden, en muchos lugares del mundo unos chavales juegan al fútbol sin descanso en un descampado hasta que se pone el sol, otros corren por parques con sus deportivas gastadas, otros nadan durante horas, etc. Todos ellos lo hacen simplemente por placer, por compañerismo, por compartir, por ansias de superación, por aquel “citius, altius, fortius”.

Ese es realmente el espíritu del deporte y ellos son los que deberán hacerlo valer en el futuro por encima de intereses diversos.

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