Cuestión de talento, social

Talento social define una actitud. Un tesoro de acciones y conductas del que obtenemos resultados extraordinarios, y es así porque actuamos motivados desde los valores y con la inspiración del ejemplo. Al igual que los metales preciosos que pesaban los griegos en su balanza tálanton (τάλαντον) y como la moneda romana, el valor de lo escaso y lo bello.
Carlos Cortés11 enero 2016
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Supone algo tan deseado hoy por todas las organizaciones como el compromiso y el sentimiento de pertenencia de sus profesionales, incorporado a cada uno de nosotros de manera natural como una suerte de liderazgo individual. Liderazgo por valores como la humildad, la colaboración, la curiosidad y la inteligencia para las emociones que nos visitan.

Así es, deseado y escaso, como concluye el Estudio Manpowergroup sobre escasez de talento 2015 –llamativo cuando menos el título- realizado con 41.700 directivos de recursos humanos de 42 países. En el mismo, “el número de directivos globales que declaran escasez de talento en 2015 alcanza su máximo en los últimos siete años con un 38%”. No parece que hayamos avanzado mucho en la eterna aspiración de atraerlo y retenerlo; incluso ahora escuchamos acerca de la digitalización del talento. ¿Por qué se nos sigue escapando?

Talento y actitud

Si entendemos el talento como una actitud, quizá sea más fácil captarlo. Y las actitudes se muestran a través de conductas. En este sentido, el talento social atesora un conjunto de actitudes y conductas propias, como resultó de la Jornada de Talento Social que tuvo lugar en Esade y que sirvió para identificar cuáles pensábamos eran las competencias del líder social. Destacan cuatro de ellas:

– Visión, traducida en conductas eficaces de comprensión de la organización y del entorno; significa también la capacidad de entender lo que pueda pasar en el medio plazo, manejar la incertidumbre y facilitar las conversaciones necesarias para hacer que las cosas sucedan.

El líder social combina visión y acción, es más que un visionario porque sabe convertir lo que soñamos en realidades. Nos acompaña a soñar, y nos invita a hacer.

– Escucha, posiblemente para hacer las preguntas adecuadas y aprovechar la inteligencia colectiva como un facilitador. Líderes talentosos que comunican bien y a los que seguir, ciertamente, ya conocemos. Ahora se trata del talento social, y eso significa escuchar de verdad.

La escucha activa y consciente del otro requiere una generosidad infrecuente que anima al crecimiento de las personas, y desde ahí, al crecimiento de las organizaciones.

– Influencia para la acción. Y la mayor fuerza para ello es el ejemplo. Se trata de influir tanto para romper paradigmas que ya no sirven como para ser constante en comportamientos eficaces que están funcionando. No se diferencia mucho de aconsejar a un amigo desde tu propia emoción y experiencia –quizá se llame intuición- para animarle a seguir y a dejar, y sobre todo a comenzar, todo aquello que le puede acercar a lo que desea.

Para influir desde el ejemplo también se requiere coherencia entre lo que hacemos y nuestros valores así como ese optimismo que acerca a realizable lo incierto y que celebra los avances y los logros. Imaginemos una organización que celebra los errores por el aprendizaje que conllevan y que cree que siempre existe solución, frente al demoledor: “Esto ya lo hemos intentado, y no ha funcionado…”

– Trabajo en equipo. Es esencial este punto cuando hablamos de talento social. Conductas poderosas para ello serán la identificación del objetivo común –no tan obvio como muchas veces pensamos- y la necesidad así de hacerlo explícito. También saber qué valor nos puede aportar cada miembro del equipo y darle el máximo protagonismo, cuando toque, y cuando no, acompañar en la espera. Como un director de orquesta que conoce todos los instrumentos, su momento de entrar en escena y cuándo deben apianar, todo en beneficio de la sinfonía y su público amante de la música.

El talento social es como cantar en un grupo de música a capela donde eres solista o eres bajo. Y sabes que no hay música sin ti, que quizá no haces la melodía pero no hay armonía sin tu voz. Y eres afortunado si eres bajo, porque sostienes la música, marcas el ritmo, sujetas la afinación, y aún más, desde la humildad de no ser quien protagoniza la acción, sino ‘solamente’, con mayúsculas, el que la hace posible.

Desde lo individual a lo social

Desde lo individual, ya que una característica de estas personas es que se conocen muy bien y saben relacionarse consigo mismas tanto como para saber relacionarse con los demás de manera natural. Valores e inteligencia emocional en perfecta armonía del pensar y el sentir, con un resultado inevitable del hacer excelente.

Y hacia lo social, las anteriores conductas se traducen, en el marco de una organización que se quiera denominar social, en ejemplo y modelo individual de actitudes ‘sociales’. El ADN de un comportamiento socialmente responsable, grabado en cada individuo de manera natural y generando una cultura común y sostenible. Un auténtico regalo.

Así, ese liderazgo se traslada a los demás equipos de tu organización para guiar en la incertidumbre, apoyar el cambio, seleccionar adecuadamente la autocrítica o reconocer los logros y asumir errores. Como define Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de Esade, las personas con talento social “son efectivas al poner a disposición de la organización sus capacidades para conseguir los resultados y todo ello con calidad humana y mucha inspiración”. Visión, escucha, influencia y construcción de equipo.

En dos palabras

No hay alquimia más deseada en lo intangible de las organizaciones que la que nos haga alcanzar el compromiso individual y la pertenencia colectiva de nuestros equipos. Por eso, como un primer paso para ese camino y para todos aquellos que quieran empezar a recorrerlo, recordemos la famosa frase que alumbraba el templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”. Ese podría ser el lugar para el comienzo de tu talento social.

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Comentarios
  1. Margarita

    Excelente artículo sobre competencias.

  2. lisandro

    muy bueno el video, es importante el trabajo en equipo hay que tener en cuenta: comunicación, objetivos en común, establecer la escucha activo, consensuar con las diferencias de cada integrante, ser solidario y que cada uno de los integrantes se apropie del proyecto y sea significativo.