Empresa social ¿sin ánimo de lucro?

Hace unas semanas acudí invitada por Valencia Lab, una iniciativa de la cooperativa Florida Universitaria, a compartir con estudiantes de emprendimiento social de toda España la experiencia de Novaterra.
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La charla en concreto versaba sobre los valores del emprendimiento, la visión y misión de un proyecto, y cómo no sólo definir bien estos valores de una empresa sino llevarlos a la práctica en el día a día.

Fue emocionante ver a tanta gente joven con tan buenas ideas y propósitos para el futuro, pero también ya para el presente. Porque algo que me apasiona de este proyecto, del grado en Liderazgo Emprendedor e Innovación Leinn traído a Valencia por la Cooperativa Mondragón y Florida Universitaria, es que no es un grado al uso.

El objetivo de Leinn es convertir a los alumnos en agentes de cambio en busca de una transformación de nuestro entorno, creando nuevos negocios en equipo mientras adquieren valores y competencias desde un aprendizaje activo, desde la experiencia.

Una comunidad internacional compuesta por más de 750 emprendedores de equipo, 30 empresas de equipos emprendedores y ocho MTA Labs (Irún, Oñate, Ámsterdam, Madrid, Bilbao, Valencia, Barcelona y Querétaro –México-, ciudades de las que procedían este grupo de estudiantes que acudían a una de sus actividades colaborativas en Valencia).

Con presencia tanto a nivel nacional como internacional (Shanghai, San Francisco, Pune, Berlín, etc.) se está convirtiendo en un modelo referente para emprendedores y trabajo en equipo.

Las competencias y habilidades se adquieren a través del método learning by doing y mediante el aprendizaje con el equipo en proyectos con empresas reales. El alumnado desde el inicio tiene que poner en marcha una empresa en equipo (Team Cooperative) y hacerla viable. En eso consiste aprobar el curso.

La clave del desarrollo personal y el “emprendizaje” están en la constante interacción con el mundo real: crear una empresa real, trabajar con clientes reales y con proyectos reales. Los estudiantes son los protagonistas, creando en equipo las empresas.

Me sorprendió la valentía, ilusión, y arrojo de este grupo de personas, tan jóvenes, y comiéndose el mundo.

A la salida una chica se me acercó y me contó que estaba iniciando un proyecto social con cuatro jóvenes más. Pero que les preocupaba que el proyecto tuviera ánimo de lucro, porque querían poder vivir de él, y que eso lo desvirtuara como proyecto social.

La inquietud me rompió los esquemas y me hizo reflexionar al respecto.

Parece que se ha puesto de moda poner apellidos a las cosas. Y ahora hablamos de economía social, economía colaborativa, economía circular. Así también de empresa social, empresa responsable, empresa sostenible, empresa ética.

Ya en un artículo anterior abordaba este tema, y me hacía la pregunta que creo que deberíamos hacernos todos: La economía que no es social ¿Qué es?

Asumimos como tal el lenguaje, y las palabras son muy poderosas. Parece que todas estas “nuevas” corrientes se plantean como alternativas, y hacen que una joven se cuestione si es legítimo llevar adelante un proyecto con un gran impacto social y vivir de él.

Y te encuentras con definiciones de la “empresa social” como “un tipo de empresa en la que su razón social es en primer lugar satisfacer necesidades de la sociedad en la que se desenvuelven”. Y te preguntas ¿y entonces, cual es la razón de ser del resto de empresas, si no es satisfacer necesidades de la sociedad?

Una empresa es «una acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo». Esta es la primera acepción que da la Real Academia Española de la lengua.

Una empresa es «un intento o designio de hacer algo». Es también «un símbolo o figura que alude a lo que se intenta conseguir».

Y es «una unidad de organización dedicada a actividades industriales mercantiles o de prestación de servicios». Solo en esta última acepción introduce la RAE, en última instancia, tres palabras: «con fines lucrativos». Y estos fines lucrativos parecen haber fagocitado todo el sentido y significado de la palabra empresa.

Tenemos que recuperar la empresa y su esencia; trabajar porque estas compañías reales recobren su lugar en el mundo y destierren proyectos estériles e inertes que no crean nada, que no producen riqueza y que no generan felicidad.

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Comentarios

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  1. Francisco Cobacho Casas

    Una empresa es una valiente aventura, arriesgada como toda aventura, que ya nace social, y que crece y cobra su pleno sentido si resuelve o contribuye a resolver cualquier tipo de necesidad y genera un bien para las personas o la comunidad; es decir: genera un valor social.
    La primera condición sería precisamente esa: ser economía real, economía no especulativa, que crea o transforma productos, o que genera y ofrece servicios a la Comunidad y satisface necesidades reales.
    La segunda condición, a mi juicio, tendría que ver con el modo en que cumple su función, en el cómo produce lo que luego ofrece a la sociedad; y eso en dos planos: en el plano del medio ambiente y en el plano de las personas que en ella trabajan.
    No dañar el medio ambiente desde luego, e incluso contribuir a su mejora es una de las condiciones fundamentales, y la otra, la que tiene que ver con las personas, con el respeto a las personas y con su cuidado.
    Todavía hay quien dice hoy que el objetivo de la empresa es ganar dinero y luego ‘ya veremos qué se hace con él…’
    Pero ese planteamiento que pone como primer objetivo el ganar dinero, generalmente, conduce a que ese objetivo sea el primero y el último, es decir: el único, porque los otros objetivos, si los llegara enunciar, se subordinan a aquél que se suele convertir en el único objetivo.
    Pues bien, no se trata de eso: es incluso más importante que aquello que se haga -o que se piense hacer- con los beneficios una vez obtenidos, el modo en el cómo se han obtenido.
    Una empresa de economía real, que genera bienes y servicios necesarios para la Comunidad, y que vigila el cómo obtenerlos cuidando de las personas y del medio natural, no tiene más requisitos para que se le reconozca un valor social altamente merecido.
    Y respecto a que una empresa ‘social’, con vocación de impacto social, deba o no, se pueda permitir o no, ganar dinero… personalmente no tengo duda: la empresa debe poder ganar dinero porque, si es que no gana, es que pierde, y si pierde, habrá que cerrarla, porque la empresa ‘social’ primero es empresa y así puede ser social, pero si ni siquiera es sostenible como empresa…
    Y, por supuesto, si algún emprendedor o emprendedora se plantea si es o no lícito, legítimo y permisible vivir de su proyecto, para mí la respuesta es inmediata, clara y contundente: el emprendedor debe poder vivir de su emprendimiento, por supuesto que sí… ¿de qué tendrá que vivir si no?

  2. Carmen

    Gracias Paco por el comentario. Estamos alineados…así es. Besos y seguimos