La matriz de inversión de impacto, un catalizador para su crecimiento

La inversión en activos de impacto a nivel global supuso US$228.000 millones en 2017 (Global Impact Investing Network, ‘2018 Annual Impact Investor Survey’), doblando el tamaño alcanzado en 2016. Un gran crecimiento, pero todavía una gota en el océano si lo comparamos con la inversión en ESG (sociales, ambientales y de gobernanza) que supone, aproximadamente, el 26% de los US$88.000 billones de activos bajo gestión a nivel global, según McKinsey.
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Todo apunta a que la inversión de impacto ha crecido más lentamente que su homóloga ESG, por lo menos en el Reino Unido (2016 UK Independent Advisory Group’s executive summary), pionero en este sector, no por falta de demanda sino por falta de oferta. Los productos disponibles son escasos y no están en la primera línea de los gestores institucionales y asesores financieros a la hora de asignar activos. Además, la industria financiera se ha mostrado lenta en lanzar una gama de productos suficientemente amplia como para que los inversores individuales puedan invertir sus ahorros en “impacto”.

Parte del problema es que el concepto de “impacto” tiene distintos significados para cada uno de los interesados y, hoy por hoy, no existe una fórmula universalmente aceptada para describir estos productos.

La industria está de acuerdo en que uno de los requisitos para que la inversión de impacto se convierta en mainstream es la existencia de un marco común que estandarice la definición de inversión de impacto. Este ejercicio facilitaría la incorporación del criterio de impacto en la clasificación de los diferentes productos de inversión que, actualmente, se basa, casi exclusivamente, en criterios de retorno financiero ajustado por riesgo (renta fija, renta variable y activos alternativos). De esta forma, los gestores podrían crear carteras que reflejasen no solo las preferencias de riesgo de los inversores sino también sus intenciones para contribuir a mejorar la sociedad y el planeta.

Esto es lo que ha ocurrido con la inversión que incorpora criterios de ESG, ya que al estar perfectamente integrada en la clasificación de los productos financieros existentes, permite una criba de los mismos para adaptarse a las preferencias del ahorrador. Por ejemplo, hoy en día se puede elegir invertir (o no invertir) en productos de renta fija o variable de empresas cotizadas con arreglo a criterios de sostenibilidad medioambiental o de buen gobierno corporativo.

El reto que se plantea con la inversión de impacto es que la definición, a diferencia de la de ESG, requiere dos elementos por parte de los inversores: intencionalidad y proactividad, y por tanto, se necesita un nuevo paradigma para la clasificación mainstream de productos que permita capturar estos dos atributos e incorporaros al proceso de construcción de carteras.

Este reto es precisamente el que trata de resolver la matriz de inversión de impacto que muestro a continuación. Esta matriz es el resultado del consenso de una parte importante de gestores de impacto a nivel global que participan en el proyecto de gestión de impacto (Impact Management Project). El objetivo es crear un marco conceptual compartido con el que medir y gestionar el impacto.

La matriz permite insertar en la misma cualquier producto o cartera de activos y conseguir así una clasificación clara y precisa de los productos disponibles en términos tanto de impacto como de retorno financiero para que los inversores puedan elegir y reasignar capital conforme a sus preferencias.

La matriz define el “impacto” como la suma del impacto de la empresa(s) en la sociedad y el planeta (eje de las X) y la contribución de los inversores (eje de las Y). En el artículo anterior (Gestionar la inversión de impacto y el necesario cambio de mentalidad) me enfoqué en el eje de las X, es decir, cómo medir y gestionar el impacto de la empresa(s) basados en cinco dimensiones (qué, cuánto, quién, contribución y riesgo) con el fin de traducir las intenciones de los inversores en objetivos de impacto concretos; los cuales se pueden clasificar en tres tipos: apartar daños, beneficiar a los participantes, y contribuir con soluciones. He traducido avoid (evitar) por apartar para respetar la nomenclatura inglesa de los tres tipos de intenciones: A, B y C.

Fuente: impactmanagementproject.com

En este texto, se introduce el eje de las Y que recoge el atributo de proactividad de los inversores que mencionaba anteriormente. La contribución de los inversores tiene que formar parte de la definición de impacto porque las estrategias de inversión, delimitadas por las intenciones y restricciones (eje de las X), juegan un papel relevante en la consecución del mismo.

A través de la elección de un determinado producto, los inversores pueden: 1) advertir que el impacto importa; 2) involucrarse activamente en la mejora del impacto; 3) crear nuevos mercados de capital o hacer crecer los que están poco desarrollados, y 4) aportar capital flexible o paciente.

Estas contribuciones no son excluyentes sino progresivas y acumulativas. Comenzando por el mínimo nivel que sería advertir que el impacto importa, por ejemplo invirtiendo en un fondo de bonos éticos, podemos ir subiendo la intensidad de la contribución hasta el máximo nivel que sería el de aportar capital que no requiera retornos financieros de mercado, tenga requisito de liquidez mínimo y un horizonte temporal de largo o muy largo plazo, papel que suele jugar la venture philantropy. Esto resulta en las seis combinaciones que componen el eje de las Y.

Cualquier producto de inversión actualmente disponible en el mercado puede mirarse bajo la óptica del “impacto” utilizando esta matriz. Aquí se muestra un ejemplo de cuatro carteras diseñadas por UBS. Merece reseñarse que la cartera cuatro, que es 100% de impacto, sea la que ofrezca la combinación de retorno financiero y volatilidad esperados más atractiva.

 

Fuente: UBS, impactmanagementproject.com

El impact management project es un foro abierto que actualmente debate sobre diversas cuestiones como el nivel óptimo de prescripción de la matriz; cómo afectan los impactos/efectos negativos, incluyendo los no deseados, en la clasificación del impacto de la empresa (eje de las X); la necesidad de validar la matriz de impacto por terceros, y cuál es el enfoque más acertado para agregar las métricas de impacto y poderlo transmitir a los ahorradores de tal forma que, estos puedan comparar distintos productos conforme a sus intenciones y al impacto que consiguen. Es un esfuerzo de conceptualización realizado desde la práctica profesional que persigue la transparencia y el consenso. Esperamos que actúe como catalizador para el sector.

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