Inversiones de impacto: ahora o nunca

¡Qué gozada! Salgo de la EVPA 2018 Annual Conference de Varsovia con la sensación de la canción de Elvis Presley ‘¡It’s now or never!’. La tribu de los creyentes en el 'venture philantrophy' (no existe aún una traducción digna al español, ni tampoco tenemos buenos traductores que sepan explicar lo que significa) y el 'impact investment' (aquí sí ha cuajado la traducción: inversión de impacto) crece de forma vertiginosa: 70 nuevos miembros en European Venture Philanthropy Association (EVPA) este último año de 15 países diferentes; cifras de crecimiento del movimiento de doble dígito; la inversión de impacto se ha doblado en el mundo en el último año, etc.
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Y aun así, en España vamos lentos. Como casi siempre. Finlandia, Reino Unido, Portugal o Canadá nos han pasado por la izquierda a todo gas. En estos países hay grandes entidades que han liderado la transformación (Sitra, Nesta, Fundación Gulbelkian o la McConnell Foundation, respectivamente), grandes bancos del país que han apostado de verdad por la inversión de impacto y un sector público plenamente comprometido con el movimiento.

Estas entidades han conseguido movilizar recursos significativos de la Unión Europea y el Fondo Europeo de Inversiones (FEI). Por ejemplo, solamente Portugal recibió en los últimos tres años 150 millones de euros a fondo perdido de programas estructurales de la UE para promocionar el venture philantrophy (VP) y la inversión de impacto (II). En España, por desgracia, las cosas van mucho más lentas. El FEI nos acaba de conceder 3 millones de euros a Ship2B y 10 millones de euros a Creas Impacto, las dos primeras inversiones que hace en nuestro país.

Que la UE y el FEI han puesto como máxima prioridad desarrollar el mercado del VP y la II en Europa es una obviedad y tienen miles de millones disponibles para este cometido en el próximo período. Y ahí surge la primera pregunta dolorosa: ¿Por qué invierten tan poco en España? ¿Por qué priorizan más a otros países? La respuesta la obtuve directamente acudiendo a la fuente, uno de los directores generales de la UE: quieren ver un compromiso firme del país, quieren ver grandes fundaciones, bancos y empresas que apuestan por el movimiento, y, sobre todo, quieren ver al sector público de país implicado y dispuesto a coinvertir en el desarrollo de este mercado. Casi nada.

Y ahí es donde surgen otras preguntas incisivas que debemos hacernos (y que nos cuesta entender a los miembros de la tribu): ¿Por qué ninguna gran fundación en España está verdaderamente implicada con la VP? ¿Por qué los bancos españoles aún no han despertado a la II? ¿Por qué el sector público no se ha enterado aún de qué va esto?…

No es oro todo lo que reluce

Quizás es que no les gusta la idea del VP, hacer una filantropía más intensa e implicada no tiene por qué ser positivo; medir el impacto puede ser un engorro; comprometerse demasiado con el proyecto puede ser ineficiente; innovar puede crear vértigo; destinar más recursos a menos proyectos puede llegar a generar problemas políticos. Quizás les siga gustando más hacer de repartidoras respondiendo así a sus múltiples compromisos sociales y políticos.

Quizás son las inercias; ya tienen muchas estrategias y proyectos en marcha, ¿qué motivación tienen para cambiar de dirección? ¿Acaso no es perfectamente lícito escoger una estrategia y dirección diferente? ¿Por qué nos creemos tan guapos para ser los elegidos?

Tal vez no se han enterado aun de qué va esto. En las tres últimas conferencias anuales de la EVPA no había prácticamente representación de los grandes bancos y fundaciones españolas.

En las tres últimas conferencias anuales de la EVPA no había prácticamente representación de los grandes bancos y fundaciones españolas.

Y entonces la pregunta es más autocrítica: ¿Qué hemos hecho mal desde la tribu para no saberlos atraer hacia la causa? ¿Cómo puede ser que no tengamos infiltrados del movimiento que estén haciendo a diario la ardua labor de peregrinar y hacer pedagogía entre los departamentos y las jerarquías de estas organizaciones?

Quizás sencillamente no se creen nuestra teoría de cambio; no se crean que invirtiendo en impacto se puede conseguir la triple rentabilidad; que haciendo una filantropía diferente se puede conseguir mayores impactos. ¿Dónde están nuestros casos de éxito? ¿Dónde está nuestro track record? Desde la tribu alzamos la voz y contestamos: ¿Dónde estaba el track record de UK o Portugal cuando empezaron? y aunque no lo parezca, ¿no empezamos a tener casos de éxito como Fundación Aura, Hola Luz o Social Car por no citar muchos más? ¡Hay que visibilizarlos más!

Dicho lo cual, hay esperanza. Empiezan a verse señales de que algunas entidades como Fundación Bancaria “La Caixa”, Fundación BBK, BBVA o Banco Sabadell están empezando a despertar. Hasta ahora estamos en la etapa de los experimentos, veremos cuando llega la etapa del verdadero compromiso. Eso es lo que nos pide la UE y el FEI.

Algunas cuestiones a responder

¿Y los gobiernos? Eso sí que es más preocupante porque este tema ni tan siquiera está en alguna de las agendas políticas clave del país. Habrá que empezar a caminar, y ahí vale lo de Machado: ¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar!

¿Quién debe liderar la agenda? Podemos ser optimistas. El futuro National Advisory Board (NAB), órgano delegado del G8, que lideran en España Mª Angeles León y José Luis Ruiz de Munain, ha tenido éxito en aglutinar al sector y generar un documento de consenso. ¡Bravo por ellos! El siguiente paso es ponernos de acuerdo todos los actores clave en la mejor estrategia. Pensar en movilizar un presupuesto de 200 o 300 millones de euros en los próximos dos años no es un sueño y está a nuestro alcance, pero tenemos que ser generosos e ir todos de la mano.

¿Entendemos bien que significan estas cifras? En la Fundación Ship2B, Clara, Maite y un servidor empezamos con 15.000 euros y, después de cinco años, no llegamos aún a un presupuesto de un millón con sangre, sudor y lágrimas. Con ese dinero hacemos maravillas, como, por ejemplo, organizar la semana pasada el V Impact Forum que movilizó a más de 1.300 personas, o acelerar y financiar a más de 100 empresas sociales en los últimos cinco años. Muchos otros actores del ecosistema están también sacando oro de la miseria ¿Se imaginan que podríamos hacer en el sector con 200 veces más dinero? Si lo conseguimos, todos nos beneficiaremos sin duda y a todos nos llegará nuestra parte.

¿Cuál debe ser la estrategia de nuestro país? ¿Tenemos que intentar convencer a una gran fundación o un gran banco? ¿Tenemos que poner el esfuerzo en el sector público? Y, en ese caso, ¿en qué área o entidad de la administración? ¿Tenemos que aliarnos los que hemos sido pioneros del movimiento para hacer algo más grande? ¿Tenemos que crear un wholesaler que actué de fondo de fondos como han hecho en UK con Big Society Capital o en Canadá recientemente con un presupuesto de 750 millones de euros?

Contar con un documento de consenso con cien medidas –como hemos conseguido en el Foro Impacto- está muy bien, pero es más importante tener muy clara la estrategia de cómo plantarnos juntos delante de la UE y el FEI, y reclamar nuestra parte del pastel.

Contar con un documento de consenso con cien medidas –como hemos conseguido en el Foro Impacto- está muy bien, pero es más importante tener muy clara la estrategia de cómo plantarnos juntos delante de la UE y el FEI, y reclamar nuestra parte del pastel. Más vale una buena estrategia que cien tiros al aire.

¿Dónde pueden estar los obstáculos? ¿Acaso el VP y la II se ve como un invento de los ricos para mantener sus privilegios? ¿Quizás el sector público ve con preocupación el papel creciente de este movimiento? ¿Sospechan los grandes filántropos de las buenas intenciones de las entidades que lideran el VP y la II? Son preguntas muy lícitas que necesitamos responder.

Por ejemplo, en mi opinión, detraer recursos de la filantropía y volcarlos en la inversión de impacto puede ser contraproducente porque, a menudo, la filantropía lidia con problemas que jamás el mercado podrá resolver. ¿Estamos cambiando recursos más vulnerables para resolver problemas menos graves? Eso es, para mí, sin duda, un problema.

Lo que no admite duda es que el mundo financiero y de los negocios, que mueve cinco veces más dinero que la filantropía y el Estado juntos, debe ser el máximo financiador de este nuevo tipo de inversión. La adicionalidad y la complementariedad es la fuerza de este movimiento, que nunca se nos olvide, no hemos venir a sustituir a nadie ni a que nadie se exima de sus responsabilidades. Este movimiento ha venido aquí para sumar, no para desplazar a nadie.

El Estado y la filantropía no están resolviendo los grandes problemas de la humanidad, necesitamos que el business aporte su parte. Es verdad que las ONG y los proyectos sociales son, a menudo, poco profesionales y generan impactos modestos,  pero detraer los recursos de ahí es un error, necesitamos que sea el propio business y el mercado los que se comprometan con la triple rentabilidad (concepto que lleva 30 años John Elkington proponiendo de manera tan deliciosa) y haga, por tanto, su contribución a la humanidad.

Los dos caminos

Hay un camino vertical y un camino horizontal. El camino vertical pasa por premiar a los auténticos, a emprendedores sociales como Cristóbal Colón, de La Fageda, o Kresse Wesling, de Elvis&Kresse (que tan embobados nos dejaron en el pasado V Impact Forum), emprendedores que de manera apasionada anteponen el problema social al ánimo de lucro, y utilizan simplemente a la empresa como un medio para conseguir su fin. El camino vertical incluye también a esos inversores que anteponen el impacto a la rentabilidad, como Jacqueline Novogratz, de Acumen Fund, que lleva 20 años invirtiendo en emprendedores sociales visionarios por todo el mundo.

El camino horizontal es menos bonito, es más sospechoso, es el de los pequeños pasitos hacia el impacto: el de la RSC; el de la inversión socialmente responsable (ISR); las gestoras de venture capital y private equity que introducen los criterios ESG en sus inversiones; las empresas que deciden convertirse en una B-Corp; los emprendedores que se dan cuenta que pueden ser sociales y empiezan a trabajar en esa dirección. ¿Es el camino horizontal tan importante como  el vertical o, por el contrario, es una forma de green washing?

Soy un gran defensor del camino horizontal. Al sistema se le cambia desde dentro del sistema, aliándonos con los que intentan hacer el cambio dentro de los grandes bancos, desde dentro de las grandes corporaciones. Solo hace falta ver a la nueva Unilever de Paul Polman.

Esto no va solo de generar un nuevo mundo, no va de  generar una raza pura. A veces para llegar al paraíso, deben darse pequeños pasitos. Ronald Cohen nos marca una gran visión para el futuro desde GSG: 1) para el camino vertical, conseguir que la inversión de impacto llegue a ser un multitrilion market (a día de hoy no llega un cuarto de trillón de USD con un mercado financiero global de 79 trillones de USD), y 2) para el camino horizontal, conseguir en el futuro que todas las decisiones de inversión se tomen teniendo en cuenta un tercer gran criterio (adicional al riesgo y la rentabilidad): el impacto social y medioambiental de los proyectos.

Ha llegado la hora de España, hemos pasado ya la fase de efervescencia del movimiento y ahora toca escalar. Los recursos están ahí y ahora solo necesitamos la inteligencia y el consenso para saberlos movilizar. It’s now or never. 

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