Es altruismo, no responsabilidad social corporativa

Muchas empresas han mostrado su altruismo durante la crisis del coronavirus, pero… ¿es esto realmente responsabilidad social o RSC?
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“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”, Charles Dickens en ‘Historia de dos ciudades’.

Si uno analiza su buscador de Google comprobará con satisfacción como las entradas al concepto de ‘responsabilidad social’ han doblado sus referencias en los últimos meses de marzo y abril. El dato es muy positivo, pero no debe llevarnos al socorrido equívoco que pensar que donaciones son sinónimo de responsabilidad social.

El concepto de responsabilidad social va mucho más allá de la donación que una persona o entidad realice de manera altruista en un momento determinado, por copiosa que esta sea. Es un equívoco que en innumerables ocasiones quienes llevamos años trabajando en el ámbito de la responsabilidad social nos toca refutar.

Como el prolífico escritor y novelista inglés, uno de los más reconocidos de la literatura universal, dijese en ese célebre comienzo de Historia de dos ciudades, el peor de los tiempos es también el mejor de ellos.

España, el mundo, parece estar viviendo una de las peores crisis de su historia, el número de víctimas mortales ha sido enorme y la incertidumbre y el temor a un nuevo brote sigue estando muy presente.

Frente a ello un derroche de generosidad de unos y otros parecen eclosionar.

No son pocas las empresas que han dado generosos donativos y con ello, medios y departamentos de comunicación se apresuran a hablar de su política de responsabilidad social. Pero… ¿es esto responsabilidad social?



Cómo se obtienen los beneficios; no cómo se distribuyen

La responsabilidad social no consiste en debatir cómo un empresario o entidad reparte sus beneficios, sino en cómo los obtiene. Esa es la verdadera esencia de la responsabilidad social, que las entidades desarrollen su negocio atendiendo a criterios y estándares medioambientales, de prioridad por las personas y de buen gobierno y transparencia.

Por poner un mero ejemplo podríamos referirnos a la política de Mercadona. Que Mercadona decida donar una parte de sus recursos a bancos de alimentos es una política de acción social. Desde aquí vaya mi agradecimiento a un comportamiento filantrópico que realiza de manera voluntaria y que tanto bien procura a sus beneficiarios.

Cada uno es libre de destinar, o no, sus beneficios o recursos a la causa que estime oportuna. Pero esto no es responsabilidad social.

La responsabilidad social pasa por cómo ha obtenido estos beneficios, la responsabilidad social pasaría por, entre otros muchos factores, la política de conciliación que viene manteniendo desde hace años o por la política de incentivos y flexibilidad que permite en este periodo de crisis, por entender que una satisfacción laboral de sus empleados es esencial para una pronta recuperación y vuelta a la ‘nueva normalidad’. Eso sí es responsabilidad social.

La nueva responsabilidad social

Hablamos de una crisis sanitaria y económica que parece haber disparado nuestras muestras de generosidad, pero como acertadamente me apuntaba mi antaño profesor de historia en el instituto, Juan Carlos Ferré, y siempre amigo, toda crisis trae, a su conclusión, la vuelta a la normalidad, una normalidad que este caso no llegará y que por eso catalogamos de ‘nueva normalidad’.

Confiemos que este nuevo escenario tenga como vector de crecimiento la apuesta por la responsabilidad social y la voluntad de mantener esas dosis de generosidad.

El nuevo paradigma de la responsabilidad social nos traerá un interés redoblado por las personas, confío que estas vuelvan a ser una prioridad. El mimo de las entidades por sus recursos humanos, generando empleos de calidad será trascendental.

La nueva responsabilidad social se dotará de un reforzado pilar, el de la salud; la procura de un buen estado de salud para sus empleados.

Solo construiremos una línea de negocio estable si pensamos en estrategias a medio y largo plazo. Estrategias que prioricen a las personas. Necesitaremos una salida verde al actual contexto, una salida que cuente con los jóvenes porque ellos serán el vector de cambio para el futuro.

Lo que hace grande una empresa, igual que a un país, no es su crecimiento y desarrollo económico, sino que este se procure en el mejor de los contextos, reduciendo desigualdades y creando oportunidades. Cada vez más, con mayor y mejor información, nuestros consumidores nos lo sabrán reconocer.

Es el peor de los tiempos, pero también el mejor. Se nos brinda una oportunidad única para construir una sociedad sostenible y comprometida.

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