La prevención de riesgos ESG para la creación de valor en las empresas

El último 'Global Risks Report' publicado a principios de 2020 por el Foro Económico Mundial presentaba un hecho histórico: por primera vez los riesgos medioambientales se encontraban entre las cinco primeras preocupaciones de la población en todo el planeta.
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Juan Luque23 diciembre 2020
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El 78,5% de los encuestados en el Global Risks Report reconocían esperar un aumento de las “confrontaciones económicas” en los próximos años, un hecho seguido de cerca de la “polarización de la política doméstica”, “olas extremas de calor” y de la “destrucción de los ecosistemas naturales”.

En este escenario ya extremadamente complejo para las organizaciones se sumaba un actor inesperado que no ha hecho más que incrementar los riesgos.

La pandemia de la covid-19 ha puesto de relieve la necesidad de una correcta gestión de los riesgos ESG (Environmental, Social Governance) en las empresas. Y, de hecho, se ha observado que los fondos de inversión compuestos por compañías que gestionan adecuadamente estos riesgos han sido más resilientes a los efectos de la crisis sanitaria.

Ha tenido que saltar todo por los aires para que empecemos a plantearnos la pregunta: ¿Están las compañías capacitadas para identificar, controlar e integrar estos riesgos con el fin de poder crear una ventaja competitiva?

Para empezar a contestarla hay dos cuestiones que no se pueden pasar por alto. En primer lugar, las compañías deben realizar un estudio previo de la materialidad de los impactos en el medio y largo plazo con el fin de lograr ventajas competitivas dentro de su mercado y consolidar su relación con los stakeholders. Esto ayudará a incrementar la resiliencia del negocio ante eventualidades del ecosistema en el que se encuentra.

En segundo lugar, llevar a cabo una evaluación de los posibles riesgos ESG ayuda a las empresas a anticipar y evitar peligros. Una labor que debe alcanzar también a los consejos de administración, cuyo papel en la supervisión periódica de estos riesgos, en especial los asociados a la gobernanza, es fundamental.

En este análisis es necesario partir de una premisa: todas las empresas están rodeadas de factores que pueden comprometer su actividad y reputación, pero no todos son iguales y muchos varían en función del sector.

En el caso de los riesgos medioambientales, si bien se asocian en mayor medida a sectores como el petrolero, minero y metalúrgico, y el de la generación energética a partir del carbón; otros como el de la industria química o los seguros también deben tenerlos presentes e incorporar en su estudio factores relacionados con la contaminación o la creciente frecuencia y gravedad de los eventos climáticos extremos.

En el ámbito de las organizaciones también preocupan cada vez más los riesgos sociales. Tienen su origen en una pérdida de confianza de los grupos de interés y, al comprender cuestiones tan complejas como la gestión del talento o los derechos humanos en países en vías de desarrollo, están obligando a las empresas a redoblar esfuerzos en el diálogo con sus empleados, consumidores, proveedores o comunidades locales. Una cuadratura del círculo con beneficios tangibles.

Y llegamos a la última letra de las siglas: la de la gobernanza. En este punto un análisis de riesgos ESG evalúa elementos como el buen gobierno, la ética, la responsabilidad fiscal o la transparencia de una empresa.

El modelo de gestión de una empresa debe poner el foco en el proceso de toma de decisiones de las empresas en el medio y largo plazo, de manera que puedan crear valor para sus grupos de interés y no solo solventar problemas puntuales en el corto plazo.

Por supuesto, todo lo anterior no tendrá nunca sentido si no se pone en perspectiva y se recuerda el objetivo principal del análisis y gestión de los riesgos ESG: mejorar el impacto del negocio en la sociedad.

Las empresas comprometidas con la sostenibilidad son capaces de producir un gran valor económico, contribuyen a establecer ecosistemas saludables, e insuflan vida a comunidades fuertes y prósperas.

Y solo así, con decisiones audaces y planes estratégicos en los que ‘sostenibilidad’ sea mucho más que una palabra de moda, podremos por fin no solo contestar afirmativamente a la pregunta que planteábamos al principio del artículo, sino contribuir a un futuro mejor para todos.

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