Un pasaje a la India

CE21 diciembre 2007
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«Hace muchos años fijamos una cita con el destino, y hoy ha llegado el momento de hacer realidad esa promesa…Con las campanas de la medianoche, mientras el resto del mundo duerme, la India se despertará para comenzar a vivir en libertad. Llega el momento, que no sucede sino muy raras veces en la historia, en el que daremos un paso hacia lo nuevo alejándonos de lo viejo, en el que una época termina y el alma de una nación, largo tiempo adormecida, encuentra su expresión» NEHRU, 15.08.47. Discurso con motivo de la independencia de la India.

En las dos últimas décadas, el «tigre» parece haber despertado. Da la impresión de que las palabras que pronunció Nheru el 15 de agosto de 1947, para celebrar la independencia de la democracia más grande del mundo, hubiesen necesitado 60 años para llegar a todos los rincones del país.

Distintos foros, centros de estudios y medios de comunicación, repartidos por todo el mundo, se han apresurado a hacer balance de la situación del país asiático, con ocasión de la celebración del 60 aniversario de la independencia de la India (15 de agosto de 2007).

Aunque las opiniones sobre los logros conseguidos son tan variadas como el color de los saris, hay un elemento en el que parecen coincidir todos los análisis: la India se encuentra en una encrucijada.

El «boom» económico que vive el subcontienente, tiene que servirle para dar el salto que le incorpore definitivamente al club del mundo desarrollado. Y para ello, debe hacer un esfuerzo por eliminar las, todavía, enormes desigualdades y el peso de un Estado, lastrado por la burocracia y el exceso de control. Ahora sí, parece haber llegado el momento de hacer realidad las palabras de Nheru.

En realidad, como señala Gurcharan Das («India Unbound: From Independence to the Global Informatio Age»), el mandato de Nheru tuvo más luces que sombras. Su promesa de crear un socialismo que eliminase la pobreza e impulsase una sociedad más igualitaria acabó en un estatismo, que terminó por ahogar la actividad económica en una maraña de reglamentos y normas.

Nheru nunca supo sacudirse sus prejuicios contra el «capitalismo», alimentados por el tradicional desprecio de la casta de los brahmines a la actividad comercial y también por su ingenua confianza en el modelo económico desarrollado entonces por la Unión Soviética.

La situación no mejoró durante el gobierno de su hija, Indira Gandhi. En su mandato aumentaron los controles sobre la economía, el peso de la burocracia estatal y la consiguiente corrupción que se extendió a todos los niveles de la administración. A la ineficacia de la política económica, se sumo más tarde el recorte de las libertades impulsado por Indira para evitar ser juzgada de corrupción ante los tribunales.

A finales de los ochenta, la India se encontraba prácticamente en bancarrota, con el país fuertemente endeudado, un sector público ineficiente y la balanza comercial en números rojos, debido a la fuerte subida del petróleo y otras materias primas.

Tras el asesinato de Rajiv Gandi (el hijo de Indira), en plena campaña electoral, a manos de un terrorista, el Partido del Congreso, ganador de las elecciones, acordó designar como Primer Ministro a Narasimha Rao, una persona de 70 años, más bien gris, pero gran conocedor de los entresijos políticos y el único capaz de suscitar el necesario consenso dentro del Partido para acometer la reforma económica que sacase al país de la crisis.

Uno de los mayores aciertos de P.V. Narasimha Rao en 1991 fue nombrar como ministro de finanzas a Manmoham Singh, un técnico no contaminado por las luchas de partido, que había sido Gobernador del Banco Central y Presidente de la Comisión Sur-Sur de Naciones Unidas en Ginebra. Allí tuvo ocasión de conocer en profundidad el milagro del crecimiento de los tigres asiáticos y convencerse de la necesidad de abrir la autárquica economía india al exterior.

Ninguno de los dos personajes participaba de la grandilocuencia de los Gandis, pero ambos contaban con un gran sentido práctico que fue decisivo para impulsar las necesarias reformas económicas. Y lo cierto es que éstas no pudieron llegar en mejor momento.

En efecto, dos tendencias globales se han dado la mano en este final y comienzo de milenio, y las dos parecen soplar a favor de la India.

La primera es la revolución liberal, que ha barrido el globo en la última década, abriendo las economías que se encontraban aisladas e integrándolas en el movimiento de la globalización. Las reformas económicas, impulsadas por la India en 1991, facilitaron e impulsaron, por primera vez desde la independencia, esta integración de la India en la corriente económica mundial.

Las medidas tomadas por el primer ministro P.V. Narasimba Rao: abriendo la economía a las inversiones extranjeras y el comercio; desmantelando los controles a las importaciones, bajando los impuestos aduaneros, devaluando la moneda, eliminando los controles estatales y las licencias sobre las inversiones privadas, bajando las tasas e impuestos y eliminando el monopolio del sector público, han sido el mejor bálsamo para impulsar el desarrollo económico del país.

Como consecuencia de las reformas, el crecimiento económico se alzó hasta el 7,5 por ciento anual en los años noventa, la inflación cayó del 13 por ciento al 7 por ciento en 1993 y las reservas crecieron de mil millones de dólares a veinte mil millones de dólares. Desde entonces la economía ha estado creciendo a una media del 7% y las previsiones para el 2007 se sitúan en el 10%.

El volumen de inversión extranjera directa, que siempre se ha señalado como una de las desventajas del país, ha crecido desde 100 millones de dólares a comienzo de los años noventa hasta los 5,5 mil millones de dólares en la actualidad.

La segunda tendencia es la revolución de la sociedad del conocimiento dominada por las nuevas tecnologías de la información.

En estas nuevas coordenadas, la India goza de una clara ventaja competitiva sobre los demás países por su extraordinario desempeño en la creación e impulso de las empresas tecnológicas, especialmente en el sector del software.

El país, sin embargo, tiene por delante grandes retos. Como señala Ranjit Pandit, director de la oficina de McKinsey en Mombay : «si la India quiere seguir manteniendo el crecimiento actual, es necesario que profundice aún más en las desregulación de algunos sectores de la economía: como el sector financiero, el de la distribución, el de medios de comunicación y el sector de defensa; así mismo, debe flexibilizar el mercado de trabajo, que es uno de los más rígidos; disminuir el peso del estado impulsando una política más activa de privatizaciones de empresas públicas y, sobre todo, acometer fuertes inversiones en infraestructura, en especial en carreteras, aeropuertos, la red de ferrocarriles, energía y agua; es precisamente el déficit en infraestructuras lo que más esta perjudicando a la India frente a China, que ha sido extremadamente cuidadosa en este punto, a la hora de atraer la inversión extranjera».

BANGALORE: LA CIUDAD QUE NO QUISO A WINSTON CHURCHILL. «¡Honey. The world is flat.» Estas cinco palabras, pronunciadas por Thomas Friedman, periodista del New York Times y uno de los escritores más influyentes, ganador de tres premios Pulitzer, no tardarían mucho en titular uno de los libros más leídos, recorrer todo el planeta y convertirse en el lema de los defensores de la globalización.

Una visita a Bangalore, el Silicon Valley de la India, le convenció a Friedman de que el mundo, gracias a las nuevas tecnologías, había dejado de ser una esfera para convertirse en una superficie en la que todos se encuentran en condiciones de igualdad.

Las tecnologías de la comunicación y el desarrollo de la industria del software permiten hoy en día desagregar cualquier trabajo en procesos, codificarlos y transmitirlos a próxicualquier rincón del planeta. Y el lugar que esta liderando esta nueva revolución, más potente que la revolución industrial, es una ciudad situada en el sudeste de la India: Bangalore.

Hace apenas quince años, Bangalore era conocida por ser la ciudad elegida por muchos funcionarios y profesionales para retirarse tras la jubilación, gracias a su extraordinario clima. Miles de personas llegaban cada año huyendo del calor y la humedad de Calculta, Delhi y Mombay.

A sus habitantes también les gusta recordar con orgullo que la ciudad ha dado a la India dos premios noveles, pero sobre todo que fue una hija de Bangalore la que se atrevió a rechazar la mano de Winston Churchill. Al parecer el joven Winston, siendo un joven oficial destinado en Bangalore, se quedo prendado de una beldad local.

Cuando escribió a su padre para solicitar su mano, éste después de conocer al joven rechazó la petición al no considerarlo un buen partido para su hija. Quien sabe si esa negativa fue la causa que provocó la crónica incomprensión del primer ministro británico hacía el país, hasta el punto de llegar a afirmar que: «La India es una mera expresión geográfica. Es un país tanto como lo puede ser la línea del ecuador».

Las cosas han cambiado mucho desde los tiempos del joven y fatuo oficial. Hoy en día, no estamos tan seguros de quien tenía más visión de futuro, si el primer ministro británico o el padre de la joven pretendida.

Pero de lo que no tenemos ninguna duda es que Bangalore se ha convertido en la «capital del futuro». Y la capital del futuro tiene también sus líderes, y, entre ellos, hay un nombre que se repite de boca en boca: Infosys.

La empresa líder mundial en servicios de software y nuevas tecnologías, la «backoffice» de las principales multinacionales se encuentra localizada a unos 15 kilómetros de la ciudad. Después de luchar con el caótico tráfico, esquivar las vacas y los cientos de transeúntes, que cruzan la carretera cargados con sus mercancías, se llega al edificio central de Infosys, situado en un «campus» de 40 acres.

A los visitantes los conducen a una sala de presentaciones con capacidad para 150 personas y equipada con todos los adelantos tecnológicos imaginables. La sala, presidida por un enorme monitor y cuatro cámaras, que apuntan automáticamente al presentador o las personas que durante la sesión informativa plantean alguna pregunta, proyectando la historia de la compañía del futuro.

Infosys se creo a principios de los años 80 por un grupo de seis ingenieros informáticos con un capital de 600 dólares. En la actualidad la empresa cuenta con 72.000 empleados, factura más de tres mil millones de dólares, esta presente en 17 países y durante los últimos cinco años sus ventas y beneficio neto han mantenido un crecimiento anual del 50%. Sin duda, es una de las empresas más admiradas en la India.

La mejor prueba de ello es el número de solicitudes de trabajo que reciben cada año: durante el año 2006 se cursaron 1.302.368 peticiones de trabajo, 316.704 candidatos fueron entrevistados y 36.664 fueron finalmente seleccionados, es decir sólo un 2% de los candidatos.

Teniendo en cuenta que la industria del software es un sector en el que la captación de talento resulta crítica, está claro que Infosys tiene una clara ventaja sobre sus competidores.

El futuro de la industria a corto plazo sigue siendo muy optimista. Para el próximo año 2.008 se espera que los ingresos por las exportaciones del sector alcancen la cifra de 50 mil millones de dólares, aunque la debilidad del dólar y la fortaleza de la rupia está afectando sensiblemente las cuentas de resultados de las empresas tecnológicas, hoy por hoy muy dependientes del mercado norteamericano. La mayoría de ellas, conscientes de esta dependencia, comenzaron hace tres años una estrategia de diversificación apuntando al mercado europeo que ya supone un 25 % de sus ingresos totales.

El éxito de las empresas indias se debe en gran medida al hecho de que el país ha podido contar con profesionales altamente cualificados con salarios muy competitivos. Sin embargo, hay varios frentes que la industria debe afrontar si quiere seguir manteniendo su liderazgo en este campo.

Para sostener las expectativas de crecimiento, se estima que el sector debe incrementar su fuerza de trabajo en 2,3 millones de profesionales. El país ha estado formando a unos 68.000 profesionales cada año, una cifra claramente insuficiente para cubrir la demanda actual.

A la falta de suficiente mano de obra cualificada hay que añadir la creciente movilidad de los profesionales indios a Estados Unidos y Europa tentados por mejores salarios.

La deserción de profesionales de la industria del software a países desarrollado antes de la recesión del año 2000 era del 16%. Aunque existen planes por parte del gobierno para triplicar la cantidad de profesionales formados para finales del 2008, está claro que si no se toman otras medidas existe un riesgo claro de que el crecimiento de este potente sector de la economía disminuya sensiblemente su velocidad.

Por otra parte, la ventaja en costes está disminuyendo de año en año. Los salarios vienen experimentando crecimientos anuales del 20% y las empresas se han dado cuenta que la única manera de sostener su ventaja competitiva es moverse a lo largo de la cadena para prestar servicios con mayor valor añadido.

El sector no quiere seguir siendo percibido exclusivamente como un proveedor de servicios de outsourcing a bajo coste, sino como un proveedor de soluciones tecnológicas integrales para la empresa. Este reto requiere, por una parte, realizar un esfuerzo considerable en innovación y desarrollo de nuevos productos y, por otra, asignar más recursos al desarrollo, captación y retención del talento.

En cuanto al desarrollo del talento, nadie discute la capacidad y preparación de los profesionales indios desde el punto de vista analítico y cuantitativo.

Las carencias principales, sin embargo, se encuentran en las áreas del management y el liderazgo.

«INDIA IS BOOMING» Y SIN EMBARGO… Son indudables las mejoras que ha experimentado el país en los últimos dos decenios. Durante el período 1973-1974 y 1999-2000 la incidencia de la pobreza, expresada como porcentaje de las personas por debajo de la línea de la pobreza, ha decrecido constantemente del 54,9% al 26%.

El país se pone como ejemplo de las bondades de la globalización: ha ascendido a la primera liga mundial en términos de crecimiento económico, las exportaciones en el sector de la industria de software registran un auge enorme y los consumidores emergentes de la clase media (cerca de 300 millones) han animado a invertir a muchas multinacionales extranjeras en este nuevo y apetitoso mercado.

«India is booming», se escucha y se lee en cualquier periódico con ocasión del 60 aniversario de la Independencia. Pero esa certeza no consigue tranquilizar a nadie.

La pobreza sigue siendo «insultante», las situaciones de indigencia forman parte del paisaje cotidiano, y las cifras de crecimiento y la indudable mejoría de la economía no consiguen, sin embargo, mitigar el dolor de una realidad dramática para cientos de millones de personas.

Algunas de la ciudades del Sur de la India pueden estar experimentando un auge tecnológico, pero uno de cada 11 niños mueren antes de cumplir los cinco años, uno de cada diez niños y más de una de cada cuatro niñas no asisten a la escuela primaria. Pero más allá de las cifras, basta salir del «refugio» del Hotel y recorrer las calles de cualquier ciudad o recorrer las aldeas para despertar del sueño del progreso.

Quizá por eso el Primer ministro indio, Manmoham Singh, en su discurso de conmemoración de los 60 años de independencia, el pasado 15 de Agosto recogió el testigo de Nehru y con igual solemnidad declaró que la eliminación de la pobreza y la creación de empleo para todos, deberá centrar los esfuerzos de los próximos 60 años: «Cuando nos preparamos a celebrar los 60 años de nuestra independencia no podemos caer en la autocomplacencia por los logros alcanzados. India no podrá mantener su posición en el mundo hasta que todos los ciudadanos de nuestro país estén en condiciones de convertirse en personas productivas y creativas capaces de vivir una vida digna». Que así sea.

Empresas españolas en la India

La presencia de las empresas españolas en la India es, hoy por hoy, casi testimonial.

Como señala un reciente informe elaborado por Casa Asia («La empresa española ante el reto de la India», octubre de 2007, www.casaasia.es): «las empresas españolas aun saben muy poco de India como destino de inversión extranjera, a pesar de que el ranking de AT Kearney ha situado aquel país entre los destinos más atractivos para invertir».

La inversión de las empresas españolas se ha centrado en los mercados de América Latina y Europa por razones históricas y culturales. Si atendemos a los flujos de inversión bruta en el subcontinente en los últimos diez años, éste apenas ha alcanzado los 10 millones de euros en ese período, si dejamos algunos picos de inversión que se produjeron en el año 2002 y 2006.

De acuerdo con el referido informe de Casa Asia, la mayoría de nuestras empresas (el 65%) se implantó a partir del 2000, y el resto durante la década de los noventa.

Entre el mercado asiático, China sigue ostentando la prioridad en nuestras empresas: la Oficina Comercial de España en Shanghai cifraba en el 2007 en unas 400 las firmas españolas implantadas en China, mientras que Casa Asia estima que las empresas españolas en India no llegan a un centenar.

Llama la atención que, en la actualidad, únicamente una empresa española esta instalada en Bangalore, la capital que ha liderado y situado a la India como principal proveedor en servicios de software y TI.

De acuerdo con una encuesta elaborada entre los empresarios españoles con presencia en la India, las empresas expresaron en su inmensa mayoría una gran satisfacción por la trayectoria y los resultados obtenidos en India, con planes de expansión en el futuro (más de un tercio de los encuestados señalaron a la India como uno de sus mercados prioritarios para los próximos años).

Las empresas encuestadas, cuando comparan el mercado de la India con el de China, destacan en favor de la India su recurso humano altamente cualificado y las mayores afinidades culturales y lingüísticas; por el contrario, China ofrece muchas más ventajas en el desarrollo de las infraestructuras y las generosas políticas fiscales y de apoyo a la inversión.

El 80% de la actividad empresarial española está concentrado en cinco empresas cuatro catalanas (Ficosa, Taurus, Mango y Banco de Sabadell) y una andaluza (Abengoa). Ficosa, la empresa de componentes de automoción, firmó un acuerdo de «joint-venture» con Tata en 1998. Actualmente tiene 3 fábricas en Pune, con 450 empleados y una facturación de 13 millones de euros.

La producción de Ficosa se dirige tanto al mercado interno como internacional.

Taurus, la empresa de electrodomésticos, es otra de las compañías que ha identificado el alto potencial del mercado interior indio.

En el año 2004 compró una empresa local en dificultades financieras (Inalsa), y, en apenas dos años, facturó 9 millones de euros y había abandonado los números rojos.

La historia de Mango en la India también es muy reciente. En el año 2001 abrió su primera tienda y, en la actualidad tiene ya seis establecimientos repartidos en las principales ciudades (Delhi, Mumbay, Bangalore y Hyderabad).

El Grupo Abengoa probablemente sea una de las compañías decanas en el país. En 1994 logró su primer contrato de infraestructuras: gestión de la red eléctrica, al que siguieron otros en diversas áreas (gestión de residuos, gestión de aguas, desaladoras, etc.).

El único banco en la actualidad con presencia en India es el Banco de Sabadell que en el año 2004 abrió una oficina de representación en Delhi, después de un largo proceso de toma de contacto con el país que duró 10 años.

Por CE
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