La ética (o más bien la falta de) de las auditoras

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¿Deben hacer consultoría las empresas auditoras? La respuesta es NO. Se acuerdan del escándalo de Enron; entonces se decidió separar las actividades de consultoría y auditoria para evitar los posibles conflictos de intereses que podían generar ambas actividades.

No se puede ser juez y parte.

Es difícil que las empresas auditoras den una opinión negativa de una empresa auditada si pueden poner en peligro su negocio de consultoría. Esa fue, entre otras, la razón que motivó la Ley Financiera, que entró en vigor en España en 2002, la reforma que llevó a cabo la Comisión del Mercado de Valores de EEUU (SEC) y la Directiva Europea de Objetividad e Independencia de los auditores que impiden a las firmas que realizan trabajos de auditoría la prestación de servicios de consultoría de sistemas a sus clientes, en tanto que revisarían parte de un trabajo que ellos mismos han diseñado. Pero el negocio de la consultoría es demasiado suculento y por eso PriceWaterhouseCoopers (PwC) compró el pasado año la consultora estratégica BearingPoint.

No es un problema sólo de Price, este camino lo están siguiendo el resto de las «Big Four» (Deloitte, KPMG y Ernst&Young). Tan suculento puede llegar a ser el pastel que PriceWaterhouseCoopers ya se anuncia a página completa ofreciendo sus servicios de consultoría a las empresas (¿Cómo quieres jugar este partido?) para afrontar la actual crisis económica. Se nos dirá que la consultoría estratégica es diferente de la consultoría de sistemas, que funcionan como entidades separadas, que se han establecido «murallas chinas» para evitar posibles conflictos…, pero todos sabemos que son simples excusas para justificar lo injustificable.

Nuestra única duda es simplemente ¿quién es menos ético: las empresas auditoras o las empresas que contratan a la misma organización servicios de consultoría y auditoría?

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