¿El paraíso de los niños o su maldición?

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Que África está llena de niños es un lugar común. No hay más que moverse por cualquier ciudad para verlos a millares. Cuando nos encontramos con ellos en la calle nos sonríen, parecen felices, pero no siempre es así. La imagen se rompe cuando extienden la mano y nos piden dinero.

Detrás de ese simple gesto hay miles de historias, la mayor parte de ellas bastante sórdidas.

Cuando damos una moneda a un niño ponemos en marcha un mecanismo infernal, en muchos casos impulsado por sus propios padres. En otros casos son ellos mismos los que ven un dinero fácil al alcance de la mano. ¿Para qué trabajar si pidiendo dinero a los blancos gano más que mi padre? O mucho peor: ¿Para qué trabajar si con la prostitución gano para todos mis caprichos y necesidades?

En algunos países como Benín, los niños todavía son objeto de transacciones comerciales de padres que no pueden mantenerlos, los «donan» a familias que los utilizan para las labores domésticas o agrícolas, afortunadamente esta práctica está desapareciendo. Aparte de esas situaciones y otras más graves, como es el caso de los niños soldados. Los niños en África son felices, probablemente tan o más felices que los nuestros, pero por favor ¡nunca les deis una moneda!

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