Día solidario de Unión Fenosa

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En Unión Fenosa el empleado tiene un protagonismo en muchos de los ámbitos de gestión de la empresa que no es común a muchas otras organizaciones. Uno de los proyectos en los que este papel activo se hace más patente es el Día Solidario.

Iniciativa de acción social que partió en 1997 de un grupo de empleados, y que desde entonces no ha dejado de ganar cada vez más aceptación en todas las empresas del grupo. Hoy en día cuenta con 2.500 miembros que contribuyen con una parte de sus ingresos a la realización de diferentes acciones de apoyo en países en vías de desarrollo.

CÓMO NACIÓ LA INICIATIVA. El proyecto internacional de Unión Fenosa ha experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años. Como resultado de esta estrategia de expansión, a mediados de los noventa, grupos de técnicos e ingenieros de Acción y Estudios Unión Fenosa (ACEX) viajaban con frecuencia a países africanos y latinoamericanos para realizar labores de consultoría con empresas del sector.

Las condiciones de vida eran allí tan duras, y los problemas sociales tan acuciantes, que se plantearon intentar algún tipo de iniciativa que les llevara a intervenir de forma positiva dentro de la comunidad.

«En 1996, estábamos trabajando en Kenia junto al Lago Victoria. Observamos que los pescadores tenían unas barcazas inservibles con las que a duras penas podían pescar», recuerda José Luis Castro, responsable del Día Solidario.

«Queríamos ayudarles y se nos ocurrió la idea de reunir dinero para comprar unas barcazas nuevas; pero ellos nos reconocieron que, si lo hacíamos, las mafias vendrían y se las robarían. Aquello me hizo pensar: ‘¿qué es lo que podemos dar a estas personas que les sirva realmente y nadie les pueda arrebatar?’. Enseguida comprendí que la única respuesta era la formación».

Castro, en aquel momento director de Marketing Internacional, era un ingeniero con larga experiencia en Unión Fenosa que había sido durante los años ochenta el ingeniero jefe de uno de los sectores hidráulicos de Unión Fenosa.

Las centrales se encontraban habitualmente muy aisladas de los entornos urbanos y mal comunicadas debido a sus necesidades naturales de instalación (saltos de agua, embalses, etc.). Por ello, en torno a cada una de ellas se constituía una comunidad formada por los ingenieros, técnicos y operarios, y sus familias, y equipada con todas las facilidades para cubrir sus necesidades de desarrollo personal y social: escuelas, servicios de aprovisionamiento, infraestructura para actividades sociales, etc.

De esta forma, el ingeniero jefe se convertía en un gestor generalista (una especie de alcalde) de los llamados «poblados». La productividad y la buena marcha de los aspectos de negocio iban indisolublemente ligadas al bienestar de la comunidad.

Este concepto emergente de «complicidad con el entorno» como clave de la eficiencia de la empresa se ha mantenido a lo largo de los años, y ha trascendido el espíritu del Día Solidario. De hecho, se está convirtiendo en una de las palancas de responsabilidad social corporativa de Unión Fenosa.

José Manuel Velasco, director de comunicación, lo expresaba así: «La empresa ya no sólo tiene que crear bienestar para sus accionistas, sino que también tiene que crearlo para los trabajadores, los proveedores y el entorno próximo, entendiendo éste último como aquél donde se genera el producto o se comercializa la actividad, con el objetivo (confesable) de ganar dinero».

CÓMO SE ORGANIZA UN DÍA SOLIDARIO. La sensibilidad por el contexto social que rodea a la presencia de Unión Fenosa en su ámbito de expansión se veía reflejada también en el espíritu y en muchos de los aspectos de implantación del Día Solidario, tal como fue concebido originalmente por Castro y sus compañeros.

La idea central fue ofrecer a cada empleado que quisiera participar en el proyecto la posibilidad de donar el equivalente a un día de su salario anual para realizar proyectos de acción social. Dicha contribución se deduciría de su paga extraordinaria de verano de forma automática.

La primera vez que esta iniciativa fue puesta en marcha, en 1996, contó con el apoyo de 126 empleados. Dada esta acogida, el siguiente paso era ganar el permiso y, a ser posible, el compromiso de la alta dirección. La relación de José Luis Castro con el entonces Consejero Delegado del grupo, Victoriano Reinoso, venía de 1982, cuando se produjo la fusión inicial de Unión Eléctrica Madrileña y Fenosa.

Reinoso, que participaba a título personal en organizaciones orientadas a la acción social, resultó ser muy receptivo a la propuesta. Su implicación fue tanto personal, contribuyendo con su día de salario como cualquier otro empleado, como corporativa: Unión Fenosa se comprometió a realizar una aportación anual adicional, equivalente a lo que el Día Solidario consiguiera a través de sus empleados.

Desde sus comienzos, la gestión del proyecto recibió especial atención, para maximizar las inversiones realizadas con las donaciones y garantizar el cumplimiento de los objetivos acordados para cada año. Con tal fin, el Día Solidario cuenta con las siguientes personas:

1. Un equipo gestor, formado por cuatro miembros permanentes en España (entre ellos dos de las personas –José Luis Castro y Leandro Villasante- que, junto a Alfonso Serrano, fueron los protagonistas de su creación) y otros dos miembros temporales pertenecientes a la comunidad en la que se financia la acción de cada año.

2. Un equipo logístico de tres personas encargadas de los detalles operativos de la organización general del Día Solidario en el ámbito de Unión Fenosa.

Los miembros temporales también pertenecen a Unión Fenosa y, asimismo, Impacto entre los empleados Desde los inicios en 1996 con sus 126 miembros, el Día Solidario ha ido calando en las sensibilidades de otros muchos empleados, hasta llegar a los dos mil quinientos empleados este año. Además, en este tiempo el Día Solidario ha vivido varios hitos singulares que ponen de manifiesto el impacto de esta idea entre el colectivo de empleados.

Una de las herramientas de comunicación con las que cuenta Unión Fenosa es una revista que se distribuye a todos los empleados, tanto en activo como jubilados. Por esta canal los jubilados de la empresa eléctrica conocieron del Día Solidario y algunos de ellos solicitaron participar en la iniciativa.

La jubilación y los años transcurridos no les habían alejado de la compañía y se sentían absolutamente legitimados para integrarse en el proyecto. Actualmente casi 200 jubilados aportan dinero en el Día Solidario.

Y, no sólo han sido los jubilados. Los trabajadores de las empresas subcontratadas también han solicitado poder colaborar. Así recientemente se ha constituido la Asociación de Amigos de Unión Fenosa, que reúne a los empleados subcontratados que aportan un día de su sueldo al Día Solidario. cuenta con una ONG local que se selecciona como contraparte para el desarrollo del proyecto.

«De esta forma garantizamos que los fondos recaudados no pasan por intermediarios, sino que se gestionan siempre por personas comprometidas con el proyecto», indica José Luis Castro.

Además, cuentan con la participación permanente de la Fundación Empresa y Sociedad que presta su asesoramiento, contribuye a la selección del proyecto a financiar y audita las cuentas anuales del Día Solidario.

Cada empresa del grupo aporta el equivalente al total de las donaciones de sus empleados. No existe un presupuesto global corporativo destinado a tal fin.

Fundación Empresa y Sociedad canaliza las donaciones y legitima la parte fiscal correspondiente, tanto para los miembros individuales como para las empresas.

Por su parte, el equipo logístico se encarga de la operativa de la recaudación de los fondos y de la gestión de las altas y bajas anuales, así como de informar a los interesados sobre el proyecto. Las personas que forman dicho equipo pertenecen a diferentes áreas de la empresa y colaboran de forma voluntaria compatibilizando esta labor con sus obligaciones diarias.

De la misma forma, la interlocución entre el Día Solidario y el resto de Unión Fenosa se articula a través de Recursos Humanos, pero su participación no es en absoluto directiva. En palabras de Antonio Fuertes, «desde Recursos Humanos ponemos los medios, nada más. No tenemos intención de participar de otra forma, ni de estimular otras posibles acciones puntuales. El proyecto está más bien ligado a las líneas, a los técnicos o a los responsables, que son los que ven las necesidades in situ».

DÓNDE VA EL DINERO. El equipo gestor constituido cada año decide cuál será el proyecto de intervención para el año siguiente. En los últimos años se han solicitado públicamente ofertas de proyectos para financiar, siempre dentro de los países en los que Unión Fenosa tiene algún grado de presencia. Esta condición se considera imprescindible para garantizar la transparencia en la gestión de los fondos.

Además, la experiencia de Kenia había determinado el contenido esencial de la intervención social: a partir de ese momento, se eligieron las acciones de educación y formación como los pilares centrales de acción del Día Solidario. En concreto, se decidió subvencionar los estudios de secundaria de un conjunto de niños en Kenia. Una vez finalizada esta etapa, aquellos niños que la superaran con éxito recibirían asimismo ayudas para continuar las etapas universitarias.

El mismo afán de construir acción social en torno a la formación de las personas ha generado el resto de las decisiones de intervención en los diferentes países.

Tras este objetivo de formación se encuentra también el interés por revertir los resultados de la acción social en la propia comunidad, en muchos casos incluyendo a la propia empresa como parte integrante de ella.

Así lo señala José Luis Castro: «Es emocionante ver que, cuando finaliza cada uno de estos proyectos, los participantes se muestran enormemente agradecidos, y nosotros les insistimos en que reviertan su agradecimiento sobre su propio entorno. Es en este punto donde la acción cobra verdaderamente su sentido: cuando conseguimos cualificar a una persona para que intervenga de forma positiva sobre su comunidad».

EL PAPEL DE LA COMPAÑÍA. Desde el punto de vista corporativo, la empresa contribuye financiando los costes de viajes y el correspondiente lucro cesante (equivalente económico al tiempo empleado por una persona a actividades no directamente relacionadas con su actividad productiva) de los responsables del Día Solidario, que viajan a los países de intervención de acción social, bien en busca de nuevos proyectos, seguimiento de las acciones, o bien para celebrar el cumplimiento de los compromisos adquiridos en años anteriores.

A lo largo del proceso, la alta dirección ha intervenido puntualmente facilitando los procesos internos y estimulando el proyecto como vía de acción social.

La intranet corporativa ha permitido que se destine un apartado especial al Día Solidario, y además se realizan dos campañas al año, en Navidad y en verano, en las cuales se publica un banner en la misma intranet anunciando el proyecto.

El resto de las acciones de comunicación se deben a los esfuerzos personales de los miembros del equipo, que realizan una venta interna desde sus ámbitos específi- cos de trabajo.

En definitiva, la idea que ha condicionado el diseño e implementación de esta iniciativa se encuentra resumida en estas palabras de José Manuel Velasco: «El empleado es el elemento básico de credibilidad y, además, es quien tiene que impulsar cambios de comportamiento en la empresa… La tentación es poder controlar este tipo de proyectos, pero, si se hace, se convierten en marketing con causa, y entonces ya se ponen bajo sospecha de que hay algo detrás».

Por Cristina Simón, Ana Agüero y Juan Luis Martínez
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