Finanzas solidarias y rentables

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En estos años, un número cada vez mayor de organizaciones han ido perfeccionando sus propios métodos de prestar, mejorando sus tasas de recuperación de dinero, aumentando el impacto de sus programas, y lo que es aún mejor, haciendo sus operaciones rentables y por tanto sostenibles en el tiempo.

Este éxito ha demostrado que los pobres son buenos empresarios, son honestos con sus deudas, y son capaces de mejorar por sí mismos sus condiciones de vida con un poco de ayuda. Pero además, ha quedado demostrado que los pobres no sólo demandan crédito, igual que usted y yo no sólo acudimos a un banco cada vez que queremos un préstamo para un coche o una casa.

La demanda que los más humildes tienen de otros productos financieros diferentes al crédito ha quedado demostrada cuando varias instituciones comenzaron a comercializar con gran aceptación cartillas de micro ahorro para cantidades pequeñas, certificados a plazo fijo, ahorro programado grupal entre familiares y vecinos, microleasing, programas de ahorro y crédito vinculados a las remesas que envían los emigrantes en Estados Unido o en Europa, etc.

Hoy en día, son tantos y tan variados los productos financieros que pueden encontrarse entre las entidades sociales de ayuda al desarrollo, que hemos dejado de hablar de microcrédito, para adoptar el término microfinanzas para referirnos a este fenómeno que de forma callada, está transformando los barrios marginales y las zonas rurales de los países del tercer mundo.

ROMPIENDO MITOS. Dentro de las microfinanzas sin embargo, el microcrédito sigue siendo el producto financiero más común, más desarrollado y que ha alcanzado un mayor nivel de aceptación, en todo el mundo.

Los créditos son otorgados por entidades sin ánimo de lucro denominadas Instituciones Micro Financieras (IMFs), algunas de las cuales se dedican sólo a ello, y otras realizan además otras labores como programas de formación profesional, o de salud. También prestan a los pobres algunos organismos públicos como las Cajas municipales del Perú, que pertenecen al ayuntamiento de su ciudad.

Hay entidades financieras privadas que también prestan, pero en su mayoría tuvieron su origen en programas de ONGs que siguen siendo propietarias mayoritarias de las mismas.

En cuanto a los préstamos en sí, me gustaría romper algunos mitos. A menudo se tiene la idea que el microcrédito es prestar a los pobres sin interés, o a tasas subvencionadas por debajo del valor del mercado. Y como en Europa vivimos en un ambiente socioeconómico de tasas de interés bajas, se piensa que prestar dinero por encima del 10% anual es un abuso, y si el beneficiario del crédito es un pobre, es usura.

Estos dos mitos son falsos. Un programa de microcrédito debe ofrecer su dinero a tasas de mercado según el país en el que realice su trabajo. Si la inflación en un país supera el 10% anual, el interés cobrado siempre estará por encima de esta cifra, si se quiere mantener la capacidad de seguir prestando de la cartera de crédito.

Lo mismo sucede con la devaluación de la moneda local. En República Dominicana las tasas de interés anual son superiores al 30%. El aporte al desarrollo de estos programas está en la oportunidad que se ofrece al microempresario de acceder a dinero en préstamo, ya que los bancos tradicionales, que también tienen sus tasas por encima del 30% no le considera un cliente atractivo, y por tanto no le prestan.

De no existir estos programas la única alternativa que tienen estas personas para mantener sus negocios, y por tanto la alimentación, vivienda, salud y educación de sus familias, sería acudir a los prestamistas de su barrio, que entregan capital a tasas del 20% mensual, o lo que es lo mismo un 240% anual.

Curiosamente, los pobres que toman prestado de este tipo de programas no se quejan de la tasa sino de otros problemas como la lentitud en otorgar el dinero, o el papeleo que se exige. Los préstamos tampoco son mágicos.

Para poder medir el impacto de un programa de crédito hay que esperar al menos tres años de préstamos subsecuentes en un mismo microempresario.

En la mayoría de los casos devolver un préstamo a tiempo significa una línea de crédito abierta por uno nuevo, de mayor cuantía, y en mejores condiciones. Una mujer con una peluquería comenzará con un pequeño préstamo a cinco meses para comprar un secador de pelo, y cuando lo pague comprará una butaca de clientes, y luego comprará productos de belleza para comercializar a sus clientas, y luego mejorará el local con un espejo más grande, o con una sala adicional.

CRÉDITO A LA MEDIDA. La misma demanda de microcrédtos no solo ha ido creciendo sino que se ha diversificado mucho. El microcrédito se ha subdividido en productos específicos, como microcrédito para vivienda, para educación, para pequeños negocios, o incluso para acontecimientos inesperados.

Los de vivienda se usan normalmente para mejoras arquitectónicas y ampliaciones que ayudan a la familia a mejorar sus condiciones de vida; construcción de sanitarios, electrificación, colocación de suelos en concreto, tapado de goteras y grietas, etc.

Los de educación permiten a la persona acceder a formación profesional especializada o universitaria. Los de pequeños negocios normalmente se usan para compra de mercancías para la venta, pero se intenta asesorar al beneficiario para que use al menos parte del dinero para mejoras en su local, si lo tiene, ya que esto es un activo fijo que aumenta el valor de su microempresa.

Los créditos para acontecimientos inesperados entran en la categoría de microcréditos para el consumo, algo así como una tarjeta de crédito en la que no se pregunta el destino del dinero, sino que se confía en la buena fe del beneficiario, que normalmente lo emplea en necesidades.

Otra clasificación habitual para diferenciar unos microcréditos de otros es el número de personas beneficiarias. Los créditos de una sola persona son denominados «individuales», y los de varias, «grupales». Y entre los grupales podemos encontrar entre otros, créditos solidarios (en los que el grupo se responsabiliza si uno de los miembros no puede pagar) o asociativos (en los que dos microempresas se individuales se unen para tomar un préstamos mayor pero sin garantía de una sobre la otra).

En este sentido cobran mucha fuerza las características culturales del país. La cultura de los habitantes de Haití, por ejemplo, es muy grupal, de pertenencia a una comunidad, debido a su origen cultural tribal de raíz africana.

Es por ello que en este país, programas de crédito como los que desarrollan ONGs como Finca Haití están basados en el crédito grupal bajo una metodología conocida como Bancos comunales.

Sin embargo, en la misma isla del Caribe, al otro lado de la frontera en la República Dominicana, la cultura es mucho más personal, y casi todos los intentos de realizar créditos solidarios han fracasado. Esto es porque tradicionalmente si un dominicano de un grupo no paga, el resto del grupo tampoco lo hace, de modo que la mayoría de las IMFs dominicanas han optado por el crédito individual.

En todo este mundo de las microfinanzas, las mujeres son mejores clientes, en cualquier país. Los indicadores que miden la cobranza, o el impacto de los programas en la mejora de las condiciones de vida de las familias señalan a las mujeres como mucho mejor administradoras que los hombres. Da igual si hablamos de Bangladesh, Senegal o Nicaragua.

Uno de los aspectos positivos del microcrédito y del que se habla poco, es que permite a las personas salir por sí mismas de sus condiciones de pobreza. Con esta metodología se hace realidad el adagio de enseñar a pescar en lugar de regalar un pescado. Los beneficiarios de crédito son personas que han mejorado su autoestima, su ilusión en la vida, y en términos generales su esperanza.

No es el cuento de la lechera, es una realidad que puede constatarse a diario ya que muchos de estos programas, además de prestar dinero ofrecen a los microempresarios apoyo en formación profesional, y asistencia técnica para administración del negocio. Se imparten cursos de contabilidad básica, atención al cliente, manejo de inventarios, o consejos prácticos de marketing, entre otros.

DEL CRÉDITO AL AHORRO. Se está empezando a romper el mito de que los pobres siempre piden y nunca pagan. Y se ha logrado pulverizar el mito de que los pobres no ahorran. Los pobres sí ahorran. Lo hacen proporcionalmente más que los ricos, puesto que en las contingencias a las que se enfrentan a lo largo de sus vidas carecen de apoyo alguno.

Una enfermedad, un despido del trabajo, la muerte de un familiar, o la boda de una hija, son acontecimientos comunes, y además caros. Entre los más humildes, en países donde no existe seguridad social estatal, guardar un dinerito «debajo del colchón», o bajo una baldosa es la única garantía para sobrevivir a un imprevisto.

Es por ello que las mismas entidades que prestan en los barrios marginales, han detectado una demanda creciente de guardar el dinero en un lugar seguro, siempre a mano, aunque la cantidad sea poca. Se han dado cuenta también que a lo largo de los años de acción de crédito en un sector, se ha generado una relación de confianza entre la institución y estos pequeños ahorrantes.

Es más, con el dinero que toman en ahorro a unos, pueden atender la demanda de microcrédito de otros. Al comenzar a operar de este modo, han ampliado su oferta de productos, y se han convertido en realidad en bancos de y para pobres. Del mismo modo que existen diferentes clases de microcrédito, también existen diferentes clases de microahorro.

Hay personas humildes que ahorran de forma grupal, como es el caso de las denominadas «roscas» o «sanes» en las que varios vecinos aportan una cantidad mensual, y cada mes uno de ellos recibe la totalidad del ahorro sumado de todos.

Este tipo de asociaciones promueve con frecuencia entre las entidades de microfinanzas. Otro tipo de ahorro es el ahorro programado, en el que se estipula una cantidad mensual que debe depositar el cliente, como una obligación a cambio de un interés muy alto. Sin olvidarnos de las cartillas de ahorro tradicionales, y en algunos países incluso se ofertan tarjetas de débito.

Merece la pena destacar que los clientes de crédito son diferentes de los de ahorro. Una persona que pide prestado es normalmente un emprendedor, a quien le gusta asumir riesgos, y mentalidad progresista, por regla general un pequeño empresario. Una persona que acude a una entidad microfinanciera para abrir una cuenta de ahorro es una persona más conservadora, cautelosa, poco amiga del riesgo, y con los pies en la tierra, por regla general un empleado de una empresa grande, o de alguna entidad del Estado.

Muchos de los bancos tradicionales se han dado cuenta que los pobres son clientes buenos, y que aplicando las tecnologías sociales de las ONGs que han inventado las microfinanzas, pueden satisfacer la demanda de muchas personas, y ganar dinero con ellos. Muchos bancos han comenzado a ofrecer microcréditos en sus sucursales de toda la vida, o han comenzado a abrir oficinas en barrios marginales donde antes no entraba ni la policía.

Pero en general, la transformación se produce al revés. Son las ONGs que, ampliando su oferta de servicios a los más pobres se convierten en entidades financieras comunes. Dar el paso a esta bancarización, también recibe el nombre de transformación o regulación, ya que al convertirse en un banco, una entidad pasa a estar sometida a la inspección de las autoridades bancarias del país, a las regulaciones y estándares bancarios internacionales, y a la legislación vigente.

Estas nuevas entidades financieras mantienen un alto potencial de crecimiento, y por tanto una gran oportunidad de seguir apoyando a las clases más desfavorecidas. Para ello comercializan productos financieros de ahorro para ricos, en la forma de certificados a plazo fijo. De este modo pueden recibir inversiones privadas que pueden utilizar para ampliar su cartera de crédito.

En la práctica todos estos cambios hacen que una institución pierda su carácter de entidad sin ánimo de lucro, lo que significa que deben buscarse otras fórmulas para no abandonar el fin social de seguir atendiendo a los pobres.

Estos procesos son complicados y largos, pero bien llevados pueden ser eficientes motores de desarrollo en comunidades con muchas carencias. Sólo en América Latina, 14 entidades ya han dado el paso y otras 9 están en proceso de realizarlo.

LAS REMESAS, EL TEMA DE MODA. Las cifras de envío de dinero de emigrantes hacia sus países de origen son elocuentes por sí mismas. Se estima que unos 30.000 millones de euros viajan anualmente hacia América Latina desde Estados Unidos y Europa. En algunos países como El Salvador o Guatemala, el flujo de remesas supera los 2.000 millones de dólares anuales, y constituyen la principal entrada de divisas al país.

Este envío de dinero es un gran colchón que mitiga los efectos del subdesarrollo, ya que se subdivide en pequeños envíos de 100 a 300 euros que van directamente a las familias más necesitadas, aquellas cuyos familiares han tenido que emigrar para buscar una vida mejor.

Las remesas son una inversión directa, es cierto. Pero sin una política correcta pueden crear efectos negativos en la economía de los países que las reciben, pues no incentivan el trabajo de los familiares que se quedan, y no generan riqueza si se destinan únicamente al consumo.

Muchas entidades microfinancieras están intentando ayudar a que este flujo de remesas tenga un impacto beneficioso en las vidas de los más pobres, que son los beneficiarios de sus programas de microfinanzas, y a menudo reciben remesas de familiares en el exterior.

La idea es vincular las remesas con algún tipo de actividad productiva. Por ejemplo, a un microempresario que recibe remesas se le exigen menos garantías para otorgarle un préstamo si demuestra que parte del dinero que le llega de fuera también se invierte en el negocio.

Aún más, si la entidad se ha regulado y convertido en un banco para pobres, se pueden canalizar las remesas hacia cartillas de ahorro de los familiares en este banco, y a su vez, beneficiarse de programas de mejoras de vivienda en crédito por ejemplo, con garantía del dinero que entra cada vez. Algo así como los benefi- cios que un banco español otorga a un trabajador cuando domicilia su nómina.

Este tipo de iniciativas reduce sustancialmente los altos costes de transacción que habitualmente tienen estos servicios.

Resumiendo, el mundo de las finanzas para los más necesitados ha evolucionado, se ha transformado y se ha hecho más profesional, eficiente y eficaz. Aprendiendo de errores y aciertos, se ha ganado un espacio en casi todos los países en desarrollo como un motor de crecimiento que surge desde lo más marginado de la sociedad.

Incluso en los países árabes donde el préstamo es considerado prohibido por la cultura del Islam, se han encontrado fórmulas para ponerlo en marcha. Y aún más, el microcrédito ya no es exclusivo de países pobres. En el primer mundo comienzan a ofrecerse pequeños préstamos para emigrantes y poblaciones vulnerables.

A LA VUELTA DE LA ESQUINA. No es de extrañar que este método llegue a España. De hecho, y salvando las distancias, es una historia que se repite. Me refiero a entidades muy naturales para nosotros y que encontramos a la vuelta de la esquina, en cualquier ciudad española; las Cajas de Ahorros.

Estas entidades que hoy en día son bancos comerciales que operan como los demás, surgieron en el siglo XVIII cuando representantes de la entidad sin ánimo de lucro más grande del mundo (la Iglesia) comenzaron a ofrecer planes de monte de piedad, montepíos y otro tipo de créditos con garantía prendaria para conseguir mejorar las duras condiciones de vida de los españoles de entonces.

Poco a poco los productos financieros se fueron ampliando, mejorando y adaptando a la demanda hasta que hoy en día se cuentan entre los intermediarios financieros más sólidos de nuestro país.

Para no perder su fin social, las cajas se han obligado a sí mismas a devolver a la sociedad una parte de sus beneficios, para lo que han creado fundaciones, obras sociales e incluso programas de cooperación internacional.

El reto de las microfinanzas hoy en día está en seguir creciendo hasta que los usureros no tengan razón de existir, y para que el crecimiento natural de estos nuevos bancos para pobres, no pierda el carácter social que les dio vida.

Por Juan Manuel Díaz Parrondo

Damian von Stauffenberg: “Los microcréditos se dirigen a gente con bajos ingresos pero que tienen potencial productivo”

Damian von Stauffenberg es el fundador y director de MicroRate, la primera agencia de calificación para instituciones microfinancieras de América Latina. El Damian Stauffenberg creó MicroRate en 1997 después de desarrollar una larga carrera en el Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional.

Desde entonces MicroRate ha evaluado a más de 70 instituciones microfinancieras y ha abierto oficinas en Washington, Lima y Johannesburgo. Así, tras estos años Stauffenberg se ha convertido en un experto sobre la potencialidad de un mercado que afecta al 60% de la población de América Latina.

Muchas personas que conocen el microcrédito de forma superficial creen que es una forma de beneficencia porque tiene un impacto social importante sin embargo usted lo considera un nicho de mercado para el sector financiero ¿cómo se relacionan ambas cosas?

No necesariamente hay contradicción entre impacto social y rentabilidad. Desde luego no la hay en las microfinanzas. ¿Por qué? Las microfinanzas proporcionan un servicio esencial – microcréditos – a los pobres en los países en desarollo. Los créditos no se usan para consumo, sino para fines productivos. En otras palabras, generan ingresos para quien los recibe.

Estos ingresos le permiten al prestatario no solo repagar el principal y pagar los intereses sino también queda un remanente para ellos o, más frecuentemente,»ellas». De esta forma todos ganan.

Entonces ¿por qué la banca comercial apenas entra en este mercado?

Porque las técnicas que se emplean en las microfinanzas son completamente distintas de las que emplea la banca comercial. Un banco tradicional basa sus decisiones de crédito principalmente sobre las garantías ofrecidas por el prestatario.

Los pobres normalmente no tienen garantías que ofrecer. Si los tuvieran no serían pobres.

Entonces la decisión sobre un microcrédito está basada principalmente en el potencial del prestatario para utilizar el crédito productivamente.

Normalmente cuando se otorga un microcrédito la institución se pregunta: ¿puede el cliente, con este dinero generar suficientes ingresos para pagarnos y para cubrir sus necesidades de vida?. El crédito tiene que beneficiar al prestatario, sino el dinero se pierde.

¿Cree que la banca española tiene una oportunidad por su influencia en América Latina?

Indudablemente. Pero no, en primera instancia otorgando microcréditos ellos mismos. Más bien veo las oportunidades para la gran banca en proporcionar financiamiento adecuado a las instituciones especializadas en microcrédito.

De esta forma se logra una división de labores en la cual cada uno hace lo que saben hacer mejor: el banco comercial grande moviliza fondos y los canaliza a la institución de microcrédito. Éste a su vez se concentra en colocar los fondos con gente de bajos ingresos que tienen un potencial productivo.

Una alternativa de inversión en este sector son los fondos de inversión en microfinanzas ¿qué iniciativas existen en este sentido?

Los fondos de inversión especializados en microfinanzas tienen dos ventajas: conocen las mejores instituciones de microfinanzas y pueden diversificar el riesgo colocando sus inversiones en un gran número de instituciones.

Hoy en día todavía hay pocos fondos con esta especialización tal vez media docena. El más grande está registrado en Luxemburgo y está administrado por una empresa que se llama «Blue Orchard» con sede en Ginebra. Otro fondo está manejado por el Triodos Bank en Holanda. En Estados Unidos hay el Calvert Social Invetsment Fund. El número de estos productos aumenta rápidamente y los fondos mismos crecen vertiginosamente.

Las microfinanzas están enfocadas a dar servicio al sector informal de la economía y por ello son muy interesantes en el contexto de los países en vías de desarrollo donde millones de personas trabajan en este ámbito pero ¿habría un mercado en los países desarrollados?

Si hay este mercado, es un mercado mucho más reducido.

En los países ricos, son pocos los que no tienen acceso a servicios bancarios, mientras en los países pobres es la gran mayoría de la población. También, aunque no nos parezca así, el desempleo en los países ricos es bajo comparado a los países pobres. En la Unión Europea por ejemplo el desempleo oscila al rededor del 10%, y esto nos parece intolerablemente alto.

Otro factor que hace difícil el microcrédito en países ricos son los altos niveles salariales. Microcrédito es muy intenso en trabajo. El relativamente alto costo de microcrédito se debe exclusivamente al costo de mano de obra. Este costo sube todavía más en los países ricos y fácilmente llega a niveles prohibitivos.

Por A.P.

Dos hitos del microcrédito en España

La Asamblea General de Naciones Unidas ha designado 2005 como Año Internacional del Microcrédito con el fin de reconocer y potenciar la contribución de esta herramienta financiera en la lucha por la erradicación de la pobreza.

Esta iniciativa ha tenido también su eco en España, donde el volumen de microcréditos sociales concedidos por las entidades financieras se ha multiplicado por 40 en apenas cuatro años.

Prueba de ello son dos acontecimientos ocurridos recientemente que marcarán un antes y un después en la historia de este servicio financiero en nuestro país.

Por A.P.

La Caixa organiza eI I Congreso Nacional de Microcrédito

Gracias a su utilidad en la atención a las poblaciones pobres el microcrédito despierta cada vez más interés entre las entidades financieras, el mundo académico y la opinión pública. Parece que en esta herramienta puede coincidir el lucro y la lucha contra la desigualdad y la pobreza, y eso, en los tiempos que corren no deja de ser novedoso.

Muestra de este creciente interés ha sido la organización, por parte de La Caixa, del primer Congreso Nacional de Microcrédito que tuvo lugar en Madrid los pasados 9 y 10 de marzo bajo la presidencia de SM la Reina.

Bajo el Titulo » El microcrédito en España, hoy» se analizaron, entre otros contenidos, los conceptos de exclusión financiera y social, la utilidad de las microfinanzas como instrumento para paliar la discriminación, la situación laboral de la mujer y la importancia de las entidades sociales en los sistemas financieros de exclusión.

Según sus organizadores, la celebración de este Congreso ha puesto de manifiesto precisamente la necesidad de crear un encuentro para escuchar y compartir las experiencias de las entidades que trabajan o quieren trabajar en este campo.

De la reunión de este año cabría destacar como una de sus conclusiones que la sostenibilidad es la clave que garantiza la continuidad de las entidades dedicadas al microcrédito. Además, se debe incidir en el rigor en la tramitación de las operaciones.

El microcrédito no es un donativo, ni caridad, ni subvenciones, son créditos en toda regla.

Como afirmaba KofiAnnan en la inauguración del Año Internacional del Microcrédito: «Seamos claros, las microfinanzas no son caridad. Son un modo de extender los mismos derechos y servicios entre los pobres y los ricos. Es reconocer que la gente pobre es la solución, no el problema. Es un modo de construir gracias a sus ideas, su energía y su visión. Un modo de generar empresas productivas y permitir el crecimiento de las comunidades».

Nace el CEAMI

CEAMI (Centro de Estudios de Apoyo a la Microempresa) es un instituto de estudios especializado en formación, investigación y consultoría en torno al sector microempresarial. El centro ha sido creado por Fundación Codespa, Fundación Rafael del Pino y Fundación ICO con el fin de desarrollar el conocimiento y la investigación en este campo. Así CEAMI desea responder a una carencia de estudios y formación especializada en un campo muy técnico y a la vez muy valioso para favorecer el progreso social y económico de la población desfavorecida.

El centro de estudios comenzó sus actividades en España el pasado 16 de marzo con un seminario internacional de expertos en microcrédito que reunió en Madrid a 30 profesionales de Europa, Estados Unidos y América Latina.

El seminario se centró en los problemas, retos y oportunidades del microcrédito en los países desarrollados. Los participantes analizaron las características de la demanda y la oferta de microcrédito en España y sus particularidades con respecto a otros países desarrollados y, a modo de conclusiones, dejaron algunas recomendaciones para desarrollar este sector en España, un país donde se estima que existen 8 millones de pobres.

De todas ellas, habría que destacar la idea de que «hacer accesible los servicios financieros a la población excluida no es un problema de voluntad política, de escasez de recursos, o de falta de compromiso social sino principalmente de no contar con la tecnología adecuada. Las instituciones financieras deben rediseñar sus productos para atender a este nuevo nicho de mercado».

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