Nike se implica

Nike es una compañía referente en todo lo que hace. Su dominio sobre el complicado mercado textil la mantiene en el punto de mira de activistas y ONG. Sobre todo a raíz de que un reportaje de la BBC descubriera abusos sexuales y explotación en las fábricas de algunos proveedores de Nike en Asia.
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En 1992, la compañía había elaborado un código de conducta y un año antes del reportaje, había firmado su adhesión al Pacto Global que fue puesto en marcha por el Secretario General de la ONU, Kofi Annan. A raíz de este pacto la empresa se comprometía a respetar principios como la libertad de asociación y la protección de los derechos humanos. Al sumarse a esta iniciativa, la empresa adquiría un compromiso tanto con sus consumidores como con organismos internacionales.

Así que cuando se emite el reportaje Nike cae una grave crisis reputacional.

Este hecho puso de manifiesto no sólo el impacto social que tiene una compañía multinacional en los países donde se asienta, sino también el alto coste que puede suponer no controlar atentamente toda la actividad de la compañía allí donde se encuentre. Los consumidores reaccionaron y Nike tuvo que ponerse en marcha para no perder la credibilidad de su marca.

Líder textil

La brillante carrera comercial de esta industria comenzó en los años setenta cuando su fundador y actual director, Phil Knight, ideó un nuevo modelo revolucionario de zapatillas deportivas que causó sensación entre los deportistas.

En poco tiempo, la firma consiguió hacerse un hueco en el sector textil alcanzando la capacidad suficiente para ampliar su oferta de productos. La cuota de mercado de la empresa ha ido creciendo progresivamente hasta lograr el nivel del que goza hoy en día.

En la actualidad, Nike está en la cumbre de la industria de material deportivo con aproximadamente el 37% del mercado. Es también la que más trabajos de producción ha trasladado fuera de Norteamérica. Según Setem, una federación de ONGs especializada en temas de cooperación y desarrollo, esta firma norteamericana realiza el 99% de su producción en el Tercer Mundo.

Los países en desarrollo resultan atractivos para las fábricas ya que ofrecen una mano de obra barata y una legislación social, fiscal o medioambiental más flexible. Allí las empresas occidentales trabajan con fábricas autóctonas para que elaboren un producto determinado, de forma que todo lo que se refiere a los empleados, condiciones laborales, sueldos, etc. queda en manos de los productores nativos.

Con este sistema las empresas han comenzado a extenderse, los negocios se han incrementado y los grandes magnates de la industria textil están alcanzando un poder que algunas ONG e instituciones encuentran sospechoso. La falta de transparencia que caracteriza a esta modalidad de producción y la dificultad para adquirir información acerca de las fábricas contratadas ha provocado que Nike, entre otras grandes multinacionales, se encuentre atentamente vigilada por el ojo crítico de asociaciones integradas dentro del movimiento anti globalización.

Responsabilidad social en Nike

En consecuencia, Nike intentó afrontar el problema organizando diversas actividades encaminadas a incrementar su labor social en los países en los que trabajaba.

Para dar voz a las medidas que tomaron, se puso en marcha una gran campaña de comunicación cuyo objetivo final era lograr que los consumidores terminaran asociando su marca a unos valores universales de justicia e igualdad.

Nike renovó su código de conducta donde especificaba sus principios empresariales y ratificaba sus serios propósitos de perfeccionamiento. Además, el código constituiría una herramienta para garantizar la continuidad de su compromiso social y también exigía que todos sus contratistas se adhiriesen a esas mismas condiciones. Con la publicación del escrito, la empresa se comprometía principalmente a:

1. Respetar los derechos de todos los empleados, incluyendo el derecho a la libre asociación y a la negociación colectiva.

2. Procurar el mínimo impacto sobre el medio ambiente.

3. Asegurar un lugar de trabajo seguro y saludable.

4. Contribuir a la salud y el bienestar de todos los empleados.

Los consumidores y ONGs vieron con buenos ojos esta iniciativa siempre y cuando los buenos propósitos se concretasen en medidas reales para que ese código de conducta resultara legítimo.

Para satisfacer las demandas y continuar con sus proyectos de mejora, Nike ideó una serie de acciones que se orientaron al alcance de objetivos relacionados con el medio ambiente, la reducción de los niveles de pobreza, la supervisión de las condiciones laborales en sus fábricas y la lucha contra la discriminación sexual.

La empresa continuamente demuestra su compromiso con la RSC realizando actividades para erradicar la explotación en las fábricas rodeándose de profesionales como la asociación de trabajo justo «FLA» especializada en auditorías laborales y que integra compañías, universidades y ONG. Juntos pretenden promover buenos hábitos y para ello cuentan con una plantilla de supervisores que se encargan de controlar el trabajo en las mismas fábricas.

La última y más conocida de las campañas que la compañía ha lanzado a la calle ha sido la comercialización de unas exitosas pulseras cuyos beneficios serán destinados a diferentes organizaciones benéficas. La primera de las pulseras apareció con el lema «livestrong» y tenía como propósito conseguir fondos para la lucha contra el cáncer. Visto el éxito de la iniciativa, Nike no ha dudado en extender la campaña hacia otros ámbitos de responsabilidad social.

Proveedores y transparencia

También dio un paso muy significativo al publicar la lista con los nombres y localizaciones de sus 700 proveedores y plantas subcontratadas en todo el mundo.

Esta actividad no se había realizado nunca antes en la historia del sector textil y ha llegado a constituir un hito que los sindicatos y asociaciones de derechos laborales consideran decisivo. La empresa afirmó en un comunicado que los posibles perjuicios ocasionados por la competencia a raíz de la publicación de esta lista no dañarían los potenciales beneficios que la marca pudiera adquirir. Este informe coincidió con la publicación de la segunda memoria de RSC.

La memoria señala que, durante las auditorías a proveedores supervisadas por inspectores de la FLA, se detectaron cuatro áreas de incumplimiento del código de conducta: libertad de asociación, salarios, jornadas laborales y acoso en sus fábricas. Sin embargo, se vieron mejoras en materias de trabajo infantil y medioambiental.

De cara al futuro, Nike confirmó en el documento su compromiso para avanzar en tres direcciones diferentes: mejoras efectivas y constantes en las condiciones laborales, la confección de productos innovadores respetuosos con el medio ambiente y la utilización del deporte como instrumento de cambio social.

Con el paso de los años la actitud que ha desarrollado la multinacional se ha ido consolidando. La incorporación de la RSC a su política de trabajo ya es una realidad y sirve como modelo a muchas otras empresas que todavía siguen dudando de la eficacia de estas prácticas. No obstante, empresas tan veneradas como Inditex, Cortefiel, Adidas o El Corte Inglés ya han dado los primeros pasos para sumarse a esta iniciativa.

Cada vez es más frecuente encontrar un responsable de RSC dentro de la estructura de la empresa o ver redactados códigos de conducta extensibles y exigibles también a los proveedores. Las compañías comienzan a interesarse por la formación de sus empleados en materia de derechos humanos al igual que trabajan por la mejora de sus sistemas de comprobación y evaluación del trabajo en las fábricas subcontratadas.

Queda claro que estas grandes multinacionales siguen siendo líderes en sus respectivas áreas a pesar de haber optado por una política de RSC comprometida.

Ya se ve que el hecho de adoptar unos principios laborales acordes con las nuevas exigencias sociales no está reñido con la búsqueda del beneficio.

Punto de inflexión

En octubre del año 2000 un reportero de la cadena británica BBC, Paul Kenyon, viajó a Camboya para investigar las condiciones de trabajo en las fábricas. Posteriormente, se emitió un reportaje con el nombre Nike&Gap No sweat? en el que se desvelaban las durísimas condiciones de trabajo en fábricas subcontratadas por estas empresas.

Niños menores de quince años trabajando en turnos interminables y abusos sexuales por parte de funcionarios de la fábrica eran algunas de las prácticas que la BBC sacó a la luz. La repercusión del escándalo hizo que tanto Nike como Gap clausuraran las fábricas de Camboya. Como consecuencia, el país perdió 10 millones de dólares en contratos y cientos de nativos fueron despedidos de su trabajo.

 

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