Acceder al mercado, acceder al desarrollo

CE27 diciembre 2005
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El pasado 9 y 10 de septiembre la FAO reunió en Beijing a los máximos expertos en agricultura, medio ambiente y áreas rurales. De aquel encuentro surgió un llamamiento a los gobiernos para que reconozcan el papel clave de la agricultura y las comunidades rurales en el crecimiento económico y el desarrollo sostenible.

Alrededor del 75% de las personas pobres del planeta viven en zonas rurales.

De ese porcentaje, 2500 millones viven en los países en desarrollo y tienen como fuente de ingreso la agricultura, según datos del informe de la FAO, «Estado Mundial de la agricultura y la alimentación 2003-2004».

Por lo tanto, ningún planteamiento de lucha contra la pobreza será realista si no tiene en cuenta la situación de esta población. Uno de los aspectos que más podría ayudar en el desarrollo económico de estas comunidades agrícolas sería el acceso al mercado para sus productos en unas condiciones más ventajosas. Sin embargo, las exportaciones agrícolas mundiales han disminuido en valor hasta constituir menos del 7% del comercio total de mercancías, y se espera que continúe descendiendo a largo plazo.

Este hecho afecta especialmente a los países más pobres ya que al menos el 25% de los ingresos de más de 50 países en desarrollo dependen de la agricultura. América Latina con cerca de un 29% y el África Subsahariana con un 16% son las regiones que exportan más productos agrícolas. Así, el Acuerdo de Beijing hacía una demanda más concreta para esos 2500 millones de seres humanos.

Pedían esfuerzos a nivel público y privado para «eliminar los obstáculos que impiden a los pequeños campesinos acceder con sus productos al mercado agroalimentario».

¿Cuáles son esos obstáculos?

OBSTÁCULOS DEL MERCADO. Una de las mayores dificultades que encuentran los productores agrícolas de los países en desarrollo son las políticas proteccionistas y los subsidios que los países desarrollados mantienen hacia sus productos agrarios.

El apoyo que estos países facilitan a la producción agraria nacional asciende a 350.000 millones de dólares al año. A la cabeza de estas políticas se encuentran la Unión Europea y Estados Unidos. Esto explica como, a pesar de contar sólo con el 7 % de la población mundial que vive de la agricultura, los países ricos dominan el comercio agrícola mundial.

En este sentido, la Política Agraria Común, la PAC de la Unión Europea, evidencia este desequilibrio. La PAC apoya a un sector que representa menos del 2% del empleo de la Unión pero absorbe más del 40% de su presupuesto. La política de subsidios incrementa la producción de los países desarrollados en detrimento de las importaciones.

Además, aumentan las exportaciones a precios que desplazan de los mercados mundiales y locales a los productores del resto de países con el consiguiente impacto en los ingresos y los salarios de los trabajadores agrícolas en los países pobres.

Esta postura proteccionista no sólo perjudica las importaciones de productos de los países en vías de desarrollo sino que aumenta artificialmente el costo a los consumidores que terminan pagando impuestos más altos para subsidiar a los agricultores.

«La política agrícola de EEUU –según Christopher Prebel y Marian Tupy del Cato Institute- socaba los esfuerzos estadounidenses para mitigar la pobreza porque tira hacía abajo los precios agrícolas mundiales, los cuales en retorno cuestan a los países en vías de desarrollo cientos de millones de dólares en pérdidas de ganancias en exportaciones. Sólo las pérdidas asociadas con los subsidios de algodón exceden el valor de los programas de ayuda externa de EEUU a los países menos desarrollados».

Según algunos expertos la falta de un comercio libre está lastrando los efectos positivos de la ayuda al desarrollo. El contribuyente termina pagando dos veces, primero paga los subsidios a sectores poco competitivos y luego paga para costear los programas de ayuda externa en aquellos países lastimados por las políticas proteccionistas. William R. Cline, académico titular del Instituto para la Economía Internacional y del Centro para el Desarrollo Global, estima que la liberalización comercial ahorraría a las naciones desarrolladas 141 mil millones de dólares por año y produciría benefi- cios económicos de hasta 87 mil millones de dólares para los países menos desarrollados.

Como ha expresado el Presidente de Uganda Yomeri Museveni «Yo no quiero ayuda externa; yo quiero comercio. La ayuda externa no puede transformar la sociedad».

COMERCIO JUSTO. El Comercio Justo o Comercio Alternativo surge en los años 60 como un movimiento civil en contra del proteccionismo de los países ricos y su control de los precios de las materias primas, y en defensa de un trato más equitativo hacia los intereses de los países en vías de desarrollo.

La primera tienda de Comercio Justo se abrió en Holanda en 1969. Después se abrieron otras en los Países Bajos, Alemania, Suiza, Austria, Francia, Suecia, Gran Bretaña y Bélgica. En España tendremos que esperar hasta el año 1986 para ver las dos primeras tiendas de este tipo.

En 1990 se crea la European Fair Trade Association, EFTA, hoy una federación de 12 organizaciones de Comercio Justo de 9 países europeos. Posteriormente aparecen la International Federation of Alternative Trade, IFAT, y NEWS, la coordinadora de tiendas de Comercio Justo europeas a la que pertenece la Coordinadora Estatal de Organizaciones de Comercio Justo de la que forman parte más de 30 organizaciones españolas.

Como Comercio Justo, las organizaciones que lo promueven entienden «un sistema comercial alternativo que ofrece a los productores acceso directo a los mercados del Norte y unas condiciones laborales y comerciales justas e igualitarias», según Intermón Oxfam.

Esto se materializa en unas relaciones comerciales con los productores de los países en desarrollo que se caracterizan por ocho rasgos:

  • Salarios y condiciones de trabajo dignos
  • Relación comercial a largo plazo
  • Los productores destinan parte de sus beneficios a las necesidades básicas de sus comunidades
  • Ausencia de explotación laboral infantil
  • Funcionamiento participativo
  • Respecto del medio ambiente
  • Productos de calidad

En la práctica los productos llegan a los países desarrollados a través de importadoras que garantizan las condiciones del comercio con los productores.

Centralizar las compras en estas organizaciones permite abaratar costes y ofrecer un producto más competitivo. Así las tiendas de nuestro país compran la mayor parte de sus productos en seis importadoras: Alternativa 3, Equimercado, Ideas, Interpón, Mercadeco y Solidaridad Internacional.

Una novedad reciente para el Comercio Justo en España es la llegada de un sello internacional que certifica los productos de este tipo. Se trata del sello de Fairtrade vigente ya en 19 países con unas ventas entre 2002 y 2003 de mil millones de euros. Este sello garantiza que el producto que lo tiene es de Comercio Justo según un standard internacional y en España lo podremos encontrar en cuatro productos: café, chocolate, té y azúcar.

A pesar de estas mejoras, el impacto que el Comercio Justo tiene sobre las economías en desarrollo es enormemente limitado. De acuerdo con los datos de la ONG Setem, las ventas de este tipo de productos durante 2003 en España fueron de algo más de 10 millones de euros. Esta cifra pone de manifiesto que la estrategia de comercializar a través de tiendas detallistas no aporta una solución definitiva.

Para que el comercio produzca resultados es necesario el volumen y este lo proporcionan las grandes cadenas de distribución. Sólo Carrefour vende en España cerca de 9.000 millones de euros.

Como indicaba José Antonio Alonso, Director del Instituto Complutense de Estudios Internacionales de la UCM, en el I Congreso Nacional de Comercio Justo y Cooperación organizado por Economistas Sin Fronteras, «el Comercio Justo corre el riesgo de acotarse en sí mismo. Debe ir más allá de los espacios alternativos reclamando justicia en el comercio mundial». Además, «debe responder a la lógica de funcionamiento del mercado. Es vital que el consumidor sea crítico y las empresas asuman ese interés».

Algunas empresas están ya trabajando en esta línea. Este año Eroski junto con Intermón ha puesto en marcha, por cuarto año consecutivo, una campaña de un mes de duración dedicada a dar a conocer a los consumidores los aspectos que definen el Comercio Justo.

La campaña, que en esta edición tuvo lugar en marzo, se desarrolla en todos los centros del grupo y consiste en la colocación de stands informativos y de venta de productos. Como complemento la empresa organizó charlas sobre Comercio Justo para todos los consumidores que estuvieran interesados en recibir más información. Actualmente Eroski tiene en sus lineales siete productos de este tipo de comercio y, como ocurre en la mayor parte de los casos, son derivado del café y del cacao, y té.

Alcampo también colabora con Intermón desde el año 2002, cuando la cadena de hipermercados decidió incluir entre sus productos algunos de Comercio Justo. En este caso también chocolate, cacao y café. Además, desde el año pasado organiza una campaña similar a Eroski, celebrando los Quince Días del Comercio Justo en todos sus hipermercados.

En 2005 la promoción tuvo lugar del 11 al 26 de noviembre y consistió en la colocación destacada de una muestra de estos productos y la difusión entre los clientes de los conceptos de Comercio Justo y la necesidad de hacer un consumo responsable.

Aunque son tímidos avances, iniciativas como estas pueden ser un paso importante considerando que los supermercados controlan cada vez más las ventas de alimentos en todo el mundo. Hoy en día existen sistemas mundiales de abastecimiento y selección de proveedores. Por ejemplo, Wal-Mart, la cadena de supermercados norteamericana, tiene más de 65.000 proveedores por todo el mundo.

Así que el papel de las grandes empresas de distribución como Carrefour, Royal Ahold o Tesco es muy relevante en la definición del comercio mundial, ya que como indica el PNUD son los mercados de mayor crecimiento en el comercio agrícola mundial, y su poder comprador tiene gran influencia en los precios y las condiciones más generales en que se comercian con los pequeños agricultores de los países en desarrollo con los países ricos.

Por CE

Ayudar comerciando

Algunas empresas están integrando en su negocio la preocupación por dar acceso al mercado a los pequeños productores. El caso más llamativo es el de The Body Shop.

Su proyecto Ayudar Comerciando, iniciado en 1986 , beneficia a productores con recursos muy limitados y con dificultades para acceder al comercio. 26 de los ingredientes de los productos The Body Shop se producen y compran en estas condiciones lo que se traduce en 510 productos a la venta implicados en el programa.

36 productores de 23 países se benefician de este planteamiento empresarial. El proyecto ha ido evolucionando de manera que el valor de las materias primas y accesorios suministrados por los proveedores del proyecto ha pasado de algo más de un millón de euros de 1992 a más de siete millones en 2003.

Un ejemplo de este comercio puede ser la manteca de karité. Tradicionalmente las mujeres de Ghana utilizan este producto para proteger su piel de los vientos del Sáhara. Como materia prima tiene un gran poder hidratante.

Así fue como The Body Shop se interesó por el producto y empezó a trabajar con la asociación Tungteiya Shea Butter. Un colectivo de 400 mujeres de diez pueblos diferentes situados al Norte de Ghana. Su condición de proveedores de The Body Shop les ha permitido instalar bombas para extraer agua, mejorar sus viviendas, enviar sus hijos a la escuela y mejorar su atención sanitaria. Mientras la empresa ofrece a sus clientes gel de baño, loción corporal, exfoliante, manteca corporal,…, todo fabricado con karité.

¿Comercio libre o comercio justo?

No son pocos los que cuestionan las estrategias y resultados del movimiento del Comercio Justo. Por una parte los resultados son muy pobres. No esta nada claro que el consumidor este dispuesto a pagar un «sobre precio» por el hecho de que los productos procedan de comunidades de los países en desarrollo.

Cuando alguien quiere hacer un donativo busca una buena causa, cuando quiere comprar café se fija en el precio y en el sabor. Los productos tienen que ser competitivos en precio y calidad y lo que hay que hacer es ayudar a las agrupaciones de productores a mejorar su productividad y aumentar sus ventas.

Como expresaba un directivo de Camarí, una de las comercializadoras de Comercio Justo más importantes de Ecuador, refiriéndose a un próximo evento de la Federación de Comercio Justo que iba a tener lugar en Quito: «Estamos un poco cansados de tantos informes que denuncian las injusticias del comercio actual. Le hemos pedido a la Federación que se deje de informes y nos ayude a vender más y mejor en los mercados».

La solución por facilitar el comercio pasa más por vincular a los pequeños agricultores con la agroindustria que por la confección o creación de un sello especial de «comercio justo». Ya hay muchas organizaciones de productores que están llegando a los mercados de las grandes distribuidoras que manejan volúmenes de compras importantes sin acompañarse de ningún sello especial que apele a la generosidad de los consumidores.

Para conseguir estos resultados es necesario impulsar iniciativas que faciliten la creación de estructuras asociativas de pequeños productores y luego abordar todos los problemas relacionados con los diferentes eslabones de la cadena de producción. Lo importante es fortalecer los vínculos de los pequeños productores con los agronegocios.

Muchas organizaciones de países en desarrollo se quejan de que los planteamientos del Comercio Justo reproducen esquemas asistenciales, ellos no quieren que se compren sus productos por «caridad» sino porque son competitivos, ahora bien, competitivos con reglas del juego justas, no con barreras arancelarias que distorsionan la libre competencia.

Por Javier Martín Cavanna

La ronda de Doha

La Organización Mundial del Comercio, como foro donde se discuten y acuerdan las normas que rigen el comercio entre los países, organiza las reuniones que definen el orden del comercio mundial. Cuando estas reuniones responden a un programa de trabajo específico se desarrollan en lo que se conoce como una ronda de negociaciones.

Tras siete años y medio de trabajo la última ronda de la OMC, la Ronda de Uruguay, dejó muchos asuntos sin resolver desde el punto de vista y los intereses de los países en desarrollo. Como producto de estas demandas los asistentes a la Cuarta Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en Doha (Qatar) en noviembre de 2001, acordaron un programa de trabajo futuro que abordara algunos de esos temas.

De ahí nació la Ronda de Doha que se ha convertido en la gran esperanza de cara a mejorar la situación de los países en desarrollo en el comercio mundial.

En total se trata de 21 cuestiones enumeradas en la Declaración de Doha que se han venido tratando en distintas negociaciones. En este sentido, la Sexta Conferencia Ministerial celebrada hace unos días en Hong Kong es crucial. Las conclusiones que se extraigan de estos días de trabajo serán determinantes para que las negociaciones que se celebran desde hace cuatro años en el marco del Programa Doha para el Desarrollo hagan progresos suficientes y conseguir concluir la ronda en 2006 como está previsto.

En el ámbito de la agricultura la Declaración establece a largo plazo el objetivo de establecer un comercio equitativo y orientado al mercado mediante un programa de reforma fundamental encaminado a:

  • Mejorar el acceso a los mercados
  • Reducir todas las formas de subvención a la exportación, con miras a su eliminación progresiva
  • Reducir sustancialmente la ayuda causante de distorsiones del comercio

De cara al éxito de la Ronda de Doha el profesor José Antonio Alonso destacaba, en el I Congreso Nacional de Comercio Justo y Cooperación, que «no habrá acuerdo a menos que los países estén dispuestos a crear una fórmula de beneficio compartido, si la OMC no se hace más transparente e integradora y si no se da más apoyo a los países en desarrollo». En los próximos meses podremos ver si alguna de estas esperanzas se ha cumplido.

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