Responsabilidad, nada más

La mala noticia a la hora de preparar esta columna es que resulta complicado, hoy por hoy, llenar un simple folio sobre temas relacionados con la responsabilidad social sin repetirse en el argumento, y siendo capaz de aportar algo nuevo y diferencial.

La buena es que, son tantos los actores implicados, tan diversos sus aspectos, tan variados sus enfoques, que todo puede verse desde muchos puntos de vista: el punto de vista de la autocomplacencia, el del rigor, el del que cree y el del descreído, el punto de vista de la cerrazón y el de la tolerancia, y como no, el punto crítico.

Con ese espíritu nace esta sección, el Punto Crítico, queriendo poner en cada número el contrapunto a los contenidos, a los debates o a la visión de los temas. Y empezamos hoy mismo.

Empiezo por preguntarle al lector que se interesa por los aspectos que trata esta revista, si aquello que predica en su organización, sea empresarial, gubernamental o no gubernamental, ha probado a practicarlo en la vida real, más allá de su jornada laboral.

Le pregunto al lector (y me pregunto): ¿por qué sigue dando una enorme pereza llevar el vidrio y el papel al contenedor más cercano? Le pregunto: ¿cuándo fue la última vez que compró en el top-manta o copió un dvd? Dígame: ¿ha tenido la ocasión de convivir con inmigrantes o personas con discapacidad? Haga memoria: ¿ha sentido alguna vez el pinchazo de la culpabilidad consumista? ¿Le dolió? ¿Cuánto le duró el efecto? Confiese: ¿cambia Ud. de canal cuando se emiten los spots publicitarios en contra de la violencia de género?

He aquí la primera reflexión a que le invita el Punto Crítico: revise su propia responsabilidad; aplique indicadores y mida, vea en qué estado se encuentra; luego repórtese a sí mismo y a quien crea conveniente. Y luego establezca un sistema de mejora. Aplíquese especialmente si está Ud. en el agitado mundo de la responsabilidad social, por aquello del ejemplo y el predicar.

Para no olvidar esta reflexión, en esta sección no hablaremos de responsabilidad social, ni de responsabilidad empresarial, ni de RSC, sino, nada más, que de responsabilidad.

Y nada menos…