Empresas sostenibles

CE18 octubre 2006
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Aunque el binomio desarrollo sostenible, parece una invención de nuevo cuño para estas cosas que pasan en el atolondrado mundo que vivimos, es una advertencia que nos viene siguiendo desde 1987. En ese año la World Comisión on Enviroment and Development publicaba el Informe Brundtland.

Este texto lanzaba al mundo un mensaje: los graves problemas ambientales que afectan al planeta son el resultado de la enorme pobreza de los países en desarrollo y del insostenible modelo de producción y consumo de los países desarrollados.

Una declaración que acompañaron de un mensaje de esperanza: la protección del medio ambiente, la igualdad social y el desarrollo económico son posibles.

Esa estrategia de desarrollo conciliadora es lo que definieron como desarrollo sostenible. Sin embargo, para que este objetivo sea viable necesita de la implicación de las empresas. Un modelo de desarrollo sostenible necesita de una ‘empresa sostenible’.

¿Pero cómo convertirse en una ‘empresa sostenible’? «Primero, hay que abordar la apertura hacia el entorno y una preocupación y diálogo con él, no una mera comunicación unidireccional.

Segundo, tratar mucho más a las personas como seres humanos. Ambos rasgos están tremendamente relacionados con la innovación. Una empresa abierta innovará más y con más aceptación. Además, sus empleados serán más proactivos contribuyendo a la creatividad de la empresa», nos explica Miguel Ángel Rodríguez, profesor de IESE y director de la empresa de consultoría Responsabilidad y Sostenibilidad.

Cristina García Orcoyen, directora de Fundación Entorno, Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible, nos da más pistas: «La base es el cumplimiento riguroso de la legislación y el segundo paso, es la internalización por parte de la dirección y por parte de los consejos de administración de las temáticas de desarrollo sostenible».

«Lo primero es estar plenamente convencido de que la gestión comprometida con la sostenibilidad beneficia a la empresa. Conocer los impactos ambientales y los costes de cada una de las actividades es también imprescindible para empezar a mejorar con criterio.

A partir de ahí no hay una fórmula mágica: se trata de trabajar duro para identificar cómo reducir el impacto ambiental y qué puede aportar la empresa al mercado de la sostenibilidad y al resto de la sociedad», añade Víctor Viñuales, director de Fundación Ecología y Desarrollo.

Sin embargo, no hay que perder de vista el objetivo: los resultados económicos.

«Una ‘empresa sostenible’ es aquella que incorpora a las decisiones de negocio el desarrollo sostenible, enfoca su negocio a la sostenibilidad y hace de la sostenibilidad un negocio», apunta Cristina García-Orcoyen. Estos planteamientos que pueden resultar teóricos se fundamentan en una realidad urgente que tiene uno de sus puntos críticos en el medio ambiente. Tenemos un modelo de producción y consumo insostenible en el largo plazo como demuestran los datos sobre el modelo de desarrollo económico español, el cambio climático, la energía y el agua.

LA SOSTENIBILIDAD EN ESPAÑA. Para analizar la situación de nuestro país en términos de sostenibilidad tenemos el informe publicado por el Observatorio de la Sostenibilidad en España respecto al 2005. Su principal conclusión es que, si concebimos el desarrollo sostenible como la consecución de mayor calidad de vida con menor degradación medioambiental y uso de recursos naturales, es decir, hacer más con menos, la frase que definiría al modelo de desarrollo de España es: hacemos más pero con mucho más.

Tres síntomas nos convierten en un país con un modelo de desarrollo poco sostenible. Primero, que el crecimiento económico español ha permitido incrementar la calidad de vida de los españoles pero no de forma equitativa.

Segundo, que se ha producido un escaso avance de la sociedad del conocimiento.

Elemento clave para alcanzar el desarrollo sostenible. Y tercero, suspendemos en el equilibrio y protección de nuestro medio ambiente ya que crecemos a costa de emplear más recursos y ejercer mayor degradación en el entorno.

Centrándonos en este último aspecto los españoles gestionamos especialmente mal la energía y el territorio. La intensidad energética de la economía española ha crecido un 0.5% anual promedio en el periodo 1990-2003 mientras que nuestro vecinos de la Unión Europea han reducido un1.3% anual. Nuestro consumo de energía primaria y final crece más que el PIB, aumentando este en más de un 50% en los últimos 15 años, y mantenemos una alta dependencia energética de otros países. Somos el noveno importador de crudo del mundo.

El Club Español de la Energía en su informe Consumo de Energía y Crecimiento Económico consideraba que España tiene un modelo económico basado en el uso intensivo de la energía donde los precios no informan del verdadero coste social de la misma.

Opinión compartida por Raquel Montón, experta en energía y cambio climático de Greenpeace, «la electricidad es muy barata. No sólo no están incluidos los costes ambientales en su precio sino los considerados costes reales, fomentando el derroche y la imposibilidad de realizar una verdadera liberalización del mercado eléctrico lo que llevaría a propuestas más eficientes que las que ofrece el mercado actual».

En cuanto al territorio el informe del Ministerio de Medio Ambiente Perfil ambiental de España 2005 afirmaba que el 79% de la población española se concentra en el 19% del territorio, concentración que se extiende hasta la primera línea de costa. En Barcelona, Málaga, Alicante y Melilla el litoral construido supera ya el 50% de la longitud total de la costa.

Por otro lado, nuestro consumo de agua también crece por encima del PIB. Somos el país de Europa que más agua consume por habitante y día a pesar de las frecuentes sequías que nos afectan.

Por otro lado, el agua que tenemos no está en buen estado. La mitad del agua embalsada en España se encuentra degradada, hay importantes pérdidas en las redes de abastecimiento y los acuíferos están sobreexplotados y contaminados.

«La problemática principal del agua tanto en España como en el resto del mundo es la mala gestión que se realiza de este recurso generando tensiones y sensación de falta de agua. Lo que falta es agua de calidad porque la hemos contaminado y, además, especulamos y hacemos un mal uso de ella. Debemos desarrollarnos en función del agua que tenemos y no al revés», nos explica Julio Barea experto en agua de Greenpeace.

Como consecuencia de estos y otros aspectos, como son un modelo de transporte, turismo y construcción que ejercen una enorme presión sobre el territorio y los recursos naturales, hemos incrementado nuestras emisiones de gases de efecto invernadero en un 40,62% en el período 1990-2004. Lo que nos sitúa en un 25,62% de emisiones por encima de nuestro compromiso con Kioto.

Aunque las cifras pueden hablar por sí mismas, para entender el alcance de estos datos debemos hablar del cambio climático. Solo así podremos comprender el impacto que puede tener en nuestro futuro el uso y la gestión que hacemos a día de hoy de la energía, el territorio, la biodiversidad, el agua o los residuos que generamos. Si antes los efectos de nuestras acciones sobre el entorno podían difuminarse hoy se aglutinan y se nutren en una enfermedad ambiental global, el calentamiento de la Tierra.

UN FUTURO INCIERTO. Como respuesta a la preocupación sobre el cambio climático la Organización Mundial de Meteorología, WMO, según sus siglas en inglés, y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, UNEP, crearon en 1988 el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, IPCC.

La misión de este grupo es generar información que sirva para comprender los riegos asociados al cambio climático, sus potenciales impactos y las posibilidades de adaptación o mitigación de sus efectos.

El IPCC confirma la existencia de un proceso de calentamiento terrestre como consecuencia de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Estas emisiones superan la capacidad de absorción del sistema terrestre lo que les lleva a asegurar que la temperatura global del planeta seguirá incrementándose y el nivel del mar seguirá subiendo.

Según datos de la ONU la temperatura media del planeta ha aumentado 0.6 grados en este siglo; 0.95 en Europa según la Agencia Europea de Medio Ambiente y cerca de 2 grados en la región de Murcia. Como síntomas visibles de esta realidad tenemos la reducción de los glaciares, la congelación tardía y el deshielo temprano de ríos y lagos, el desplazamiento de ciertos hábitats a mayores alturas, el declive de poblaciones animales y vegetales o la alteración de los ciclos biológicos.

«El nivel del mar ya ha subido más de 10 centímetros en este siglo como consecuencia de la descongelación de los polos y la expansión térmica de los océanos. Se prevé que en los próximos cien años se eleve un metro. Esto supone que zonas como la Manga del Mar Menor quedarían inundadas», nos cuenta Raquel Montón quien nos explica cuál es el punto de referencia para saber qué podremos hacer frente al cambio climático.»

Si superamos los dos grados de calentamiento medio del planeta supondría una subida de 7 metros del nivel del mar como consecuencia de la descongelación de los polos. Esos dos grados son la línea roja establecida por la comunidad científica.

Por debajo de esto el cambio climático podría ser asumible, sin poder evitar el coste económico y medioambiental, pero podríamos adaptarnos, a partir de ahí es muy difícil que tengamos esa oportunidad».

Por su parte, hace un año, el Instituto Max Planck de Hamburgo hacía un comunicado público con el siguiente título: El clima cambiará más rápido que nunca.

Los científicos del prestigioso centro alemán han elaborado un modelo para calcular como evolucionará el clima en el futuro. De acuerdo con sus cálculos durante el siglo XXI el clima cambiará más rápido que nunca en la reciente historia de la Tierra. La temperatura global podrá elevarse hasta cuatro grados a final de siglo. Como consecuencia el nivel del mar se elevará de media unos 30 centímetros.

También consideran que bajo ciertas circunstancias el mar de hielo del ártico se derretirá completamente.

En Europa los veranos serán más secos y cálidos afectando a la agricultura. Los inviernos serán más cálidos y húmedos.

El calor de la atmósfera provocará fenómenos meteorológicos extremos como lluvias torrenciales e inundaciones. «La principal conclusión de los futuros escenarios es un progresivo ascenso global de las temperaturas y un traslado de las zonas climáticas», afirma Erich Roeckner, director del proyecto.

Respecto a esta lista de cambios perjudiciales no todos los países y regiones se verán afectados igual. Hay partes del mundo más sensibles a un incremento de la temperatura. Por ejemplo, la Europa del Sur. Los países mediterráneos con ser ya proclives a las sequías y al calor se verán en mayores apuros que sus vecinos del Norte, por la mayor sequedad del suelo y la disminución de este recurso como producto de un aumento de los días de calor al año y las temperaturas máximas.

LA ENERGÍA Y EL AGUA. En todo este proceso el agua y la energía juegan un papel muy importante. La relación entre cambio climático y energía es directa ya que el CO2 es el primer gas de efecto invernadero y el mayor porcentaje de estos gases provienen de la combustión de combustibles fósiles para obtener energía. Según la Agencia Internacional de la Energía en su International Energy Outlook 2005 el consumo energético mundial está lejos de abandonar los combustibles fósiles.

La fuente de energía más consumida es el petróleo con un 42.6%, luego vendrían gas, electricidad y, por fin, después las energías renovables con un 14%. Los países de la OCDE absorben más de la mitad de este consumo frente al 5% de África y América Latina y el 12% de China. Situación que es sólo temporal. Se espera que para el año 2025 la demanda de los países emergentes llegue a superar en un 9% la demanda de las economías más maduras.

Las emisiones de CO2 proceden principalmente del petróleo y el carbón y la mitad del volumen de estos gases se genera en los países desarrollados frente, por ejemplo, al 3% que emite América Latina.

Como vemos el panorama plantea un consumo creciente de energía que contrasta con la inmediata necesidad de recortar las emisiones de gases contaminantes.

Respecto al agua, el cambio climático tendrá como consecuencia una mayor variabilidad en el clima haciendo que los desastres naturales relacionados ella sean más frecuentes. Además, se espera un cambio en el ciclo hidrológico.

Por otro lado, desde 1950 se ha triplicado el consumo el agua en el mundo. Si continúa esta tendencia actual en los próximos veinte años los seres humanos usarán un 40% más de agua que hoy.

De esta manera, cambio climático y aumento del consumo son los dos factores que están convirtiendo a este recurso en un asunto crucial de cara al desarrollo sostenible.

El IV Foro Mundial del Agua celebrado este año por la ONU en México ha puesto en dimensión algunos de los problemas que acechan a este recurso vital para la vida humana. Al igual que en el caso de la energía, el consumo y el control del agua en el mundo no son equitativos.

Brasil, Rusia, China, Canadá, Indonesia, Estados Unidos, Colombia y la República Democrática del Congo controlan el 60% del agua potable del mundo. En Europa se consumen 300 litros de agua por habitante y día, en Estados Unidos y Japón el doble, mientras que en el África Subsahariana se consume veinte veces menos.

Por otro lado, el agua está totalmente vinculada al desarrollo económico.

En los últimos cien años la población mundial se triplicó mientras que el uso del agua dedicada a consumo humano se multiplicó por 6. Cifras que se justifican por el alza en el consumo de las industrias agroalimentarias y energéticas.

El agua que se consume en el mundo se dedica en un 70% a la agricultura, luego vendría su uso industrial y por último el doméstico. Su gestión tampoco es muy eficiente ya que menos de la mitad del agua extraída para el uso agrícola contribuye realmente a la producción de cultivos. El resto se pierde por evaporación, infiltración profunda o crecimiento de la maleza.

El agua es un recurso limitado y expuesto a múltiples tensiones ya que es central para la supervivencia humana y el desarrollo económico. El futuro depara conflictos vinculados a su control y gestión, ya que hoy en día no se puede garantizar no sólo que llegue a los 2000 millones de personas que viven en las tierras áridas del globo, sino que vaya a haber agua para todos a largo plazo.

Como vemos los seres humanos debemos afrontar graves problemas ambientales para asegurar nuestra calidad de vida y supervivencia en la Tierra.

Como en otros asuntos globales, no podremos superar estas amenazas sin un esfuerzo colectivo que va desde el individuo hasta las organizaciones. La empresa como principal agente económico, promotor y creador del modelo de consumo y producción vigente puede provocar un cambio a gran escala acogiendo un modelo de negocio sostenible.

Es momento de ponerse manos a la obra.

Por Alma Pérez

España no es Finlandia

El pasado mes de julio Finlandia tomo el relevo de la presidencia de la Unión Europa para los siguientes seis meses.

El semestre finés, que ahora transcurre, se inició con dos objetivos: fomentar la búsqueda del desarrollo sostenible con crecimiento económico y profundizar en las relaciones con Rusia en nombre de la UE.

Y es que el desarrollo sostenible tiene mucho que ver con este país nórdico de menos de seis millones de habitantes.

Finlandia es el líder mundial en desarrollo sostenible, o, al menos, así lo demuestra el Índice de Sostenibilidad Ambiental (ESI, por sus siglas en inglés) elaborado de forma anual por las universidades norteamericanas de Yale y Columbia para el Foro Económico Mundial. Este índice en su edición de 2005 situaba a Finlandia en el primer puesto de entre los 146 países analizados según 21 elementos.

El estudio ponía de manifiesto dos hechos importantes.

El primero es que la protección ambiental no se consigue necesariamente a costa de la competitividad.

Finlandia es tan competitiva como los Estados Unidos pero los Estados Unidos ocupan el puesto 45 del índice. Por otro lado, el resultado del estudio deja claro que los países desarrollados enfrentan desafíos ambientales diferentes a los países en desarrollo donde las preocupaciones dominantes son el agotamiento de los recursos que genera la pobreza así como una limitada capacidad para frenar la contaminación.

Si nos referimos a España podemos decir abiertamente que no nos parecemos mucho a los finlandeses. Nuestro país ocupa el puesto 76 del ranking. El estudio sitúa a cada país en referencia a los de su entorno de manera que los progresos o la falta de ellos es mucho más evidente.

En este sentido, suspendemos en muchos de los indicadores siendo los más graves la calidad del aire y el agua, la capacidad para reducir la presión sobre el medio ambiente, la gestión de los recursos naturales y, sobre todo, en la reducción de las presiones medioambientales compartidas con otros países, véase Portugal.

El reto del agua en España

Durante el pasado siglo XX, la política hidráulica hispana se ha caracterizado por considerar al agua como un simple recurso económico, de irregular distribución temporal y espacial. Se hacía preciso «corregir» la irregularidad de la Naturaleza mediante la construcción de embalses que almacenaran el agua de las lluvias y conducciones para llevarla a los centros de consumo, principalmente los campos de riego. Estas infraestructuras se hacían con cargo al dinero público y sus usuarios no pagaban el coste real del servicio.

Además, hemos usado los cauces de los ríos como solución fácil para deshacernos de las aguas residuales urbanas e industriales, dando lugar a evidentes problemas de contaminación.

Las aguas subterráneas tampoco se han librado de esta política, pero su explotación ha sido llevada a cabo por millares de propietarios de pozos, sin participación del dinero público y escaso control de la Administración hidráulica.

Este desinterés, permitió el descenso continuado del nivel del agua en ciertos acuíferos lo que a su vez desembocó en problemas como la salinización de los acuíferos del litoral mediterráneo o la afección a humedales.

Tampoco la calidad del agua en los acuíferos ha estado libre de la polución humana. Las fugas en los depósitos de sustancias químicas han dado lugar a numerosos casos de contaminación puntual, mientras que el empleo de abonos nitrogenados provoca un crecimiento de los nitratos en todos los acuíferos sobre los que se practica la agricultura.

En las dos últimas décadas aparece una nueva visión del agua. Además de un bien económico para satisfacer unas demandas de abastecimiento a poblaciones, riego y producción de bienes industriales, el agua es el soporte vital de ecosistemas fluviales, de humedales de alto valor ecológico y de otros valores de tipo paisajístico, recreativo y cultural. El gran reto del agua consiste en compatibilizar ambas visiones.

El camino nos viene marcado desde la Unión Europea con la Directiva Marco del Agua. Quizás demasiado ambiciosa, impone que se alcance un buen estado en todas las aguas continentales y costeras de la Unión para el año 2015 y recoge claramente la necesidad de que el usuario del agua tenga que pagar el coste total de ésta, tanto su disponibilidad como recurso, como su limpieza en el caso de que la haya contaminado.

Con esta directiva se hace necesario un cambio en los organismos públicos encargados de la gestión del agua, que nacieron en esa política de construcción de presas y canales, que aunque aportó grandes beneficios, hoy es obsoleta. Finalmente, fomentar la participación en la gestión del agua de todos los colectivos implicados, incluso el público en general, ya que la temática del agua nos afecta a todos, es una medida de sentido común y de reconocimiento universal.

Por Javier González Yélamos

Manos a la obra

Fundación Entorno y Fundación Ecología y Desarrollo, son dos de las organizaciones que más están trabajando en nuestro país por ayudar a las empresas a encontrar su papel en el desarrollo sostenible. A través de ellas se puede conseguir información y herramientas para avanzar en este campo.

  • Fundación Ecología y Desarrollo (www.ecodes.org) ha desarrollado la herramienta CeroCO2 (www.ceroco2.org), un programa que permite contabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero, proporciona información para reducirlas y ofrece la posibilidad de compensar las emisiones generadas a través de proyectos en América Latina.
  • Fundación Entorno (www.fundacionentorno.org) promueve el liderazgo empresarial en la creación de valor sostenible. El pasado marzo la fundación se constituyó en el Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible integrándose en la red regional del World Bussiness Council for Sustainable Development (WBCSD). Una gran empresa puede participar como colaboradora o como miembro de alguno de los grupos de trabajo dedicados al Cambio Climático y Energía, El papel de los negocios en la sociedad y la Construcción Sostenible.

Por mil euros/ año las pymes también pueden asociarse a esta plataforma con un programa que les suministrará información diaria y herramientas de trabajo.

Además, facilitan de forma libre dos herramientas útiles: el programa E+5 y Enerpyme. E+5 cuesta cincuenta euros y es un tutorial de cómo implantar un sistema de gestión ambiental en 5 pasos. El programa es básico y puede resultar una buena preparación antes de afrontar una ISO 14001 o el EMAS.

Enerpyme (www.enerpyme.es) es un programa creado para mejorar la eficiencia energética en la pyme y es totalmente gratuito. En su primera edición se centra en cuatro sectores: hoteles, invernaderos, panaderías, granjas avícolas de puesta y supermercados.

Pasos para convertirse en una ‘empresa sostenible’

  1. Mirar qué valores tenemos y si son compatibles con el concepto de empresas sostenible. Si no lo son hay que buscar la coherencia.
  2. Activar mecanismos de relación con el entorno. Ej., creando plataformas de diálogo con los stakeholders en contacto con el primer ejecutivo de la organización.
  3. Revisar si los sistemas de la organización son coherentes con los valores planteados.
  4. Conseguir que la innovación sea el propósito casi fundamental de la organización, creando el ambiente adecuado para que toda la organización contribuya a ello.
  5. En los máximos órganos de gobierno debe haber expertos en estos temas y comisiones para ellos.
  6. Formular una estrategia de sostenibilidad totalmente integrada en le estrategia de negocio o tendente a ello.
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