RSE y desarrollo económico: Un buen negocio para todos

CE20 octubre 2006

Las empresas que ponen en práctica actividades social y ambientalmente responsables como parte de su estrategia de negocios tienen un impacto positivo y sostenible en crecimiento, desarrollo y reducción de la pobreza.

Si una empresa pone en práctica estas actividades de una forma coherente puede ayudar a mejorar su acceso a bienes y servicios, empleos de calidad, nuevas oportunidades de actividades económicas que generen autoempleo y pueda contribuir a generar cadenas de valor responsables, como puede verse en los ejemplos que se presentan más adelante.

En otras palabras, las empresas responsables pueden ofrecer soluciones sostenibles a problemas socioeconómicos contribuyendo a la reducción de la pobreza. El potencial de la RSE es aún más relevante y necesario en países en desarrollo como son la mayoría de los países de Latinoamérica y el Caribe.

Es evidente que el sector privado no puede ni le corresponde resolver todos los problemas sociales y económicos de un país. Sin embargo sí que es posible que conduzca sus actividades de tal manera que tengan un impacto positivo en la sociedad (más allá de la aportación evidente de generación de riqueza y empleo) a la vez que puede aumentar su rentabilidad.

Esto, en algunos casos, incluye también ofrecer oportunidades para que los más pobres sean capaces de participar en el «mercado».

Ofreciendo posibilidades a los más desfavorecidos para tener algún poder sobre su destino, como son el acceso a un trabajo digno, posibilidades de acceder a productos y generar ingresos con pequeños emprendimientos es esencial para conseguir prosperidad. Cuando la mayoría de la población participa de un modo u otro en el desarrollo económico, las sociedades tienden a ser más estables social y políticamente, lo cual redunda en beneficios para las mismas empresas.

La ayuda financiera al desarrollo de los donantes internacionales puede ser muy importante, pero por sí sola no es suficiente ni sostenible. Las iniciativas que se basan en actividades económicas son las que tienen un impacto masivo y han resultado más efectivas para ayudar a los más desfavorecidos a salir de la pobreza y evitan la dependencia de las ayudas de las agencias de cooperación.

Fortalecen el tejido socioeconómico, y suelen ser más sostenibles.

Algunas empresas son capaces de ofrecer productos y servicios responsables y de calidad por el simple hecho de tratarse de bienes y servicios básicos. Si bien es cierto que en muchas ocasiones estos servicios deberían estar cubiertos por el Estado, y por tanto no deberían ser responsabilidades del sector privado tenemos que asumir lo evidente, y es que se convierte en tarea imposible.

En muchos casos si las empresas quieren que la población esté educada, sana y con unos ingresos dignos para poder prosperar no tiene más remedio que contribuir para conseguirlo. No queremos decir con ello que cubrir las deficiencias del Estado es responsabilidad de las empresas, pero a veces se hace inevitable intervenir. En este sentido, la responsabilidad social empresarial en países en vías de desarrollo tiene un carácter diferente a la responsabilidad en países desarrollados.

Para los primeros, la clave está en hacer estas contribuciones sin crear dependencia de la comunidad de la empresa y tratando de hacerlo estratégicamente para la empresa, a efectos de asegurar la sostenibilidad de sus esfuerzos.

No tenemos por qué pensar que esto es solamente una opción altruista para las empresas.

Por el contrario el ampliar las oportunidades a nuevos consumidores y productores tiene un efecto positivo también para las empresas puesto que esto puede llevar al desarrollo de nuevos mercados, construir una fuerza laboral mejor formada y asegurar la presencia de una base de pequeños proveedores y distribuidores con la formación y tecnologías necesarias y con los que se pueda hacer negocios, además del conocimiento local de las comunidades.

Sin duda, conseguir todas estas cosas requiere unos modelos de negocio innovadores que se centren en desarrollar el potencial de estos segmentos en desventaja para poder convertirlos en socios empresariales.

UN BUEN NEGOCIO PARA TODOS. Existen casos de éxito en Latinoamérica que ilustran soluciones creativas del sector privado para mejorar las condiciones de vida a la vez que expanden mercados y mejoran su rentabilidad. Estas compañías sientan un precedente al conducir sus negocios de forma responsable y ofrecen oportunidades para los más pobres, incluyéndolos dentro de sus cadenas de abastecimiento de bienes y servicios.

Pão de Açúcar, es una cadena de supermercados brasileña que creó un programa llamado Caras do Brasil cuyos suministradores son pequeños productores y microempresarios. Se venden más de 250 productos dentro del programa en 25 tiendas de Río de Janeiro y São Paulo. Caras do Brasil ofrece una solución viable para pequeños productores que de otro modo no tendrían acceso a otros canales de distribución para comercializar sus productos.

Esta iniciativa ayuda a desarrollar nuevos mercados para estos pequeños productores contribuyendo al desarrollo de las comunidades. Por el lado de Pão de Açúcar el programa permite a las tiendas participantes ampliar su línea de productos, diferenciarse de los competidores y mejorar su reputación. Sin embargo, los criterios de elegibilidad para convertirse en suministradores son estrictos.

Estos requisitos son, en primer lugar deben ser productos rentables individualmente o que el supermercado al menos no pierda dinero; segundo, deben ser microempresas formales con lo que las incentivan a constituirse legalmente y entrar en el sector formal y cumplir con las regulaciones existentes, que no es tarea fácil ni frecuente, pero que hace que las microempresas puedan por lo menos tener acceso a algún tipo de servicios. Además, exigen tener abierta una cuenta bancaria con lo que igualmente incentiva la bancarización.

El caso de Helados Bon también es destacable. Se trata de una compañía productora de helados en la República Dominicana cuya gerencia se interesa en apoyar el autoempleo y las iniciativas empresariales entre sus empleados y en contribuir al desarrollo comunitario local.

La gerencia está convencida que sus negocios no pueden prosperar en una sociedad pobre. Helados Bon ha subcontratado el 80 por ciento de sus ventas minoristas, la distribución mayorista y otros servicios a antiguos empleados, concediéndoles unas mejores condiciones financieras a las que posiblemente no tendría acceso de otro modo para poder crear su propio negocio.

La empresa también lanzó un helado con macadamia orgánica junto con un programa de apoyo a la conservación de los recursos naturales de las zonas de producción.

Para ello, estableció un programa llamado Plan Sierra para ayudar a los productores locales a cultivar árboles de macadamia, que además implicaba la reforestación de 140.000 hectáreas.

Los productores locales que participaron se han beneficiado de la posibilidad de realizar una gestión agrícola más efectiva y por tanto mejorar su productividad a través del acceso a conocimientos y técnicas más perfeccionadas tanto de producción como de comercialización a través del programa.

Unión Fenosa entró al mercado energético colombiano en el 2000, un mercado caracterizado por tener zonas con usuarios con accesos informales a la red eléctrica y con factores socioeconómicos que contribuyen al fraude y al derroche de energía.

Aproximadamente unos dos millones de personas tenía acceso ilegal, que además causaba problemas de seguridad por las malas condiciones del tendido eléctrico por falta de la infraestructura básica. La empresa se dio cuenta de que las condiciones de vida y los patrones de ingresos de estos usuarios no eran iguales a los del resto de los clientes en los mercados eléctricos regulares.

El acceso irregular a la electricidad estaba generando menores ingresos y mayores pérdidas de energía de lo anticipado, lo que ponía en peligro la rentabilidad de la inversión realizada.

Energía Social se creó en 2004 para abordar estas necesidades básicas de seguridad y acceso legal a la electricidad de una forma sostenible y efectiva para aquellas comunidades que habían sido tradicionalmente excluidas y que por sus niveles de ingresos no habían sido consideradas por los proveedores de servicios como agua o energía. Se desarrolló un método innovador de recolectar los pagos a través de la creación de Mypimes en las mismas comunidades.

La función de estas Mypimes es la de leer contadores, recolectar pagos y ofrecer servicios al cliente y de reparación.

Se estableció un sistema de pago colectivo para el que tuvo que trabajar muy de cerca con los gobiernos centrales y locales con el fin de desarrollar una estructura de tarifas y un sistema de cobro permitido por el marco regulador eléctrico. Para ello, la compañía tuvo primero que poner de manifiesto la necesidad de una reforma del marco legal.

El resultado de Energía Social fue contribuir a la normalización de más de 12.000 familias viviendo en la costa caribeña. Ahora estas comunidades tienen la oportunidad de acceder de forma legal, segura y regular a los servicios de electricidad mejorando la infraestructura básica para las pequeñas empresas, las escuelas y los hogares de la zona. Este es un caso paradigmático de la diferencia en la responsabilidad empresarial de operar en países en vías de desarrollo que hacerlo en España.

DESAFÍOS. Aunque de gran tradición, los esfuerzos filantrópicos en Latinoamérica no han conseguido tener todo el impacto esperado de una manera sostenible en el tiempo. Algunas empresas han tenido una visión paternalista de su rol en la sociedad y sus esfuerzos se han centrado en educación primaria, salud, y actividades culturales mientras han dejado de lado la generación de ingresos.

Se necesita avanzar para que las empresas de América Latina y el Caribe sean capaces de apoyar acciones que generen oportunidades económicas, en vez de dependencia de las donaciones. La RSE es una contribución más sostenible al desarrollo económico que la efímera y variable filantropía. Estamos proponiendo enseñar a pescar y a vender el pescado.

Las prácticas responsables están teniendo un impacto positivo en mejorar la calidad de vida de muchas personas a la vez que mejoran las cuentas de resultados de las empresas y la reputación de muchas de ellas.

Estas actividades pueden también ayudar a mejorar las relaciones empresariales con los gobiernos y las comunidades, haciendo más fácil obtener la «licencia para operar» que implícitamente otorga la sociedad, por parte tanto del gobierno en cuanto a requisitos legales como la aceptación social por parte de las comunidades donde se ubican.

Algunos estudios sugieren que los mismos impedimentos que ralentizan el desarrollo social y económico en general, y para la creación de un sector privado y público robusto, son los que impiden el desarrollo de iniciativas responsables encaminadas a ayudar a los más pobres a labrarse un porvenir. Estos factores incluyen una falta de capacidad institucional y un clima empresarial relativamente menos favorable.

A pesar de los casos de éxito mencionados anteriormente, todavía quedan numerosos obstáculos y desafíos. Las empresas reconocen que para poder estar presentes en los segmentos de mercado más bajos es necesario primero comprender las diferentes estructuras sociales y abordar las deficiencias en infraestructuras, formación o capacidad financiera.

Para superar estos obstáculos las empresas necesitan buscar alianzas estratégicas con socios que ya tengan el know-how y la experiencia de trabajar con estos grupos.

Las empresas necesitan desarrollar relaciones sostenibles con los estratos de bajos ingresos, las organizaciones sociales y los gobiernos locales para poder satisfacer su compromiso social. Comprender la complejidad de las redes sociales existentes en las comunidades así como las necesidades reales que tienen es de una importancia crítica para tener éxito e impacto real.

Los casos presentados prueban que la rentabilidad no es incompatible con los esfuerzos por conseguir el bien común y mejorar los estándares de vida para todos y que en muchas ocasiones uno depende del otro.

Crear lazos más fuertes entre las empresas y las comunidades locales es crítico para que funcionen las soluciones basadas en iniciativas productivas. El desafío principal es aportar a las micro y pequeñas empresas los conocimientos y destrezas necesarias para que puedan ser socios empresariales de confianza, capaces de cumplir plazos de entrega y la calidad requerida.

El acceso a los recursos financieros para ellas es fundamental para asegurar que pueden hacer frente a la actividad empresarial, como suministradores de bienes y servicios. De todas formas, la asistencia financiera no es por sí sola suficiente. Las empresas más grandes deben ayudar a sus socios más pequeños con capacitación y conocimientos sobre métodos empresariales y transferencias tecnológicas.

En respuesta estos pequeños negocios aportarán un valioso conocimiento de las condiciones locales.

Los problemas que afectan a millones de personas en países en desarrollo requieren nuevos enfoques y soluciones innovadoras.

El hecho de que en esta región del mundo un cuarto de la población viva con menos de dos dólares al día muestra la urgencia por resolver el problema.

Las empresas pueden mejorar su contribución abordando la situación y creando riqueza y oportunidades. Ofrecer acceso a bienes y servicios para ayudar a los más pobres a salir del círculo vicioso de la pobreza es posiblemente más efectivo que las donaciones además de tener un mayor efecto en los beneficiarios aumentando su confianza en ellos mismos y de los demás.

La puesta en marcha de modelos de desarrollo que combinan una buena gobernabilidad pública y privada, el empresariado social y la RSE utilizando recursos del sector privado y su capacidad de innovación es una de las formas más efectivas de promover el desarrollo sostenible.

Un buen negocio para todos

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), junto con el Instituto ETHOS y la Federação das Indústrias do Estado da Bahia (FIEB) realizará la IV Conferencia Interamericana sobre Responsabilidad Social de la Empresa en Salvador (Bahía, Brasil), el 10-12 de diciembre, 2006. Este evento tiene como tema central el impacto de la RSE en el desarrollo y por ello el título de Un buen negocio para todos. Este título pretende reflejar la importancia de la RSE en el desarrollo económico y social equitativo.

Tanto las empresas como el resto de la sociedad se puede beneficiar. No hace falta por tanto sacrificar la cuenta de resultados de la empresa ni tampoco la calidad de vida de las personas o el medioambiente, al contrario, es posible mejorar ambas a través de la RSE.

Durante estos dos días se discutirán temas relacionados con el rol del Estado en la creación de un ambiente conducente para la RSE; la sociedad civil y el desarrollo económico; y la importancia de las alianzas entre varios actores.

En las sesiones paralelas también se abordaran temas más específicos en cuanto al impacto de los asuntos de transparencia y gobernabilidad en el desarrollo; condiciones laborales, derechos humanos y trabajo infantil; casos de apoyo a las comunidades, etc. Para conocer mas detalles sobre el programa visite: www.csramericas.org

Por Antonio Vives y Estrella Peinado-Vara