¿Son los índices y rankings transparentes en sus criterios y metodologías?

Compromiso Empresarial convocó a un grupo de personas para analizar críticamente las certificaciones, índices y premios ligados a la valoración de la RSC. Para ello, reunió a representantes de organizaciones evaluadoras (Germán Granda, director general de Foretica; José Luis Tejera, director de desarrollo de Aenor; y Joaquín Garralda, secretario de Asepan); de empresas (Alicia Alonso, Responsabilidad y Reputación Corporativas de BBVA; Juan Felipe Puerta, Responsabilidad y Reputación Corporativa de Iberdrola; Ana Benavente, Responsabilidad Corporativa de Acciona; y Beatriz Sánchez, directora de Marca y Reputación Corporativa de Indra); y del mundo académico (Javier Carrillo, profesor del IE).

CE. Sorprende mucho la atención que en España se presta a los índices, rankings y certificaciones; es un país que marcha claramente a la cabeza. ¿A qué obedece este interés de las compañías españolas por copar los primeros puestos?

Javier Carrillo. La fuerte presencia de las empresas españolas en los índices y certifi caciones constituye ya un debate «clásico». No creo que obedezca a una sola causa sino a una combinación de factores. Por una parte, tenemos un tejido industrial muy atomizado de pequeñas empresas a las que las grandes obligan a pasar por este filtro si quieren ser contratadas como proveedores; por otra, contamos con un sector de empresas consultoras y certifi cadoras muy desarrollado. Sin duda también podría pesar la dimensión cultural, ya que como es bien sabido en nuestro país se concede mucha importancia a contar con un buen nombre.

Beatriz Sánchez. En mi opinión ha habido una serie de empresas que han tirado del resto, las empresas del IBEX, y eso es un motivo para alegrarse. Las certificaciones son un medio de mejora. Constituyen un impulso para lanzar procesos internos dentro de las empresas. Si estamos mejor que otros países, es un motivo para alegrarse no para inculparse.

Ana Benavente. Creo que la fuerte presencia de certificaciones puede obedecer a dos motivos. Por una parte, las ventajas que proporciona una valoración externa independiente y, de otra, un cierto temor a no estar. Si no figuras en un índice en el que está presente la competencia, el riesgo es que los grupos de interés pueden pensar o que tu gestión no es tan buena o que no es tan transparente.

CE. Muchos de los responsables del área de RSC se quejan de que dedican gran parte de su tiempo a elaborar la Memoria y a contestar cuestionarios para responder a las certifi cadoras y a los índices. Se quejan de que hay demasiadas iniciativas actualmente y que sería necesario unifi carlas.

José Luis Tejera. En mi opinión, el gran número de iniciativas actuales se debe a la complejidad del propio concepto de Responsabilidad Social. No es una noción pacífica sino muy discutida y discutible y por tanto es muy complicado tratar de verificar un tema que tiene tantas aristas. Así como los procesos para impulsar la «calidad» se desarrollaron muy rápidamente, al coincidir con la entrada de España en la Unión Europa y con la exigencia de que nuestros productos tuviesen acceso a ese nuevo mercado, el tema de la RSC, sin embargo, resulta mucho más complejo, pues afecta a la parte medioambiental, social y económica de la empresa. Se vienen haciendo esfuerzos desde hace años por unificar las prácticas, ahora mismo se está trabajando en la ISO 26.000.

Más de 500 expertos procedentes de países desarrollados y países en vías de desarrollo están colaborando en la elaboración de esta normativa. Es la primera vez que en ISO los puestos que se designan son ocupados paritariamente por un representante de un país desarrollado y otro de un país en vías de desarrollo. Todo esto da una idea de la dimensión del problema. Como certificar la RSC es muy complejo, lo que ha ocurrido es que han ido surgiendo iniciativas parciales y esto es lo que ha podido generar una cierta confusión. Han surgido metodologías para certificar aspectos como la conciliación de la vida profesional y familiar, la igualdad de género, los temas medioambientales, etc.

Ahora bien, si por certifi cación de la RSC hablamos del intento de verificar en la empresa sus políticas para integrar las preocupaciones sociales y medioambientales y el diálogo con los stakeholders hay que ser consciente de que el asunto es muy complicado. Hoy por hoy no existe ninguna norma internacional que verdaderamente aborde todas las variables. En España se constituyo un Comité para tratar de alumbrar un documento, pues bien este documento, que estamos a punto de aprobar, ha costado nueve años.

Joaquín Garralda. Yo participe inicialmente en ese esfuerzo y puedo confirmar la enorme dificultad que existía en llegar a un acuerdo final. Se quería contar con la participación y consenso de todos los stakeholders: sindicatos, ONGs, empresas…, y eso hacía inviable la solución, pues el nivel de abstracción y complejidad de los temas tratados era altísimo. En la medida en que las propuestas se fueron acercando más a la práctica, a la realidad de las empresas, el proceso fue avanzando. Hay que ser conscientes, también, que es muy difícil llegar a un modelo que guste a todos. Yo soy más partidario de propuestas o iniciativas sectoriales. Lo que interesa y puede resultar crítico para una institución fi nanciera no lo es para una energética.

Es cierto que los directores de comunicación han centrado mucho la atención en los certifi cados y los índices, pero hay que tener en cuenta que para ellos es una manera muy sencilla de saber si están haciendo bien su trabajo, pues no tienen ningún indicador o métrica que les muestre si lo están desempeñando correctamente. Además, también es una herramienta para convencer a los medios de comunicación. Otro problema diferente es la venta interna de las prácticas de RSC. Hasta que el jefe de compras crea en las políticas de RSC va a pasar tiempo. Hay una resistencia soterrada por parte de muchos departamentos en las empresas a la hora de aplicar estas políticas.

Juan Felipe Puerta. A mí me gustaría insistir en las tres dimensiones: económica, social y ambiental. Estamos añadiendo nuevas dimensiones (la social y la medioambiental) a la información de la empresa. La dimensión económica lleva tiempo verifi cándose. Incluir dos dimensiones más es una prueba de transparencia y tenemos que recorrer ese camino. Cuando entró con fuerza el tema ambiental, surgió la ISO 14.000, y lo mismo ha ido sucediendo en temas de salud laboral, de calidad u otros.

Un problema diferente es la enorme dispersión de iniciativas y propuestas que han surgido en torno a la sostenibilidad y la RSE, que está reclamando una cierta unifi cación: la información según GRI, la verificación no financiera según ISAE3000, el estándar AA1000 para la relación con los grupos de interés, la norma SGE21, la Guía AENOR y algunas más que me dejaré en el tintero, y eso tiene que ir convergiendo. Respecto al tiempo que se dedica a actividades de comunicación, hay que contar con ello. ¿Cuánto tiempo dedican las empresas a comunicar a sus accionistas y cliente? Mucho. Es normal que se dedique tiempo a todos los grupos de interés. Se informa porque se ve que esa información es solicitada y bien percibida y las empresas creo que aceptan el esfuerzo que supone.

Javier Carrillo. De acuerdo con ese razonamiento, en España hay más demanda externa de información que en otros países sobre el desempeño social y medioambiental de la empresa, y por eso nuestra presencia en los índices y rankings que discutimos es mucho mayor. Yo no comparto esa opinión. Al contrario, tengo la impresión de que en estas nuevas dimensiones del desempeño empresarial la oferta de información en nuestro país está todavía por delante de su demanda.

Juan Felipe Puerta. Probablemente en España no haya más demanda de información que en otros países pero, en mi opinión, así como hay empresas extranjeras que proporcionan más información y con más detalle que empresas españolas, hay información de empresas españolas de mucha calidad. Por otra parte, hay que ser conscientes de la presión que han ejercido las organizaciones sociales por impulsar estos temas en los últimos cinco años, como Global Compact, algunas ONGs, Observatorios, etc., y habría que analizar si ese fenómeno se ha producido en otros países y con qué fuerza. En cualquier caso, yo no creo que la información que se está facilitando sea excesiva, aunque seguro que no es muy homogénea; la ausencia de estándares de sufi ciente calidad dificulta la comparación de la misma.

José Luis Tejera. Una de las razones que explica la gran profusión de empresas certificadas en España y Europa obedece sin duda a factores culturales. En los Estados Unidos no son muy partidarios de controles. Eso no quiere decir que no apliquen las políticas sino, más bien, que entienden que no necesitan una entidad externa que lo compruebe, basta la declaración de la propia empresa. Pero, también es verdad que el sistema judicial en los Estados Unidos es muy riguroso, si encuentran a alguna empresa mintiendo la sanción es muy fuerte. Esa confi anza que existe en el sector empresarial es desconocida en Europa, o al menos no tan intensa como al otro lado del Atlántico. En nuestro entorno cultural se exige la certifi cación porque el sector empresarial no goza de tanta credibilidad como en los Estados Unidos.

Alicia Alonso. En mi opinión la profusión de iniciativas y propuestas también obedece al propio proceso evolutivo. La RSC es muy joven, sus iniciativas también, y es lógico que exista un «boom» en todos estos temas que poco a poco se irán decantando. Al fi nal se producirá una selección natural, quedarán las iniciativas y propuestas más rigurosas.

German Granda. Yo coincido con esta valoración. Me parece que todavía estamos en la fase de preguntar ¿cómo hago yo esto? No creo que haya tantas propuestas en el mercado a nivel global. ¿Qué hay de reporting además del GRI? Nada ¿Qué hay en sistemas de verificación de la gestión de la RSC? Tampoco hay mucho. El sector textil es el más afectado porque ha tenido que responder a determinados riesgos, pero no es lo habitual. Tampoco es malo que haya varias alternativas y que compitan, al final quedará la mejor. Creo que hay que reconocer la gran contribución que los procesos de certificación y los Índices han tenido para impulsar muchos de estos temas y, al mismo tiempo, que nos encontramos en los estadios iniciales de la curva de aprendizaje. Como gran reto de futuro señalaría la necesidad de llegar a las medianas y pequeñas empresas.

CE. Pasando a los temas metodológicos, otra de las críticas más frecuentes es la falta de rigor de muchos mecanismos. ¿Quién verifica? ¿Cómo se recoge la información? ¿Qué tan fiable es?

Joaquín Garralda. Nosotros (el Global Compact) no somos verificadores. Impulsamos la transparencia, pero no verificamos el cumplimiento. El mercado en sentido amplio es el que debe sacar conclusiones. Uno de los problemas asociados a la falta de rigor guarda relación con el coste. Auditar las políticas de RSC no es tan sencillo como auditar las cuentas anuales. Por ejemplo, verifi car las condiciones laborales de los talleres externos de una empresa textil en un país en vías de desarrollo es complejo: ¿Quién lo hace? ¿Qué porcentaje de talleres verifi cados se considera aceptable? Uno se plantea si merece la pena el coste de hacer más rigurosos los mecanismos, sobre todo cuando no existe una demanda real que lo reclame.

Germán Granda. Yo creo que el problema de los supuestos costes de la certifi cación hay que ponerlo al lado de sus posibles benefi cios. Una empresa certifi cada tiene más acceso a determinados mercados y a poder ser seleccionada como proveedora de una empresa grande. Por tanto, yo relativizaría mucho el tema de los costes de la certifi cación. No son tantos y los beneficios pueden ser considerables.

Juan Felipe Puerta. En mi opinión, el mayor problema que tenemos con los Índices y con los rankings no es que sean más o menos rigurosos, sino en la falta de transparencia de algunos de ellos. Por ejemplo, el «Dow Jones» es un índice absolutamente transparente; uno conoce los criterios con los que le valoran, cómo le valoran y tiene la oportunidad de explicarse y de decidir si fi nalmente quiere estar en ese índice, pero hay otros índices y rankings que están publicando valoraciones en los que la transparencia deja mucho que desear. Se desconocen los criterios de evaluación y las ponderaciones. A mi esto me parece serio; las empresas tienen que decidir, y por tanto trabajar, conociendo cuales son las reglas del juego.

Ana Benavente. Completamente de acuerdo, además resulta sorprendente que aquellos que reclaman transparencia no sean a su vez transparentes con sus metodologías y procedimientos.

Joaquín Garralda. Hay aspectos que se incluyen en los Índices y certifi caciones que son completamente irrelevantes. Por ejemplo, el hecho de cómo se reduce el consumo de agua, puede ser una cuestión importante para algunas empresas, pero no para todas.

Alicia Alonso. Sí, creo que no debemos olvidar la perspectiva sectorial. El tema de las emisiones de CO2 en una institución fi nanciera no es el mismo que en una empresa energética. En ese sentido, si me parece que las reglamentación debe tener en cuanta las características y la naturaleza de cada sector. La empresa debe centrarse en el control de sus principales riesgos y no querer abarcarlo todo.

Beatriz Sánchez. Sería muy útil que fuésemos caminando hacia una cierta convergencia entre las certifi cadoras, agencias de rating, índices; identifi car una serie de asignaturas troncales, eso nos facilitaría mucho la vida a las empresas.

CE. ¿No les parece que tanta insistencia en la certificación puede terminar eliminando la necesaria innovación? Me explico. En la medida en que las empresas identifi can el compromiso social y medioambiental con el cumplimiento de un conjunto de reglas previamente pautadas, pueden correr el riesgo de limitarse a cumplir lo ya establecido y no ser capaces de dar respuesta a cuestiones nuevas, no contempladas en el «manual». ¿Cuál es tu opinión?

Juan Felipe Puerta. Ese riesgo existe, pero creo que la certifi cación de la RSE puede ser también un elemento de innovación facilitando a las empresas una diferenciación de sus productos frente a los consumidores. ¿Hasta que punto los consumidores aceptan esa innovación? La aceptan cuando los valores incorporados al producto convergen con los del consumidor. Cualquier innovación que una empresa introduce tiene una inversión y un coste inicial que la empresa busca rentabilizar a través de la aceptación de sus productos por los consumidores y la sociedad. Lo que hay que buscar es que el mercado acepte la innovación puesta en práctica. En términos de RSE surge el concepto de la corresponsabilidad, que los consumidores pueden ejercer a través del consumo responsable y de la inversión socialmente responsable.

Alicia Alonso. No creo que certificación e innovación estén contrapuestas. No obstante para BBVA innovación es diferenciación. Y en mi opinión algo de anticipación también, como se ha demostrado, por ejemplo en nuestro caso, con el tema de la inversión socialmente responsable y la gestión de nuestro fondo de empleo bajo criterios de sostenibilidad.

Germán Granda. En mi opinión el riesgo contra la innovación va a depender en gran medida de cual sea el sistema de gestión de la RSC. Hay empresas que constituyen un Comité en el que dan entrada a todos los responsables de áreas y así facilitan oportunidades de innovación. Además, todos estos sistemas obligan a la mejora continúa, tienes que intentar superarte…

Javier Carrillo. Estoy de acuerdo, pero en términos de sostenibilidad hacer las cosas «algo» mejor puede ser menos deseable que hacer las cosas de manera diferente. La verdadera innovación requiere hacer las cosas de modo distinto, encontrar un camino nuevo. Y hay que reconocer que la mayor parte de los esfuerzos que estamos discutiendo no están aportando un valor diferencial a los bienes y servicios producidos. No hay necesariamente más valor en los productos por el hecho de que estén certificados o porque la empresa ocupe una determinada posición en un ranking; al menos no lo perciben así los consumidores. El éxito de estas iniciativas vendrá cuando sean capaces de aportar valor a la empresa y a sus productos, al tiempo que benefi cios sociales y ambientales, y este triple objetivo sólo se puede alcanzar por la vía de la innovación. Es decir, cuando todos estos esfuerzos faciliten el cambio hacia la sostenibilidad, no sólo la mejora continua, relevante y necesaria pero no suficiente.

Ana Benavente. En mi opinión, ese riesgo no existe si la empresa tiene claro cual es su foco. Los procesos de mejora continua unidos al diálogo con los principales grupos de interés, siendo selectivos, son un cauce natural para la innovación.

Cinco reflexiones de los expertos

1 Sería conveniente que los índices y rankings fuesen más transparentes en sus criterios y metodologías.

2 Pese a la dificultad, sería deseable que existiese cierta convergencia entre las diferentes iniciativas para evaluar o certificar el cumplimiento de la RSE en las compañías.

3 No obstante, la conveniencia de unificar las diferentes metodologías, los índices y rankings deben tener en cuenta las características específicas de cada sector a la hora de ponderar las diferentes variables.

4 La exigencia de auditorias externas independientes para verificar la información hay que ponerla en relación con el coste que supondría esta exigencia para las empresas.

5 Los procesos de certificación por sí solos no aseguran la innovación en la empresa

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