"La RS requiere integrarse en la evolución del modelo capitalista de negocio"

CE1 noviembre 2008
Patrizia Moggia. Managing Partner de ADV Equity Fund

Los fondos de inversión en microfinanzas han experimentado en la última década un auge sin precedentes. Entre 2004 y 2006, el monto de la inversión de capital extranjero –incluyendo la realizada en forma de deuda y de participaciones de capital– se triplicó con creces, ascendiendo a US $4.000 millones. La entrada de inversionistas privados es el cambio más notable en el mercado de la inversión en microfinanzas. Cada mes –según el CGAP– entran en escena nuevos actores. Solamente en los tres últimos años se han establecido 40 fondos especializados en inversión en microfinanzas. Tanto los inversionistas individuales como los institucionales –tales como bancos internacionales, bancos de inversión, fondos de pensiones y fondos privados de inversión en acciones– están buscando los medios de canalizar capital a las microfinanzas y se están introduciendo técnicas bancarias de inversión para crear otros vehículos de inversión posibles que atraigan a una gama cada vez más amplia de inversionistas.

Para hablar de este fenómeno CE conversó con Patrizia Moggia, Managing Partner de ADV Equity Fund, uno de los fondos de inversión en microfinanzas más importantes en la actualidad.

Patrizia tiene la rara cualidad de combinar una amplia experiencia en el mundo financiero (trabajó para George Soros y Goldman Sachs, entre otros) con un profundo conocimiento del mundo de la cooperación al desarrollo, que le viene de su trabajo en Naciones Unidas.

Ese sugerente cóctel la convierte en una persona especialmente autorizada para hablar de las «finanzas inteligentes», un término acuñado por ella misma y que la crisis financiera actual ha hecho más necesario que nunca desempolvar.

Patrizia, tú has dedicado gran parte de tu carrera profesional a intentar combinar las finanzas, junto con el impulso de objetivos de desarrollo y sociales. ¿Qué razones te han llevado en esa dirección? ¿Ha sido un camino que siempre has tenido claro o que fue tomando forma poco a poco, fruto de tus experiencias?

Cuando me impliqué en serio en el mundo de las finanzas, reinaba la confusión en el sector financiero de mi país por culpa del mal comportamiento adoptado por ciertos grupos industriales: habían abusado de los instrumentos financieros y, de forma más general, habían abusado del sector financiero en su conjunto.

Era patente que las finanzas no se empleaban como herramienta –directa o indirecta– para alentar el crecimiento económico, que es su razón de ser, sino para llenar las arcas de unos pocos individuos. En otras palabras, y como diría Adam Smith, la mano invisible no era el trabajo bien hecho, ya que determinados grupos de interés no sólo estaban realizando un mal uso de las finanzas, sino que, además, estaban haciendo muy mala publicidad de éstas. Ante esta situación, empecé a buscar métodos para dar un uso adecuado a las finanzas en beneficio de la economía, tanto directa como indirectamente.

Por aquel entonces, también tomé conciencia de que, igual que suele ocurrir con las nubes, el capital tiende a concentrarse en los mismos lugares por regla general. Esta distorsión, que afecta a la distribución del capital, despertó en mí la necesidad de buscar instrumentos a favor de la igualdad, para que se dieran unas condiciones de vida algo mejores repartidas por todo el mundo. Quiero resaltar aquí que esta decisión no tuvo un fundamento político ni ideológico, sino que, simplemente, fue una respuesta práctica frente a una situación.

Después de trasladarme a Estados Unidos, seguí investigando acerca de métodos e instrumentos que pudieran constituirse en «finanzas inteligentes» o en un medio de utilizar las finanzas como herramienta directa, o indirecta, de crecimiento macroeconómico. Pasaron varios años hasta que pude identificar claramente cuáles eran las herramientas propicias de las que se puede disponer, qué tenemos al alcance y qué no, a fin de fomentar económicamente un acceso más justo al capital en todo el mundo.

En un determinado momento de tu vida tomaste la decisión de dejar la banca de inversión e irte a trabajar a las Naciones Unidas. ¿Qué fue lo que motivó esa decisión y cuál ha sido el balance de tu experiencia en ese organismo?

Después de haber trabajado en el sector financiero neoyorquino durante catorce años, que –como ocurre cuando calculamos la edad de los perros– cuentan como más años, y tras haber contribuido al desarrollo del sector financiero durante casi ese mismo periodo de tiempo, me sentía profesionalmente preparada para hacer el cambio definitivo.

De hecho, en todos estos años como consultora dedicada al mundo de las finanzas para el desarrollo yo seguía advirtiendo una falta de verdadera formación por parte de los profesionales del sector público. La formación y la capacidad de hablar el lenguaje de Wall Street son factores esenciales para poder atraer el tipo de capital, y la cantidad, que maneja el sector privado. Como también es esencial el hecho de que el capital pueda ser canalizado de manera rentable hacia formas de finanzas capaces de impulsar el crecimiento económico.

Partiendo de esta decisión, elegí el organismo que podría considerarse algo así como el escenario mejor para comprobar cómo se está gestionando hoy en día el tema de las finanzas para el desarrollo y cómo está contribuyendo el sector público al desarrollo económico y social.

Kofi Annan se esforzó por establecer los cimientos de la ONU, con sus sesenta años de experiencia, como ágora o foro para la discusión y exposición de asuntos de política internacional, y como vehículo para llegar al sector privado a fin de atacar aquellos problemas relativos al crecimiento económico a los que se enfrenta el mundo.

El problema fue que Annan intentó poner en marcha una nueva estrategia, luchar en una nueva guerra con un ejército ya viejo, de ahí que la organización en su conjunto no lograra poner en marcha estos planes de manera adecuada, o en la dirección correcta, en general. No me refiero a la nueva administración, sino a que los cambios a nivel administrativo suelen causar un parón de las políticas, algo que puede provocar que un animal lento se vuelva aún más torpe, si cabe.

Desde el punto de vista profesional, la ONU, como sucede con cualquier gran organización que cuenta con «bolsas de excelencia», era el mejor terreno para poder observar los méritos de entonces, y también los escollos, de las iniciativas realizadas a favor del desarrollo socioeconómico. Estoy satisfecha de esta experiencia que me brindó la oportunidad de abrir los ojos ante lo que es hoy el mundo del desarrollo.

Actualmente eres la directora de ADV, un fondo privado de inversión en microfinanzas. En estos últimos años hemos visto crearse numerosos fondos (públicos y privados) enfocados a ese mercado. ¿Cuáles son las razones de este aumento de fondos de inversión en microfinanzas? ¿Es un sector tan atractivo para el inversor?

Se calcula que el tamaño del sector de los microcréditos asciende a unos 20.000 millones de dólares en activos, mientras que la demanda está estimada en alrededor de 300.000 millones.

Los propios representantes de la industria se dieron cuenta de que sólo el sector privado tenía la capacidad y los instrumentos para cubrir esta laguna, por lo que fueron ellos los que comenzaron a crear los medios –en este caso, los fondos– para movilizar capital hacia la industria de los microcréditos. Al mismo tiempo, se fue extendiendo una mentalidad socialmente responsable en el seno de este sector, dando lugar a una oferta de fondos.

Toda la primera y segunda generación de fondos para microcréditos estaban consagradas a inversores socialmente responsables. La proliferación de esta clase de inversiones ha estimulado el crecimiento de fondos.

Las microfinanzas son un nicho de mercado, un subsector dentro del sector bancario. Sus características actuales le convierten en un nicho muy rentable, si tenemos en cuenta cierto universo, atrayendo de esta manera al inversor que persigue un retorno puramente comercial, o bien puede ser también un nicho que ofrece un retorno social aceptable para el inversor con mentalidad socialmente responsable.

En el contexto actual, caracterizado por un mayor interés y conocimiento del sector de las microfinanzas, en el que numerosas instituciones financieras e inversores públicos y privados se están interesando cada vez más por este mercado, ¿qué distingue a ADV del resto de fondos existentes?

El equipo gestor de ADV está compuesto por profesionales con gran experiencia en bancos e inversiones bancarias; en otras palabras, son personas capaces de valorar la oportunidad de crear la estructura adecuada que maximice los beneficios para el inversor y también para la institución receptora de dicha inversión.

Nuestro equipo profesional puede proporcionar un nivel de capital intelectual, o de dominio de las finanzas, que aún resulta difícil hallar en forma de oferta, pero que sí está presente en el mercado como una necesidad. En ADV tenemos mucho trabajo por delante. Por otra parte, ADV es, hasta el momento, el único fondo que persigue un retorno en la línea de los retornos de capital del sector privado tradicional, algo factible para nosotros gracias a la sólida experiencia que sus ejecutivos senior se han granjeado en dicho sector.

Existe el riesgo de malinterpretar las microfinanzas al concebirlas más como una herramienta de lucha contra la pobreza que como una nueva tecnología crediticia que ha facilitado el acceso de los servicios financieros a los sectores de bajos ingresos. En España, por ejemplo, la mayoría de las cajas de ahorro denominan microcrédito a los préstamos que conceden a los inmigrantes, sin importarles mucho si éstos los devuelven o no. ¿No te parece que poner el acento en la naturaleza del microcrédito como una herramienta de lucha contra la pobreza puede terminar pervirtiendo este instrumento?

De hecho, las microfinanzas pueden entenderse como una actividad benéfica, lo que significaría que no hay retorno para el inversor ni tampoco retorno del capital en sí. Puede tratarse de una inversión socialmente responsable, con un retorno seguro de entre el 2% y el 10%, o bien una operación completamente comercial con retornos del 10% y por encima de este porcentaje. Sería importante y apropiado clasificar este tipo de actividades relacionadas con los préstamos y llegar a un acuerdo de cómo deben ser clasificadas cada una de ellas.

Por último, tienes razón al decir que este tipo de actividades de crédito generan una distorsión muy peligrosa: aquellas personas ajenas al mundo financiero se quedan con el mensaje de que al sector financiero le resulta aceptable que no se devuelva un préstamo. A mí no me gustaría tener como clientes a personas educadas en esta escuela…

En la actualidad se habla mucho de Inversiones Socialmente Responsables para describir, con este concepto, aquellas decisiones de inversión en acciones de compañías que cumplen determinados estándares sociales y medioambientales. ¿Qué peso tienen estas inversiones en los Estados Unidos? ¿Cuál crees que será la tendencia en el futuro?

Se calcula que el segmento socialmente responsable de los valores cotizados en bolsa es menor del 10% del global del mercado público. Un porcentaje de los inversores favorece a ciegas este segmento sin entrar a investigar qué compañías están realmente comprometidas en términos de responsabilidad social, qué ocurre sobre el terreno y cuáles son los resultados… La tendencia podría persistir así porque la responsabilidad social por parte de las corporaciones requiere, en mi opinión, integrarse en la evolución del modelo capitalista de negocio.

Espero que el propio sector se vuelva más responsable a la hora de analizar las atractivas reservas de aquellas compañías que se comportan bien. En este sentido, y a pesar de los intentos realizados por introducir formas independientes de auditoría social, no hay nada consolidado en el seno de la industria para que esto se transforme en un fenómeno, o en una tendencia de la cual todo el mundo sea consciente. No estoy tan segura de que llegue a consolidarse, aunque sea una necesidad.

En los Estados Unidos han surgido en la última década una serie de experiencias que, con el nombre de venture philanthrophy, intentan combinar las motivaciones filantrópicas y la búsqueda de cierta rentabilidad. ¿Cuál es tu opinión sobre este fenómeno?

Se trata de una parte del segmento que llamamos socialmente responsable, es decir, de aquellos que prefieren un mínimo retorno para proyectos de capital de riesgo, en lugar de decantarse por los valores en bolsa. Es una tendencia positiva al ampliar el espectro de aplicación del concepto «responsabilidad social» fuera de los mercados públicos para la financiación de nuevas ideas, que tiene una misión bien definida en pro de las mejoras sociales y que, simultáneamente, pueden generar algo de retorno también.

Me gusta mucho esta tendencia porque creo que supone la canalización del capital hacia nuevas vías, nuevas contribuciones para crear un ambiente de vida, en general, mejor para todos.

En la actualidad, se cuestiona mucho la filantropía tradicional impulsada por el sector fundacional. Se le acusa de ser excesivamente asistencial y faltarle un enfoque más empresarial en sus programas y actividades. ¿Eres de la misma opinión? ¿Qué cambios crees que necesita acometer el sector de las fundaciones?

Tu comentario, sin duda, coincide con lo que yo he observado en mis años de experiencia; históricamente e, incluso, en las experiencias más recientes de creación de grandes fundaciones a partir de potentes inyecciones de capital, se produce una distancia entre las manos y el cerebro, o en cualquier caso, una burocratización inmediata de dichas instituciones.

Supongo que estas nuevas fundaciones no han elegido a sus gestores con cuidado, sino que han seleccionado más bien a profesionales llegados del sector, en lugar de verdaderos emprendedores sociales. Respetar la misión original de dichas fundaciones, que habrán nacido con las mejores intenciones seguramente, pasa por cambiar su estructura de gestión hacia un tipo de gestión inteligente y socialmente comprometida.

En mi época de colaboración con universidades europeas y estadounidenses, fui testigo de cómo los estudiantes ponían muy buena voluntad y compromiso en temas de responsabilidad social. Considero que dejar más espacio a estos jóvenes, que están debidamente preparados, y redireccionar la gestión ejecutiva de estas organizaciones hacia la figura del emprendedor, lograría indudablemente hacer realidad las buenas intenciones de los impulsores de muchas fundaciones.

POR JMC
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