Microseguros. La segunda revolución del desarrollo

CE8 diciembre 2009
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Los esfuerzos por impulsar el desarrollo en los países menos avanzados no han cosechado muchos éxitos desde sus inicios. Pese a los esfuerzos de la troika Stitgliz-Sachs-Bono por denunciar el egoísmo de los países ricos como la principal causa del subdesarrollo y reivindicar la necesidad de incrementar la ayuda a los países más pobres, la verdad es que sus demandas cada vez gozan de menos acogida entre los principales expertos, aunque sus reclamos sigan encontrando un amplio eco en los medios de comunicación y entre la mayoría de las ONG del Norte. Cada vez son más los expertos que se suman a la tesis de que el problema no reside en los recursos (la cantidad de la ayuda), sino en las herramientas y el enfoque para abordar los problemas (la calidad de la ayuda).

El último solista en sumarse a los críticos a la ayuda al desarrollo ha sido Dambisa Moyo, una brillante economista nacida en Zambia, que en su libro Dead Aid apunta que la ayuda al desarrollo ha dejado de ser parte de la solución para convertirse en el problema.

Pero no todo han sido frustraciones en la historia de la cooperación al desarrollo. Algunas iniciativas, entre las que destacan las microfinanzas, han probado su enorme potencial para impulsar el desarrollo y, sobre todo, cuál debe ser el camino para alcanzarlo. En efecto, las microfinanzas han demostrado con resultados incuestionables que las poblaciones pobres no necesitan, fundamentalmente, subsidios basados en enfoques paternalistas, sino servicios (financieros) adaptados a sus peculiares circunstancias y necesidades. Las microfinanzas han contribuido a sacar a la luz un mercado tradicionalmente desatendido y a cuestionar los enfoques tradicionales para enfrentarse con la pobreza y con los grandes problemas sociales.

Siguiendo el ejemplo de las microfi- nanzas, en esta última década han surgido otras iniciativas en otros sectores económicos con el mismo objetivo de servir a la «base de la pirámide» o, como algunos prefieren expresar, de desarrollar «negocios con la mayoría». En la actualidad podemos encontrar ejemplos de «negocios con la mayoría» prácticamente en todos los sectores de la actividad económica: distribución, telefonía, alimentación, vivienda, energía, etc.

LOS ORÍGENES DEL MICROSEGURO. No ha habido que esperar mucho tiempo para que surgiesen iniciativas en el sector de los seguros enfocadas a la «base de la pirámide». Uno de los retos más importantes que tienen que afrontar las comunidades pobres en todo el mundo es cómo hacer frente a los riesgos de salud, enfermedad, malas cosechas, etc. Parte de ese riesgo lo han minimizado gracias a sistemas informales (mutuas y organizaciones de base comunitaria) para manejar sus riesgos y gracias a algunos servicios, como los productos de ahorro, que ofrecen las instituciones microfinancieras con los que pueden hacer frente a esas eventualidades.

Pero estas alternativas resultan claramente insuficientes para enfrentarse a los peligros que habitualmente aquejan a las comunidades pobres. Como expresa Craig Churchill, director del Programa de Finanzas Sociales de la OIT y uno de los principales expertos mundiales, «antes de que la familia tenga tiempo de recuperase plenamente de una crisis, otra le sale al encuentro».

El microseguro se define como «un producto que protege a las personas de bajos ingresos contra riesgos específicos a cambio de pagos regulares de primas proporcionales a la posibilidad y costo del riesgo asumido». El elemento diferencial del microseguros no viene determinado por su tamaño, ni por el tipo de producto sino por el mercado al que se sirve: las poblaciones de bajos recursos.Los microseguros, sin embargo, no son una invención nueva. La industria de los seguros ya vendía microseguros en las puertas de las fábricas en las principales ciudades de Estados Unidos a comienzos del siglo pasado. La Metropolitan Life Insurance Company ya era en aquella época no sólo la compañía aseguradora más grande del mundo sino la mayor empresa a nivel mundial. Sus productos de seguros para la industria fueron el precedente de los seguros para las compañías que conocemos en la actualidad.

Sus canales de distribución –agentes en las puertas de las fábricas– estaban específicamente pensados para atender a ese mercado. Las cuotas reflejaban el riesgo específico del mercado de los trabajadores de la industria. La cobertura respondía a las necesidades de los trabajadores. El cobro de las cuotas, que se realizaba coincidiendo con el día de la paga de los trabajadores a la salida de las fábricas, era muy eficiente. En resumen, el seguro industrial fue una respuesta a un nicho de mercado que proporcionaba productos de aseguramiento de calidad a poblaciones de bajos recursos y acceso a un mercado importante a las compañías aseguradoras.

Pero en los países menos desarrollados el acceso a estos mercados no es tan sencillo. No existe un sistema de seguridad social como en los países desarrollados. La protección social en los países menos desarrollados es extremadamente baja. Los gobiernos carecen de los recursos económicos y de las capacidades técnicas para gestionar los servicios sociales.

De acuerdo con la OIT, sólo el 20% de la población en los países menos desarrollado está incluida en un sistema público de seguridad social. La situación es especialmente grave en los países subsaharianos y del sudeste asiático en donde sólo entre el 5% y el 10% de la población empleada disfruta de alguna cobertura Por otra parte, los productos de seguro ofrecidos por las compañías aseguradoras se han concentrado tradicionalmente en los segmentos de individuos con ingresos altos o en los empleados de grandes empresas. Sin embargo, la gran mayoría de los trabajadores en los países menos desarrollados son pequeños microempresarios o empleado de pequeñas empresas sin acceso a productos adaptados a sus condiciones y posibilidades. Los canales de distribución, cuotas, coberturas de riesgo, simplicidad en el diseño de los productos, cobro de las cuotas… no están pensados atendiendo a las necesidades de las poblaciones de bajos recursos, que continúan desatendidas.

Algunos modelos han tratado de sustituir la falta de seguros comerciales para los pobres, por ejemplo, las «mutuas de seguros», donde un grupo tiene la propiedad del negocio de seguros que es gestionado profesionalmente, o los «microseguros de base comunitaria», en el que las comunidades locales gestionan el fondo de aseguramiento (en África occidental se encuentran muchos ejemplos de organizaciones comunitarias que gestionan los seguros).

Sin embargo este tipo de esquemas presenta importantes inconvenientes, entre los cuales se encuentra:

A. El precio se determina en función de lo que el asegurado dice que puede pagar y no en la estructura de costes y beneficios del grupo asegurador.

B. El aseguramiento está sujeto a las fluctuaciones en el flujo de fondos que requieren de grandes reservas y las mutuas y los fondos de aseguramiento de base comunitaria generalmente carecen de las reservas necesarias o, simplemente, no disponen de reserva alguna.

C. Los controles de gestión son muy débiles y son frecuentes los fraudes.

D. Las mutuas y los fondos comunitarios se limitan a prestar servicio a una población local y carecen de la capacidad para extender su ámbito de actuación más allá de la misma, lo que les impide diversificar su riego poniendo en peligro la sostenibilidad del fondo.

E. Por último, en muchos países no existe un marco legal para este tipo de instituciones.

LOS PRODUCTOS DE MICROSEGUROS. Aunque la oferta de microseguros comenzó con los productos de vida, poco a poco se ha ido extendiendo hasta comprender una gama de productos muy variados. Microseguros de vida. En realidad existe una variedad importante de microseguros de vida. Algunas de las clasificaciones más importantes incluyen seguros de vida por un periodo determinado, seguros que cubren todo el periodo de vida, seguros para la constitución de una dotación y seguros de crédito. Todos incluyen el pago de una cantidad una vez acaecido el suceso o el fallecimiento.

Algunos productos incluyen otros elementos adicionales, como discapacidad, cobertura por muerte accidental, cobertura de gastos de funeral o algún componente de ahorro. Los microseguros de vida pueden ser individuales o de grupo. El más extendido es el seguro de crédito que cubre el riesgo de un posible impago del préstamo otorgado por una institución microfinanciera. En general, el microseguro de vida es más complejo de vender que, por ejemplo, un microseguro de salud, pues sus beneficios son más «intangibles» que los derivados de un seguro de salud.

Microseguros de salud. Aunque los microseguros de salud son los más demandados y, como señalábamos anteriormente, más fáciles de vender, la gestión de los mismos es mucho más compleja. La mayoría de las compañías de seguros no ofrecen seguros de salud salvo los seguros de accidente. En la actualidad, existen muy pocos programas de microseguros de salud y los que funcionan, aunque muestran resultados prometedores, tienen una escala muy pequeña y todavía no son económicamente sostenibles. El principal problema que enfrentan los microseguros de salud es que la prestación del servicio de salud es realizada por un tercero y, por tanto, es más difícil controlar los costes, asegurar la calidad del servicio, evitar el fraude, la excesiva utilización, etc.

Micropensiones. En los mercados de seguros maduros los productos para asegurar una pensión suelen constar de dos fases. Una primera fase en la que se van acumulando los ahorros periódicamente en un fondo personal de pensiones y una segunda fase en la que se efectúa el pago de la cantidad (en una sola vez o mediante pagos anuales) una vez ha tenido lugar la jubilación o el retiro. Las micropensiones han crecido mucho estos últimos años, aunque su mecanismo de funcionamiento es más sencillo que los fondos de pensiones tradicionales. Las micropensiones suelen fijar un límite en la cantidad a percibir o en el periodo de tiempo de pago, pues el riesgo de productos de aseguramiento con una vida larga es muy alto y sólo pueden permitírselo aquellas aseguradoras que tengan acceso a los mercados regulados de bonos nacionales y mercados secundarios de hipotecas.

CÓMO ABORDAR ESTE NUEVO MERCADO. El gran reto de los microseguros se encuentra actualmente en conseguir desarrollar un modelo empresarial eficaz, como ha ocurrido con las microfinanzas. Cualquier institución que quiera incursionar en este nuevo mercado, especialmente las grandes compañías aseguradoras, debe ser consciente, en primer lugar de que se trata de un mercado muy peculiar. Los pobres asegurables son muy vulnerables al riesgo, trabajan en la economía informal, tienen flujos de caja irregulares, manejan sus riesgos a través de redes de seguridad informales, están poco familiarizados con los seguros y, sobre todo, no confían en las compañías de seguros. Todo eso exige que las organizaciones, si quieren tener éxito, adapten su tecnología y procesos convencionales a este nuevo tipo de clientes.

La mayoría de los modelos existentes (seguros a través de instituciones microfinancieras, mutuas, organizaciones comunitarias, etc.) tienen sus ventajas e inconvenientes. La tendencia en el futuro apunta a esquemas y estrategias que sepan constituir alianzas con grandes compañías aseguradoras, llegar a acuerdos con los canales de distribución adecuados, incorporar a las reaseguradotas en el modelo y contar con un soporte tecnológico ágil y eficaz para servir a este tipo de clientes. De ahí que iniciativas como las de Paralife tengan tanta importancia para conseguir consolidar un modelo que combine con eficacia la rentabilidad social y económica.

El microcrédito supuso una auténtica revolución en el mundo del desarrollo y ha contribuido enormemente a mitigar la pobreza. Aunque el microseguro se encuentra en una fase de desarrollo todavía muy incipiente, existen suficientes evidencias para intuir que podría ser un factor muy importante para reducir la pobreza y la vulnerabilidad de las poblaciones más desprotegidas.

Es posible que nos encontremos con una segunda revolución en el mundo del desarrollo, una revolución que podría cambiar la vida y el futuro de gran parte de la humanidad, una revolución por la que vale la pena soñar y, sobre todo, arriesgarse.

La cobertura de salud y los pobres

De todos los productos de microseguros el de salud es, sin duda alguna, el producto que más beneficios puede producir en los sectores de bajos recursos y también el más difícil de proveer. La cobertura actual de seguros sólo alcanza a proteger a 10,2 millones de personas pobres repartidas en cien países.

Para los pobres, la decisión de acudir a los servicios de salud está basada en consideraciones económicas. Las comunidades pobres suelen posponer la visita a un centro de salud con la esperanza de que la situación mejorará.

Cuando comprueban que no se produce la mejoría, escogen gradualmente otras alternativas que van de menor a mayor coste. Los enfermos comienzan por automedicarse, luego se acude a una farmacia cercana y, por último, a un médico o puesto de salud próximo que no exija un desplazamiento. Las enfermedades más comunes entre las poblaciones de bajos recursos son las enfermedades infecciosas, como la malaria, la tuberculosis, la diarrea, o de transmisión sexual, como el sida. Normalmente entre los niños y las poblaciones desnutridas la tendencia es que la enfermedad vaya a peor si no se trata debidamente desde el principio.

Todo eso provoca que los costes del tratamiento sean mucho mayores al no haber atacado los síntomas de la enfermedad desde sus inicios.

La posibilidad de disponer de una cobertura sanitaria de calidad para los pobres a través de un mecanismo de financiación mediante prepago constituye, por las razones anteriores, una de las necesidades más importantes.

Los microseguros de salud ofrecen a las comunidades la promesa de pagar por unos servicios de salud de calidad sobre la base de una capitalización colectiva de sus recursos. Ahora bien, entender el funcionamiento de los microseguros de salud exige conocer la respuesta a las siguientes preguntas: A QUIÉN CUBRE EL MICROSEGURO. Habitualmente el microseguro de salud es un producto colectivo no individual.

El grupo facilita realizar una selección de acuerdo con determinados criterios y ser más eficiente en la recaudación de las cuotas. Algunos grupos susceptibles de ser seleccionados para un microseguro de salud son los clientes de una institución de microcréditos, los socios de una cooperativa, los miembros de una asociación, etc. En ocasiones el microseguros puede extenderse a algunos familiares de los miembros del grupo.

QUIÉN ASUME EL RIESGO DE LOS MICROSEGUROS. Existen tres alternativas: a) La propia comunidad. Este supuesto se da sobre todo en los casos de fondos de seguros comunitarios, en los que la comunidad se encarga de recolectar los fondos y buscar a una entidad que realice la prestación. Normalmente estos mecanismos adolecen de falta de profesionalidad, muy pocas reservas para hacer frentes a posibles contratiempos y, por último, su ámbito de actuación es muy local con las consiguientes limitaciones para aprovecharse de las economías de escala y diversificar el riesgo; b) El centro de salud. Algunos hospitales especialmente en África del Este han puesto en marcha mecanismos de seguros de salud con el fin de facilitar a los pacientes una herramienta para financiar la cobertura sanitaria y garantizar que las comunidades que atienden les paguen los servicios de salud. Aunque su nivel de profesionalidad suele ser mayor que los mecanismos de aseguramiento comunitario, esta alternativa padece las mismas limitaciones que la anterior: c) Una compañía aseguradora.

En este caso la compañía aseguradora asume el riesgo y actúa como intermediario entre las comunidades y el centro o centros de salud que prestan el servicio sanitario.

Los ejemplos más eficaces son aquellas iniciativas que han surgido desde las propias comunidades y han ido evolucionando hacia esquemas más profesionales y especializados. Así, por ejemplo, Microhealth Care Ltd., una ONG de Uganda que comenzó a trabajar con instituciones microfinancieras para convertirse más tarde en una compañía de seguros regulada; d) Una compañía de reaseguros.

Cualquiera de los tres modelos anteriores puede beneficiarse de los servicios de una compañía reaseguradora. El reaseguramiento implica que una compañía de seguros más grande acuerda con la compañía de seguros principal asumir parte del riesgo a cambio de un porcentaje de la prima.

QUÉ PRESTACIONES DE SALUD CUBRE EL MICROSEGURO. La cobertura de prestaciones del microseguro de salud es muy amplia. Puede incluir la hospitalización, las consultas médicas, las enfermedades crónicas, la prevención, etc.

Lo normal es que las compañías de seguros se centren en una de las prestaciones. Uno de los problemas más complejos de resolver es que precisamente las enfermedades más habituales en los países menos desarrollados (enfermedades infecciosas como el sida o la malaria) son las más difíciles de cubrir. Eso ha hecho que las instituciones integren la prevención en el diseño de sus productos, como por ejemplo la distribución de mosquiteras tratadas con insecticidas para prevenir la malaria o la realización de programas educativos en las escuelas para prevenir el sida.

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