La Florida: cuando en el centro está el hombre

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El 31 de enero de 1994 se produjo una avalancha del río Fraile en el municipio de la Florida (Colombia), que afectó a un gran número de personas. A lo largo del cauce del río se habían asentado numerosos pueblos procedentes de Tolima y Cauca, que se desplazaron a esa zona atraídos por los salarios del sector azucarero.

Como en todos los acontecimientos en los que se produce un desastre de esta naturaleza, se empezaron a movilizar recursos y organizaciones para atender a los damnificados. La alcaldía municipal negoció un terreno, el lote Moncaleano, donde se proyectó el desarrollo de un plan de vivienda y se dividió el terreno en cuatro partes, adjudicándolo a cuatro organizaciones para que ejecutaran un proyecto de construcción de viviendas.

La Fundación Carvajal, junto con otras tres organizaciones, fue una de las elegidas. Fiel a su filosofía de todos sus programas, Carvajal entendió desde el primer momento que «no se trataba de entregar un techo a quienes lo perdieron, sino de poner en movimiento a una comunidad para que construya su barrio con identidad propia». Con este fin seleccionaron una y les propusieron participar en la construcción de su propia vivienda.

La fundación se limitó a proponer su metodología de autoconstrucción, capacitar al grupo para que asuma un papel protagonista desde el inicio, a fin de garantizar una participación activa y real en la solución del problema de la vivienda. En esta fase se trabajó con cada familia, para determinar el tipo de construcción, los tiempos, capacidades, recursos, etc.

En todo el proceso de autoconstrucción, la fundación se limitó a canalizar el esfuerzo de los beneficiarios: «Ve donde la gente, convive con ella, aprende de ella, comienza con lo que ella sabe, construye sobre lo que ella tiene… Cuando el trabajo esté terminado y la tarea cumplida, la gente dirá: esto lo hemos hecho nosotros mismos».

Cuando se realizó la evaluación de la intervención de las cuatro instituciones, los resultados mostraron que la Fundación Carvajal había entregado unas viviendas de 48 metros cuadrados, a un precio de 67 pesos por metro cuadrado en un plazo de 45 días, con mejor calidad objetiva de materiales en relación con la segunda organización mejor evaluada: viviendas de 39 metros cuadrados, precio 84 pesos y un plazo de entrega de cuatro meses.

Estos son los datos fríos y objetivos. Estas son las cifras que habitualmente manejan las instituciones en el momento de realizar la evaluación de un proyecto o de conceder una ayuda. Pero lo que a menudo no sale a la luz es precisamente lo más importante. El éxito de la Fundación Carvajal no consistió principalmente en construir las viviendas a un coste menor en un plazo de tiempo inferior y con una calidad superior al resto.

Todos estos resultados, sin despreciarlos, son consecuencia de una filosofía de trabajo que parte del principio de considerar al receptor de la ayuda como sujeto responsable de su propio desarrollo. De ahí que a la hora de evaluar los resultados, la Fundación Carvajal situase en primer lugar el aumento del grado de autoestima de sus beneficiarios y, como punto de partida de su trabajo, incentivar el propio esfuerzo de la comunidad.

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