Cuenta atrás para el apagón del papel

CE22 octubre 2010
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La Ley 56/2007, de Medidas para el Impulso de la Sociedad de la Información, ha situado a España en una posición privilegiada respecto al resto de países. Prueba de ello son los últimos informes presentados por Naciones Unidas en los que el país aparece en un tercer y un noveno puesto en los que a eParticipación y desarrollo del gobierno electrónico se refiere.

A pesar de estos excelentes resultados, lo cierto es que hay algunos aspectos relacionados con esta normativa a los que les queda bastante camino por recorrer.

La Ley 56/2007 establecía la elaboración de un plan para la generalización de la factura electrónica con dos fechas límites: la primera, el cuarto trimestre de 2009, momento en el que las grandes empresas eran obligadas a facturar electrónicamente a las entidades públicas estatales, y la segunda, el 1 de enero de 2011, año en el que la obligación se haría extensible a todas las compañías españolas, independientemente de su tamaño.

Pues bien, a menos de dos meses de que ese anunciado apagón del papel se produzca, las organizaciones de nuestro país se encuentran algo lejos del objetivo esperado. Un informe publicado por la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información, aseguraba hace escasos meses que solo el 12% de las empresas hacen uso de la facturación electrónica. Algo que para Julio Olivares, presidente y fundador de DocPath, empresa especializada en el desarrollo de soluciones de software documental, se produce sobre todo por desconocimiento: «Las grandes empresas tienen amplios departamentos administrativos y de sistemas y gracias a ellos han podido apreciar rápidamente las ventajas de la efactura, sin embargo, algunas pymes desconocen la existencia de una normativa de este tipo y las que la conocen, piensan que implantar un sistema de estas características puede salirles muy caro».

Según datos facilitados por el Gobierno, las empresas podrían ahorrar hasta 15.000 euros al año si dejaran de emitir sus facturas en papel. «La cifra podría resultar sorprendente, pero no lo es tanto cuando pensamos en la cantidad de celulosa, tinta, servicios de impresión, ensobrado o mensajería que aparecen asociados a la práctica de facturar en las empresas», indica el directivo.

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