La nueva frontera: del ‘triple bottom line’ al informe anual integrado

Juanma Roca14 diciembre 2010
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Ya nadie duda de la importancia creciente de los informes anuales de sostenibilidad. La emergencia de la denominada economía multistakeholder ha llevado a rendir cuentas a todos los grupos de interés. Pero, inmersos en esta vorágine de reporte social y medioambiental, varios expertos han querido dar una vuelta de tuerca y afrontan –reivindican– ya el próximo corporativo: el informe de buen gobierno unificado, único y conjunto, que aglutine en un solo documento los datos económico-financieros, sociales y mediambientales de las compañías. Ha llegado la hora del One report, como reza el título del libro que lo promueve.

A mediados de 2009, apenas unos meses después de que estallase la crisis financiera mundial y que gigantes como Lehman Brothers se desplomasen en un momento como un castillo de naipes, la reputada compañía holandesa Novo Nordisk, un gigante del sector médico y líder mundial en el tratamiento de la diabetes, presentó en rueda de prensa su informe anual de 2008. No entrañaba sorpresa alguna esa presentación, en principio, habida cuenta de que los periodistas convocados a esa presentación buscaban información de primera mano sobre los resultados financieros de la compañía. Pero no fue ese el caso. Muy al contrario, se trataba del quinto año consecutivo en que Novo Nordisk no sólo informaba en el informe de los resultados económico-financieros sino también, en un único documento, de los resultados sociales y medioambientales. De la corporación.

Se trataba, como decía la introducción del informe anual, «un único documento, único e inclusivo», que buscaba, como aseguraban ya entonces los directivos de la compañía holandesa, mostrar con evidencias los esfuerzos de Novo Nordisk por «impulsar la integración de las perspectivas financieras y no financieras del negocio a fin de de reflejar de la forma más fehaciente y transparente posible un buen reporte de la actividad de la entidad no sólo a los analistas financieros sino a toda la sociedad». «Con la unión en nuestro informe de los activos financieros y no financieros, pretendemos ofrecer todos los datos para que todos nuestros grupos de interés puedan evaluar de forma certera la evolución de la compañía», añadía el documento en su primera parte.

La calidad y transparencia de los datos ofrecidos por Novo Nordisk en aquel informe único de buen gobierno no sólo recibieron la aprobación del auditor, PricewaterhouseCoopers (PwC) y cumplían los estándares del Internacional Financial Reporting Standards (IFRS), sino que se alienaban con los principios del Global Reporting Initiative (GRI) en lo concerniente al informe de sostenibilidad. Ahora bien, con la salvedad ya anunciada: que mientras el resto de compañías presentaban dos o tres informes separados, Novo Nordisk estaba ya presentando al mercado un informe unificado, algo inédito hasta la fecha.

La transparencia del informe de Novo Nordisk no ha pasado inadvertida por los medios de comunicación y analistas, lo cual ha llevado a considerar a la compañía holandesa como una de las referencias mundiales en los informes de buen gobierno. Así lo han entendido, por ejemplo, el profesor de Harvard Robert Eccles y su colega Michael Krzus, que relatan la buena práctica de Novo en las primeras páginas del libro One report (Wiley & Sons, 2010), donde introducen el concepto de informe único como una «mejor estrategia a través de un informe integrador».

Como señalan en el libro, considerado ya por algunos comentaristas y expertos como el punto de salida de la nueva era en el reporte corporativo, el informe único –esto es, económico-financiero, social y medioambiental en un solo documento– «significa describir, de forma simple y clara, la visión de la dirección sobre las relaciones que se establecen entre las métricas financieras y no financieras».

Eccles y Krzus, que destacan el caso de Novo Nordisk junto al de empresas como Philips o Natura, señalan en el libro que los cuatro principales beneficios de ese informe único son las ya mencionadas relaciones entre los elementos financieros y no financieros de la empresa; la mejor toma de decisiones, pues éstas siempre atienden no sólo a la rentabilidad económica sino también social y medioambiental; el mayor diálogo y entendimiento con los diferentes grupos de interés; y los mejores riesgos reputacionales de las compañías que apuestan por este informe unificado.

Para los autores, sin embargo, la apuesta por el informe único unificado se basa, en el fondo, en tener en cuenta en el día a día de la empresa a todos los grupos de interés afectados por ella y, de paso, aprovechar las ventajas que se derivan del trato diario con cada uno de ellos. En este sentido, «el reporte único es un elemento esencial para demostrar y construir la confianza».

La irrupción de este informe unificado no parece, sin embargo, ajena a los acontecimientos de los últimos dos años. De hecho, todos los analistas y expertos han coincidido en señalar que la crisis financiera mundial ha traído como consecuencia la desconfianza o falta de confianza no sólo de los mercados sino de la sociedad en general en muchas compañías. Las organizaciones llevan ya varios años elaborando sus respectivos informes de sostenibilidad. Sin embargo, la debacle financiera ha echado por tierra los esfuerzos y credenciales de muchos, o, en palabras de Robert Eccles, la crisis ha aparecido de repente «como una piedra u obstáculo en el camino», que ha traído consigo que, incluso a pesar de presentar esos informes de sostenibilidad, buena parte de las compañías hayan perdido el crédito, confianza y respecto de la sociedad.

El descrédito global fruto de los juegos y apuestas de ese «casino diabólico», como se ha dicho, en el que los «señores de las finanzas» han jugado durante años ha hecho, según los autores de One report, que los grupos de interés «ya no se crean» los informes tradicionales. Por ello, es el momento, prosiguen, de empezar a redactar una nueva serie de informes. Pero «el camino no es fácil». «Estamos intentado resolver un problema colectivo en el que diferentes actores deben colaborar y trabajar juntos, tanto las compañías, inversores, agencias de rating y auditoras, analistas, reguladores, ONG y la propia sociedad civil. Todos nosotros, todos los agentes citados, tenemos la responsabilidad de redactar estos nuevos informes integrados para hacer de ellos una prácticas generalizada», sostiene Eccles.

El propio profesor de Harvard resume los principios que, desde el punto de vista de gestión, apuntan en esta nueva dirección y que deben tanto fundamentar como estar presentes en la «nueva generación de informes de buen gobierno corporativo»: un nuevo modelo de negocio –un modelo de negocio sostenible–, visión a largo plazo, perspectiva multistakeholder, proceso en diálogo con los diferentes grupos de interés, creación de valor para todos esos grupos de interés, el riesgo de no adoptar el nuevo modelo de negocio, y, consecuentemente, el beneficio de apostar por este nuevo modelo de negocio.

La reflexión de fondo no tiene lugar a dudas. Eccles la argumenta como sigue: «Una sociedad sostenible requiere una rápida y amplia adopción de ese reporte unificado. A medida que más y más compañías adopten este tipo de informe unificado y cuanto antes lo hagan, la sociedad será más sostenible. La rápida y amplia adopción de estos informes y la alta calidad con que estén redactados y elaborados requerirán innovación, apoyo por parte de la comunidad e inversores, el desarrollo de estándares, legislación y regulación, y el apoyo por parte de la sociedad civil. En cada uno de estos aspectos, el liderazgo por parte de los individuos, organizaciones y los Estados será necesario, y la tecnología debería ser desarrollado del modo más adecuado para sostener la viabilidad de esos informes».

El descrédito global fruto de los juegos y apuestas de ese “casino diabólico”, como se ha dicho, en el que los “señores de las finanzas” han jugado durante años ha hecho, según los autores de One report, que los grupos de interés “ya no se crean” los informes tradicionales.

La llamada de atención de los autores de One report va más allá de una simple anotación a pie de página, cuando uno se detiene en ella de forma serena. La lectura es obvia. Más allá del repensamiento de los informes de gobierno corporativo presentados hasta la fecha, las tesis de Eccles y Krzus apuntan directamente hacia el replanteamiento de la actuación de todos los actores implicados. Como explican, «este reporte debería ser auditado de forma adecuada para proporcionar el mismo nivel de credibilidad que han tenido hasta ahora los informes económico-financieros para los analistas financieros en los mercados de capitales. El informe integrado requiere, por ello, una auditoría integrada para asegurar que los aspectos no financieros tengan el mismo grado de exactitud, pulcritud e integridad que los datos financieros». Este hecho supone reorientar, en primera instancia, el trabajo y enfoque de las propias firmas auditoras.

En este sentido, los autores del libro se apoyan en la visión del socio de PwC, Klass van den Berg, que señala: «Un informe de auditoría integrada exige que los datos sostenible sean de la misma calidad que los datos financieros. Si los datos financieros son examinados al milímetro por parte del auditor, así también deberán ser los datos sociales y medioambiantes que provea la compañía a la hora de redactar ese informe, pues nosotros, como auditores, aplicaremos el mismo grado de exigencia y rigor a esos datos. Y a su vez, de puertas adentro de la compañía, exige unos mecanismos de control de gestión idénticos a los que mecanismos de control de gestión que se aplican a los datos financieros. Para nosotros, por otro lado, como auditores, nos exige de forma paralela otra exigencia: que seamos capaces de resumir o establecer, dentro de todas las variables que se pueden encontrar en los temas sociales y medioambientales, las variables clave sobre las cuales realizar la auditoría y evaluar el informe».

CAMINO DE REEVALUACIÓN.

El camino de reevaluación o replanteamiento debería ocupar a todos los agentes implicados, como apuntan Eccles y Krzus. Pero los propios autores de One report, son conscientes de que se trata de un proceso lento y, en todo caso, gradual. Los datos e informes así lo refrendan.

Un estudio mundial sobre los informes de buen gobierno, realizado por KPMG, confirma la tendencia creciente por parte de las compañías a la hora de preparar informes de buen gobierno integrados, pero el dato de 2009 era contundente: sólo el 3% de las 250 compañías globales analizadas presentaban ya unos informes anuales completamente integrados en los aspectos económico-financieros, sociales y medioambientales. Del 97% restante, no hay noticias –presentan informes independientes– o noticias lejanas –informes sólo parcialmente integrados–.

Sin duda, el camino es largo y, en ocasiones, arduo; pero, sea cual sea la senda elegida, todos los caminos parten del mismo punto, como sentencian los autores de One report: el primer ejecutivo de la compañía y el consejo de administración de ésta. «El informe completamente integrado necesita el compromiso expreso del consejero delegado. El CEO tiene la responsabilidad, en última instancia, de hacer extensible y expreso ese mensaje integrado en toda la compañía y desarrollarlo entre todos los grupos de interés de ésta. Sea cual sea el método o proceso, la decisión de realizar el informe integrado de buen gobierno tiene que ser tomada por el propio CEO o, en su caso, debe ser tomada por un ejecutivo de su entorno y ser avalada por el propio CEO para su ejecución».

Como primer ejecutivo, el consejero delegado debe auspiciar desde el comienzo la apuesta por la elaboración de un informe que combine los aspectos financieros con los no financieros. Pero la reorientación o reenfoque del buen gobierno no afecta al papel inspirador y ejecutivo del CEO, sino que se hace extensible, según Eccles y Krzus, al resto de los directivos, como el director financiero, el director de sistemas de información, el director de relaciones con los inversores y el director de responsabilidad social corporativa. El rediseño de su función y papel en los informes obedece a una razón evidente. Hasta ahora, al presentar informes de buen gobierno separados, cada uno de ellos ha trabajado de forma independiente o, como mucho, poco colaboradora, pues el informe económicofinanciero no tocaba los aspectos sociales o medioambientales, y viceversa.

La razón de este cambio de perspectiva del director financiero o su homólogo de responsabilidad social corporativa enlaza directamente con el comentario de los auditores. Si las empresas apuestas por los informes totalmente integrados, deben ser conscientes del impacto económico-financiero de todas las iniciativas sociales y medioambientales, y, del mismo modo, de las derivadas sociales y medioambientales no sólo de la estrategia financiera de la organizaciones sino de las consecuencias de las políticas de otros departamentos, como el de recursos humanos –inclusión de minorías, voluntariado…–, márketing y producción –producción y venta de servicios elaborados como materiales que no contaminen o lo hagan en menor medida–. Así, sucesivamente, lo cual incide en el discurso transversal que teje la argumentación alrededor de la sostenibilidad.

La asunción de nuevas responsabilidades o responsabilidades hasta ahora poco advertidas alcanza, de paso, a los miembros de los consejos de administración, añaden los autores de One report. «El consejo de administración tiene también un papel central en la adopción de ese informe integrado. El consejo es responsable de representar los intereses de los accionistas.

Nuestra visión es que, dejando las consideraciones legales a un lado, los consejeros están moralmente obligados a tener en cuenta los intereses de todos los stakeholders y, por tanto, no podrán representar de forma adecuada esos intereses si no actúan de esa forma», insisten Eccles y Krzus. Para diversos expertos de organismos como el Global Compact de Naciones Unidas y otras entidades, este papel activo de los miembros del consejo demuestra la denominada «trazabilidad» de la sostenibilidad como eje transversal en el buen gobierno y estrategia de las empresas, lo cual exige, desde su punto de vista, que la sostenibilidad no sólo forme parte de –o informe– la estrategia sino que se asuma en el seno del consejo como uno de los ejes –si no el eje– que debe alumbrar el buen gobierno de la organización en su conjunto.

“El informe completamente integrado necesita el compromiso expreso del consejero delegado. El CEO tiene la responsabilidad, en última instancia, de hacer extensible y expreso ese mensaje integrado en toda la compañía y desarrollarlo entre todos los grupos de interés de ésta.

Y a los actores mencionados con anterioridad, se une, según Eccles y Krzus, el director de comunicación de las organizaciones, que «está en una posición muy buena para unir a todas las personas que están implicadas en la comunicación externa, pues ese director conoce, como nadie, la importancia estratégica de transmitir un mensaje integrado de la compañía en toda su extensión, y su acceso directo al CEO como director de comunicación le servirá en esta línea para llevar a buen término esta labor».

La nueva mirada que debe presidir ese informe integrado debe reorientar el foco de los directivos de la empresa, así como a los diferentes grupos de interés con los que se relaciona la organización. Como ya se ha comprobado, las auditoras apuntan ya hacia dónde debe ir esa nueva auditoría o análisis de los informes unificados anuales.

Pero las auditoras no dejan de ser sólo uno de lo agentes externos implicados. En el fondo, se trata del filtro de calidad que deben pasar esos informes, pero, una vez traspasado ese filtro, el reenfoque, insisten una vez más los autores de One report, debe hacerse extensible a las principales agencias y estándares financieros. Los propios Eccles y Krzus instan a una revisión o actualización, a la luz de nueva tendencia, de las normas internacionales de contabilidad, así como a un replanteamiento de herramientas como el cuadro de mando integral, que tanto influye interna como externamente. En este sentido, añaden, apuntan a las ventajas que puede ofrecer la tecnología a la hora de innovar con rapidez en estos campos.

Por último, concluyen los expertos, los esfuerzos integradores de los informes anuales de buen gobierno deben alcanzar a toda la sociedad civil y comunidad de inversores en su conjunto. «Esto incluye ONG, asociaciones profesionales, especialistas de comunicación corporativa, asociaciones de negocios e inversores, que deben sumarse a este proyecto con su apoyo e iniciativa», subrayan. «Por ejemplo, las asociaciones de negocios pueden realizar estudios y organizar conferencias para ayudar a crear conocimiento y conciencia sobre cómo realizar estos informes integrados. E incluso pueden animar a sus miembros a adoptar estas prácticas, del mismo modo que el Global Compact anima a la elaboración de los informes de sostenibilidad bajo las directrices del GRI».

Con el apoyo y dinamismo de todas las organizaciones y agentes implicados, la elaboración de los informes integrados será una realidad en forma de «movimiento social» en esa línea. Como concluyen su libro Eccles y Krzus, «ha llegado el momento de los informes único integrados, y cuanto antes sean una realidad, mejor para todos nosotros». Dicho en otras palabras, es la hora de pasar de la denominada triple bottom line al auténtico informe anual completamente integrado en un único documento. La buena reputación que atesoran entre todos los grupos de interés empresas como Novo Nordick, que desde hace ya varios años han apostado por ese informe único integrado, refrenda las bondades de ese documento unificado.

Por Juanma Roca
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