“En 2010, The New York Times publicó 3.500 correcciones”

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Arthur Brisbane, Defensor del lector de The New York Times

Arthur Brisbane es el public editor de The New York Times, lo que en España conocemos como el defensor del lector. Recién llegado a su puesto –fue nombrado en junio de 2010–, Brisbane ejerce de representante de los lectores respondiendo a sus quejas y comentarios a través de su columna dominical en el Times y y velando por el buen cumplimiento de la práctica periodística en el periódico.

Fue en el año 2003 cuando el mítico periódico americano tuvo que hacer penitencia al descubrir que uno de sus más prometedores periodistas, Jayson Blair, de 27 años, había estado publicando información falsa y errónea en sus páginas. El diario de la gran manzana entonó entonces el mea culpa más amargo de sus 152 años de historia y puso en marcha como consecuencia una comisión interna presidida por uno de los directores adjuntos, Al Siegel, que elaboró un documento de más de 95 páginas reestructurando los procesos de edición para garantizar la integridad, veracidad y calidad de la información.

¿Por qué se creó la figura de public editor en The New York Times?

Fue la respuesta a una crisis que sufrió el periódico hace siete años. La crisis comenzó por las acciones de un reportero, Jayson Blair, quien deliberadamente cometió una serie de errores en varios de sus reportajes. Cuando se descubrió el fraude, el diario condujo una investigación de los procesos de revisión y control internos para ver qué había fallado. Tras la investigación se determinaron una serie de cambios, uno de ellos fue crear la figura del public editor hasta entonces inexistente en el periódico.

¿Es común entre los medios de comunicación estadounidenses contar con un public editor?

Sí, varios medios de comunicación tienen esta posición, lo único que varía es el nombre que se le da: ombudsman, defensor del lector, etc. Varios medios ya contaban con esta figura desde finales de los setenta. De hecho, en comparación con el resto de medios, The New York Times estableció este cargo un poco tarde. Y no es sólo común en los periódicos de Estados Unidos, sino también en la radio nacional pública (NBR) y en la cadena estadounidense de televisión pública (PBS), entre otros.

¿Cuáles han sido los indicadores clave que The New York Times ha usado para garantizar su veracidad?

Además de la figura del public editor The New York Times dispone de otras dos personas trabajando a tiempo completo en temas relacionados con los estándares de veracidad del periódico. El public editor, sin embargo, no es parte de la plantilla, sino que tiene un contrato externo por un periodo limitado de tiempo. De este modo logra distanciarse de la organización periodística y conservar la objetividad.

La segunda de las posiciones es la del editor sénior de estándares (senior editor standards) que ocupa actualmente Greg Brock. Él se encarga a tiempo completo de las correcciones del periódico. Su trabajo es investigar las quejas que recibimos de los lectores por falta de precisión en algunos de los datos que publicamos y determina si el periódico tiene que publicar una fe de erratas. Greg me dijo hace un par de semanas que en 2010 The New York Times publicó 3.500 correcciones.

Por último Philip Corbett es el editor jefe de estándares (editor in chief standards). Philip se encarga de asegurarse de que los estándares del periódico se comunican de forma apropiada dentro y fuera del periódico. Es responsable también de la actualización de esos estándares y de la orientación a los periodistas en algunas decisiones sobre qué se puede hacer y qué no. Por ejemplo, si es apropiado que un periodista haga un discurso en alguna compañía, o si puede hacer de freelance para otra publicación.

The New York Times cuenta con un código ético. ¿Es importante para un periódico publicar un manual que recoja sus directrices éticas?

Sin duda es muy beneficioso, aunque a veces hay desacuerdos sobre la conveniencia de publicar un código ético. Durante mucho tiempo los periódicos no tenían un código ético porque los abogados argumentaban que una vez publicado el código, éste puede actuar en tu contra en caso de denuncia. Alguien puede usar tu código y argumentar que no estás cumpliendo con algún aspecto de tus directrices éticas.

A pesar de esto, creo que la mayoría de periódicos ya disponen de un código ético. Ayuda a los periodistas a saber cuáles son las reglas y facilita al periódico exigir a sus trabajadores que cumplan con esos estándares éticos.

¿Cuáles son las quejas más habituales que The New York Times recibe?

Yo sólo recibo algunas de las quejas. Las quejas relacionadas con hechos factuales se canalizan por otras de las vías de las que ya hemos hablado. Los comentarios que recibo son de todo tipo: lectores que se quejan de noticias que les parecen que son parciales, o que sienten que se ha violado su privacidad. Otros argumentan que los periodistas no están siendo objetivos, sino que están expresando su opinión, o sienten que se excluyen sus principios éticos o religiosos. Y por supuesto recibimos cartas de lectores en desacuerdo con la línea editorial del periódico. Sorprende la cantidad de temas que preocupan a los lectores. Y la verdad es que algunos temas son muy legítimos y merecen una respuesta o una corrección; otras quejas son inherentes al oficio del periodismo, hay quien se molesta al leer algunas de las noticias que publicamos.

¿Cómo manejan la presión que pueden ejercer algunas de las grandes compañías, a la vez anunciantes del periódico, en los contenidos del periódico?

Me ha tocado ver este tema en los distintos periódicos en los que he trabajado. En el caso de The New York Times existe una separación sustancial entre el lado publicitario y el lado periodístico del negocio.

Todavía no he visto en los seis meses que llevo en el periódico ningún intento de presión, aunque es siempre una posibilidad, es cierto, y podría pasar. Una de las medidas que el Times pone en práctica para prevenir evitar cualquier conflicto de interés es básicamente evitar que el departamento publicitario tenga relaciones con el departamento editorial.

¿Cuáles son los retos de Internet para el periodismo?

Internet requiere una constante actualización de información y no permite muchas veces dedicar el tiempo necesario a contrastar con rigor la información que se publica.

La verdad es que es un tema que nos preocupa a todos los periodistas. Internet ejerce tanta presión por publicar noticias de forma inmediata que aumenta el riesgo de cometer errores. Se da una tensión entre qué priorizar, si ser el primero en publicar o publicar más tarde pero con mayor autoridad y credibilidad. Internet significa más errores. Las tradiciones y prácticas que garantizaban la veracidad y el control de la calidad de lo publicado se han interrumpido por Internet y la presión de publicar con rapidez.

Otro de los problemas es que cuando cometes un error en Internet, aunque lo corrijas online, deberías poner una nota que diga que había un error en esa historia y que lo has corregido. En el Times sí aplicamos esa política, pero otros medios no lo hacen y confunden al lector que no sabe cuál es la auténtica versión de la historia.

Por último, el mayor problema al que nos enfrentamos es que Internet amenaza al sector entero de los medios de los periódicos en papel. Los periódicos disponemos ahora muchos menos recursos y esa falta de recursos amenaza a veces la calidad de los contenidos.

¿Hay algo que se puede hacer para evitar que los medios de comunicación tradicionales pierdan la credibilidad?

No sé si se pueda evitar, pero sí podemos al menos frenar esa pérdida de credibilidad rindiendo cuenta (accountable) por los errores que cometemos, haciendo un esfuerzo por escuchar a los lectores y responder a sus preocupaciones y quejas.

Por Beatriz Guillén

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