El liderazgo sostenible y responsable se escribe con P de persona

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Mucho se ha debatido desde el estallido de la crisis financiera si el mundo está falto de auténticos líderes en la actualidad; líderes globales con mentalidad de estadistas y con ese énfasis genuino no solo por destacar en su sector y conquistar nuevas parcelas de negocios, sino por crear la riqueza y beneficio social que necesita la sociedad. Ese liderazgo mira –debe mirar– al mundo, pero se forja en el interior, en lo más íntimo de la persona. Porque el desafío es pasar de la forja del líder a la huella del líder en el mundo, una huella perenne y sostenible en el tiempo.

Pocas huellas han dejado tanto poso en la historia como la pisada del astronauta Neil Armstrong aquel mítico 21 de julio de 1969. Esa pisada marcó un antes y después en la historia, una pisada que debe presidir la actuación de los grades líderes globales, con mentalidad responsable, en el momento presente. Así debe ser, a la postre, la huella y la pegada de los auténticos líderes sostenibles, una pegada que contribuye a la mejora y prosperidad de todos en un momento en que esa prosperidad parece lejos de alcanzar su punto más álgido.

Si por algo se ha caracterizado la presente crisis, desde el estallido de las subprimes y la caída de Lehman Brothers en octubre de 2008, esto ha sido la plasmación –o, más bien, consecuencia– de un liderazgo mal enfocado o malentendido.

Las continuas referencias en los últimos años de algunos de los mejores profesores de liderazgo del mundo, ya sea Bill George desde Harvard, Manfred Kets de Vries desde INSEAD, u otros, no han hecho sino poner el acento en el aspecto de la responsabilidad del líder como condición inherente a esa condición de líder, como ya en su momento anticipó Peter Drucker.

Lejos de lo fácil y gregario, el líder responsable de verdad se mueve a partir de un profundo conocimiento personal de sí mismo, de su más absoluta intimidad, una intimidad a la que desciende para entablar un diálogo, discusión o pelea sin cuartel consigo mismo. Se trata, en suma, de la lucha del líder consigo mismo para renacer vencedor de una guerra que lo ha de convertir, renacido, en ese líder responsable con una mirada nueva y abierta.

El camino comienza, por tanto, en la propia persona, en el interior del ser humano que se esconde detrás de un líder que en ocasiones se parapeta dentro de una careta, máscara o disfraz, pero que debe abrirse a sí mismo y mirarse al espejo con honestidad para decirse la verdad.

Dicho de otro modo, esa verdad con uno mismo encierra no solo la responsabilidad inherente al liderazgo sino también la integridad del líder con su propia persona. Por este motivo, solo se puede entender al líder responsable desde la persona en sí misma, una persona que se enmarca como el centro, principio y fin de ese peregrinaje al liderazgo con huella y pegada imborrable. La persona es el ser, la primera «P» de las que podrían denominarse como «Ps» del liderazgo, unas «Ps» que envuelven a esa persona en un recorrido hacia sí mismo de forma transformadora hacia el mundo.

Resulta curioso observar en este punto la sintonía entre la palabra persona en español y la traducción de esta al inglés, person, cuyo plural, people, cambia pero mantiene la «P» inicial, como si esa persona buscase de forma sutil que el paralelismo de las cuatro «Ps» del marketing de Philip Kotler desembarcase por arte de magia en la persona del líder. Pero, más allá de paráfrasis, trabalenguas o juegos dialécticos, el camino del líder comienza por la propia persona, a partir de cuyo autoconocimiento y renacimiento emerge al mundo como líder.

En esta senda, el camino de la sostenibilidad de esa persona encuentra diferentes etapas, que se pueden resumir en las siguientes:

Purpose [propósito vital]. No existe empresa, organización o negocio sin una propuesta vital en forma de visión, misión y valores. A partir de estos tres elementos se configura la cultura corporativa de la compañía. Pues bien, igual que en la empresa como organización, no existe auténtico liderazgo sin que la persona nazca como líder a través de una propuesta, una misión, un sentido, con el que desee realizar un cambio, un progreso, una contribución única y definitiva al mundo.

Los grandes líderes del último siglo, desde Henry Ford a Bill Gates o el recientemente fallecido Steve Jobs, tuvieron desde el inicio esa visión, ese sueño, esa propuesta vital como fundamento de su negocio. Así, mientras Henry Ford quería que todos los norteamericanos condujesen su propio automóvil y Bill Gates, que jugueteasen con ordenadores, Jobs quiso que disfrutaran con la tecnología, hecha sencilla y bella en forma de Apple. Los tres –y junto a ellos, otros muchos grandes empresarios y emprendedores– entendieron su negocio como algo más que una simple empresa: algo destinado a mejorar las condiciones de vida.

En este sentido, esa purpose (propuesta o proposición) es, en último término, el norte, el alma del líder que navega a lomos de la sostenibilidad y la responsabilidad, y surge desde ese alma, desde los principios (de ahí la expresión principled leadership) y valores más íntimos y profundos de la persona del líder. No es menor la apelación a ese liderazgo basado en principios que tanto se ha acuñado en fechas recientes. Si por algo se ha caracterizado en algunos casos el comportamiento directivo en los últimos tiempos ha sido por esa falta de principios, valores y, en suma, criterio o juicio.

Passion [pasión]. No existe liderazgo sin pasión, pues el líder se apasiona; es un apasionado de la vida y del cambio, sobre todo, en un momento en que la crisis exige de líderes ansiosos por cambiar un status quo en algunos lados alicaído tras la que ha caído y lo que falta por caer. El líder que quiere cambiar y mejorar el mundo se apasiona, enamora y contagia su pasión y energía a quienes viven a su alrededor; irradia optimismo y deseo: hambre de triunfo. Como en su día dijo Martin Luther King, «sé el cambio que quieres ver en el mundo». Esa llamada al cambio del mundo que protagonizó Luther King va destinada a todos y cada uno de los directivos, colectivos o personas que desean realizar una contribución positiva en la sociedad.

People [personas y sociedad]. La condición de líder viene dada desde fuera por los otros, ya sean colaboradores, socios… Por tanto, el liderazgo, la persona del líder, no se entiende sin la presencia de otras personas a su alrededor. En este caso, si el líder sostenible está llamado a hacer realidad ese cambio y mejora, lo lleva a cambo con, por y para las personas; es decir, el líder despliega su proposición o propuesta personal y su pasión a su equipo, a las personas. Sin personas el liderazgo se queda huérfano de seguidores.

La soledad del líder es inherente, llegado el momento, a la propia condición de líder, pero el líder que se abre al mundo siempre encuentra la compañía adecuada, aunque esté solo.

Power [poder]. La crisis de los últimos años ha sido definida como una borrachera de poder y vanidad. Lejos, sin embargo, quedan ya esos tiempos de borrachera. Ahora toca la etapa de resaca, en la que muchas personas y directivos han quedado moribundos o incluso perdidos. Algunos comentaristas escépticos, como Nouriel Roubini, han llegado a calificar esa borrachera de poder como el desencadenante último de la crisis.

Ni que decir tiene que liderazgo es poder, pues poder es conseguir lo que uno quiere, o, en su caso, hacer posible que otros hagan lo que uno quiere que hagan. Pero el debate del poder viene de lejos, y no solo por la dualidad entre poder y autoridad.

Sin embargo, el debate etimológico trasciende incluso el debate entre autoridad y poder, y lo acerca de forma sutil y a la vez sublime a la responsabilidad y sostenibilidad. El líder puede; hace real lo posible. Eso es indudable. Pero las raíces del auténtico poder se encuentran en la etimología latina: possum, potes, potere. La raíz es ese verbo possum, palabra de la que procede el auténtico fin del poder: el poso.

El líder deja una huella imborrable, un poso, cuyas consecuencias van más allá de su persona en tiempo y espacio. Es ese y no otro su verdadero poder: el legado de su persona, vida y obra. Esa es la huella que dejó Neil Armstrong cuando pisó la luna, por ejemplo. Por ello, el líder del bien, el directivo responsable que busca la sostenibilidad como eje de su ejercicio, debe mirar ya desde el inicio a ese legado o contribución final que desea realizar.

Poetry [poética o poesía]. El profesor de Stanford Jim March ha dejado una de las mejores definiciones de liderazgo: aquella que dice que el liderazgo es la unión de la poética y la fontanería (poetry y plumbing). No le falta razón a March, que en esa fórmula encierra el trabajo artesanal, sin focos, de la sostenibilidad en muchos países del tercer mundo. Esa denominada fontanería preside, por ejemplo, muchos de los proyectos de emprendimiento social que han nacido en los últimos años de la mano de emprendedores que han encontrado la belleza (de ahí, la parte poética) de ese trabajo poco glamuroso de entrada.

A partir del propio propósito noble que lo preside, el liderazgo sostenible resalta por bello e idealista, pero no un idealismo que se queda en la senda del idealismo filosófico, sino de un idealismo que baja a la arena y se ensucia las manos, como ocurre con el fontanero que arregla un grifo estropeado. En ese trabajo artesanal se entiende el arte (poética) del liderazgo responsable. Llegado ese momento, la fontanería deja paso a la belleza, pues la acción que propugna no ensucia tanto como embellece las condiciones de vida y, por tanto, la sociedad, en algunos de los rincones más desfavorecidos. Ahí radica la belleza poética del liderazgo.

Performance [rendimiento]. Desde luego, si el trabajo en la base de la pirámide exige esfuerzo, tanto o más importante resulta que ese esfuerzo dé resultados y sea productivo. El líder sostenible no solo baja al terreno y se moja, sino que, siguiendo el silogismo, saca petróleo en medio del fango; esto es, consigue un rendimiento y productividad formidables.

La apuesta, por ejemplo, de Starbucks por las comunidades locales que cultivan el café, le ha llevado a enfangarse en los cafetales de América Latina y África, pero la productividad de esas acciones y estrategia global de sostenibilidad emprendida por la compañía le ha granjeado grandes resultados reputaciones. Los estudiosos del café consideran que el café de Starbucks, el que se toma en cualquier cafetería de la cadena, no es el mejor del mundo en calidad, pero desde la compañía se sientes orgullosos de contribuir al desarrollo de esas comunidades locales con las que trabajan. «Y eso ya es mucho, de por sí. ¿Es dinero? No sé. ¿Es productivo y da rendimiento? Sin duda. Y eso acaba dando dinero», señala un responsable de producto de la compañía que ha trabajado en diversos proyectos en África.

El liderazgo es ética y estética, pero de nada servirá la estética si con ella no se consiguen resultados. La ética es condición sine qua non del liderazgo, y la estética debe –debería– serlo, pero demasiada estética sin un aterrizaje en la vida real, a ras de suelo, puede degenerar en filosofía hueca. Por eso, como se ha comentado, el liderazgo exige esa parte de fontanería y orfebrería para alumbrar resultados tangibles, un rendimiento superior a todos los niveles.

Positivism [espíritu positivo]. No existe el liderazgo negativo, melancólico o triste. Basta acercarse al discurso de los políticos para entender esta realidad. Si por algo se caracteriza ese discurso o lema es por la llamada a la esperanza, a un futuro mejor. El propio Napoleón dejó para la historia una frase muy elocuente a este respecto: «El líder es un dispensador de esperanza».

La esperanza es el futuro en positivo, al que el líder apela, consciente de que su propósito vital busca, a la postre, una mejora definitiva en el mundo. Si esa persona irradia pasión y energía en este proceso, procura inundar el entorno de positivismo, de un espíritu positivo y esperanzado, pues el cambio que propone es siempre a mejor.

Perspective [perspectiva]. La perspectiva del líder responsable es más amplia, porque no mira solo a una parte de la escena, a la parte de la escena que solo muestra lo bonito, sino también a la otra parte, a esa que mira a la cruda realidad que otros no desean ver. El liderazgo mira al frente, al futuro, al más allá, sea este más allá más o menos agradable de ver, sobre todo si se trata de una realidad que se quiere transformar en el tercer mundo, donde las escenas no siempre son idílicas por hermosas.

Dicho de otro modo, el líder sostenible se muestra siempre con una mirada amplia en amplitud y alcance, porque el foco de su mirada está en lugares remotos o empobrecidos, y porque no se queda o encierra en la visión occidental avanzada. Se trata en suma de una mirada de corto (fontanería) y largo alcance (poética), al conjunto y a los detalles, porque saber mirar con el angular adecuado y siempre de forma realista pero esperanzada, fruto de ese positivismo que infunde a su trabajo directivo.

Presence [presencia]. Basta acercarse a la crisis y a los políticos para entender la presencia dentro del liderazgo. Desde su llegada al Gobierno, se ha afeado al presidente Mariano Rajoy su «escasa» presencia ante los medios y, por tanto, ante la opinión pública, en un momento en que esta necesita, sino respuestas inmediatas, sí esperanza.

Más allá de la actualidad política, el estamento militar es sumamente sensible a esta presencia, pues necesita en todo momento sentir el aliento del jefe de las Fuerzas Armadas, sea el presidente, primer ministro o el rey en una monarquía.

Pues bien, ni que decir tiene que esa presencia es ineludible cuando a la sostenibilidad se refiere, pues esa presencia da esperanza a las comunidades locales en las que se opera; y no solo esperanza sino confianza.

Ahora bien, es precisamente en esa presencia donde radica una de las que podrían definirse como grandes paradojas del liderazgo, pero que, de paso, liga la propia presencia con esa huella imborrable que deja el líder responsable y sostenible. El auténtico liderazgo es presencia en grado sumo, de tal forma que se hace presente, sobre todo, cuando no se encuentra presente. Esa es la auténtica huella y marchamo que deja el liderazgo sostenible: que las consecuencias de ese ejercicio del líder se extiende mucho más allá de la vida del propio líder. Incluso cuando este ya no esté, la influencia, herencia o legado de esa persona seguirá presente.

Profit [beneficio]. El liderazgo, el auténtico liderazgo íntegro, responsable y sostenible, es rentable. Quizá no a corto, en algunos casos (como reconocía el directivo de Starbucks al hablar de los proyectos de la multinacional en la base de la pirámide), pero a medio y largo plazo tiende a ello, o debería. En esta línea, la mirada a largo plazo del líder sostenible busca ese futuro deseado y mejorado, por lo que pone el acento en la parte ética del liderazgo. De nuevo, el liderazgo sostenible une en este punto ética y estética, hecha poesía y belleza.

Payback [retorno y devolución]. La condición de líder no es ni innata ni inherente a la persona. No se tiende; se da, recibe y concede por parte de otros.

Por eso el liderazgo es un don y, como tal, el líder devuelve ese liderazgo a la sociedad, esto es, entrega el liderazgo que recibe y lo expande. De hecho, su liderazgo es el fondo una muestra de entrega a los demás. El liderazgo es entrega en sí mismo, porque el líder responsable entiende que recibe algo prestado que debe cultivar para luego devolver a la sociedad con creces. Ahí radica la rentabilidad del liderazgo: en que, siendo recibido, al final devuelve más de lo dado inicialmente.

Prosperity [prosperidad]. Ese es el verdadero poso y legado del liderazgo: progreso hecho prosperidad para su equipo, la comunidad y la sociedad en general. El liderazgo sostenible mejora a todos, en suma. Recibe un don, el liderazgo, y lo devuelve con un legado cuyo rastro trasciende la propia persona y vida del líder. La sostenibilidad significa largoplacismo y el líder responsable comprende esa visión en el tiempo más allá de su persona. Busca mejorar el entorno y las condiciones de vida. Ese es el poder del liderazgo: el poso.

Pride [orgullo]. Cuando el líder mueve el mundo y lo vuelve un lugar más próspero, se siente orgulloso. Es natural que así sea, pues ve que ha hecho realidad ese sueño o visión que ha perseguido con ahínco hasta que lo ha hecho real.

Suele asociarse el orgullo a la vanidad y los últimos tiempos, escándalos financieros incluidos, han sido la muestra palpable de ese orgullo egoísta. Pero el auténtico orgullo no es egocéntrico sino magnánimo, pues, lejos de situar a esa persona como único centro, entiende que el liderazgo es expansivo y amplio, por lo que, a veces, es la periferia la que requiere la atención y no el centro. El liderazgo es grandeza, y la grandeza infunde orgullo, que a su vez apasiona al líder para continuar su labor para mejorar el mundo.

Las «Ps» anteriores constituyen un peregrinaje en forma de círculo virtuoso que hace que el orgullo por lo conseguido sirva como estímulo para apasionarse más, si cabe, por la propuesta vital. El liderazgo actúa de este modo: de dentro afuera sobre uno mismo y sobre los demás, en un despliegue que nutre al mundo desde la persona en forma de amor, esperanza, felicidad y vida. Porque la sostenibilidad exige de estos ingredientes, que el cocinero, el líder responsable, sabe preparar para que el plato sea exquisito.

Por Juanma Roca
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Comentarios

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  1. Ana

    Estupendo artículo, muy necesario hoy en día. Si me permiten una pega, solo una, diría que meter en el mismo saco a Gates y Jobs es un error. Este último reunía todas las Ps y efectivamente era un lider nato; el primero, Gates, si hizo algo fue por imitación y por una mezcla de envidia y egocentrismo. Le sonó la flauta porque aprovechó el momento más oportuno. Que no nos ciegue el altruismo rentable que ahora practica.

  2. carlos prado

    Muy buen artículo. Trateremos de ponerlo en práctica desde el cargo más alto de la empresa.

  3. Oscar Armando Pinochi

    Hace muuuchos años que vengo transmitiendo que el liderazgo es de adentro hacia afuera. Insistamos en esto. Aún cuesta un gran esfuerzo a muchos quienes dicen ser ‘lideres’ darse cuenta de esto. Se sigue otorgando el título de líder quien detenta un puesto superior y, en general, tiene personas bajo su órbita.
    ¿Liderazgo con P de Persona?… SI, totalmente SI.
    Ya fue dicho muchas veces y no recuerdo por quienes y yo adhiero: «No hay mejor Gerente, Jefe, Supervisor, Director… que Persona» – se es primero una Persona íntegra, amorosa, compasiva, humilde, inteligente y sana antes de tener un puesto –
    Gracias por el artículo y por permitirme compartir mi mirada. Saludos Cordiales!!!