Itinerarios personalizados hacia la inserción sociolaboral

Nuria García30 agosto 2012
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Con la colaboración de

Los esfuerzos dedicados a la plena inserción de los colectivos más alejados de las oportunidades laborales se decantan por programas de acompañamiento personalizado. Diversas organizaciones, como Cáritas o Fundación Atenea, llevan años adaptando sus procesos de integración al perfil y circunstancias del demandante víctima de exclusión, y siempre en función del contexto socioeconómico.

A lo largo de 2011, las acciones de Empleo y Formación de las 66 Cáritas Diocesanas se desarrollaron en un total de 374 centros repartidos por todo el territorio nacional. Los recursos invertidos aquí por la organización tendrían poco sentido si no se articulasen en torno a un proceso de acompañamiento único e individualizado para adaptarse al perfil de aquellos que, por motivos sociales, personales o familiares, tienen grandes obstáculos para acceder a los recursos de entidades privadas o públicas.

Cáritas se vuelca con aquellos que se enfrentan a un más largo y complicado camino hacia el mercado laboral, colocando a las personas en el centro de la acción como protagonistas de su propia vida y desarrollo personal. Con ellas se diseña el recorrido individual aplicando un enfoque transversal, integral y flexible, y adaptándose a las necesidades y situación de cada uno. “El proceso educativo va más allá del empleo, y tiene en cuenta aspectos y dimensiones como la salud, la vivienda, las redes, etc.”, señalan desde Cáritas.

Féliz Miguel Sánchez, vinculado a Cáritas desde hace años y con una dilata experiencia en planes de acompañamiento y otros ámbitos, recuerda que a finales de los años 70 o principios de los 80 se les pidió expresamente dar prioridad a la lucha contra el paro. Corrían años difíciles en España y, con el tiempo, se comprobó que no existía la fórmula de “café para todos”. Es decir, cada persona necesita una intervención adaptada a sus circunstancias concretas, a su contexto social local y específico, y a sus propias capacidades.

Cree que la principal ventaja de un itinerario personalizado -desde la entrevista inicial con el demandante para diagnosticar su nivel de empleabilidad- es poder escucharle. “La actitud de escucha es importante, ya que la búsqueda de empleo puede ser larga y cansada en ocasiones. La ventaja es ese trato personal y tan próximo a las necesidades y posibilidades de la persona”, explica Sánchez.

Mujer, inmigrante y poco formada

El Programa de Empleo 2011 de Cáritas indica una participación de un 68% de mujeres atendidas y un 32% de hombres. Supone tres puntos más de participación femenina en los programas con respecto a 2010, tendencia clara desde hace años. Aunque anteriormente ha habido una presencia predominante de inmigrantes, los números hablan de un porcentaje cada vez mayor de hombres y mujeres españoles desde el inicio de la crisis. El tramo de edad mayoritario son personas entre los 25 y 35 años, seguidos de otros participantes de entre 36 y 45 años.

Con respecto al nivel de formación, algo más del 50% de los asistentes tienen solo estudios básicos, algunos sin finalizar. A medida que se ha agudizado la situación socioeconómica en España, el número de beneficiarios que han accedido al mercado laboral se ha reducido en el último año: en 2011 solo 16% de los participantes en estas acciones lograron un puesto de trabajo, porcentaje inferior a los registrados en 2010 y 2009.

Con crisis o sin ella, los itinerarios personalizados se replantean de manera constante. “Se trata de una metodología, un instrumento, por lo que Cáritas tiene sus grupos especializados para revisar qué hay que modificar y qué hay que mantener”, comenta Sánchez. La carrera hacia un puesto de trabajo se está recrudeciendo, se alarga en el tiempo.

Y sí, puede ser cierto que posiblemente haya un “antes” y un “después” de la crisis. “Aunque el itinerario personalizado es un instrumento válido en sí ahora mismo, se pensó para antes de la actual coyuntura, cuando el mercado ofrecía más oportunidades”. Las posibilidades se distancian más de los más vulnerables, incluso cuando han logrado avanzar en su nivel de empleabilidad. “Hay muchas más personas en esa franja intermedia buscando un trabajo”, razona este coordinador.

Aparte de la crisis – añade – existe todo un imaginario colectivo: a qué le damos valor, qué nos genera confianza y qué no nos genera confianza. “De ahí la importancia del trabajo de sensibilización por parte de Cáritas con el tejido empresarial para demostrar que estas personas aportan valor a las empresas”. Hace años, hubo un movimiento similar para la inserción de los discapacitados, desterrando así ciertos tabús. Ahora hay que hacer lo mismo, insistir ante el empresario a favor de colectivos víctimas de la exclusión social, según Félix Miguel.

También hace un llamamiento a la “corresponsabilidad” de todos, ya que se suele delegar la responsabilidad solo en el demandante de empleo: “Como si fuera el único que tiene que ajustarse a las exigencias del mercado. Hay que darle la vuelta a esta lógica. Hay que empezar a pensar que la persona, con sus necesidades y su dignidad, es el centro. Puede sonar muy metafísico pero, si partimos de este principio, las cosas podrían cambiar”, opina.

Motivar e implicar

La Fundación Atenea, desde 1985, lleva a cabo programas de prevención, asistencia e inserción laboral con personas afectadas por uno –o varios– factores de exclusión, como drogodependientes, personas seropositivas, víctimas de la violencia de género, reclusos y ex reclusos, entre otros. Su radio de acción abarca unas 101.000 personas al año, principalmente en Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y Valencia. La metodología para la inserción sociolaboral también es flexible, individualizada e integral.

Antonio Rivero, Coordinador del Servicio de Atención Sociolaboral, explica que es un “proceso de objetivos consensuados” que lleva aparejada una estrecha cooperación con entidades del propio territorio, públicas y privadas: “Organizamos tutorías personalizadas para hacer un seguimiento de la persona, ya sea semanal o quincenal, dependiendo de sus características”. En todos los territorios donde actúa, la fundación cuenta con unos espacios destinados a la búsqueda activa de empleo provistos de conexión a internet y con presencia de uno o varios orientadores. Solo en 2011, se registraron más de 7.200 consultas o usos de estas plataformas.

Durante todo el proceso, existe un orientador de referencia hasta el final y también se garantiza posteriormente el buen desempeño del trabajo por parte de la persona incorporada, se media ante cualquier conflicto que pueda surgir y se asegura el mantenimiento de ese puesto de trabajo, explica Antonio Rivero.

El papel de la motivación, la implicación y la constancia del demandante de empleo resultan cruciales para la labor de la fundación: “De nada vale que se pongan a buscar muchas horas en un solo día si luego no persisten en la búsqueda”. Aunque el itinerario individual es diseñado técnicamente por la Fundación Atenea, se intenta potenciar la autonomía del participante, que adquiera suficientes habilidades y domine herramientas para desenvolverse sola en el mundo laboral. “Nosotros no buscamos empleo por nadie. El principal esfuerzo lo hacen ellos. Intentamos que se mantengan activos e involucrados en todo este proceso de cambio”, asegura.

Apoyo al empleo en libertad

Rivero valora los inconvenientes que la crisis supone para estos colectivos vulnerables: “El mercado ahora mismo es muy competitivo y excluyente, por eso es muy difícil, en las actuales circunstancias, ayudar a personas que han tenido una trayectoria de vida de por sí bastante compleja”, considera.

Reclusos y ex reclusos son algunos de los beneficiarios directos de ciertas acciones que realiza la Fundación Atenea en centros penitenciarios. De nuevo, el trayecto personalizado sigue siendo la pauta, pero en estos casos la tutorización resulta más intensiva: “Al haber estado privados de libertad, les cuesta adquirir ciertos hábitos que nosotros, en libertad, tenemos muy asumidos”, dice Rivero.

“Con este colectivo concreto, el ratio de orientadores es mayor que con otros. Dependiendo de los años que han estado en prisión, su formación suele estar obsoleta, de ahí nuestros cursos de actualización”. La fundación dispone de aulas formativas con vistas a lograr dos metas: el aumento de competencias y hábitos sociolaborales (autoestima, cómo afrontar una entrevista, etc.) y la alfabetización informática a través de talleres para familiarizarles con unas herramientas indispensables en su búsqueda de empleo.

Por Nuria García
Fotografía: Antonio García Vázquez
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