¡Feliz y responsable Navidad!

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En Navidad parece complicado tener la cabeza en otras cosas que no sean las compras, los preparativos de las cenas y comidas correspondientes a estas fechas, las reuniones familiares, los regalos, la decoración de la casa, desde el portal de Belén hasta el árbol, y un sinfín de tradiciones que rodean la festividad. Todas ellas alejándonos poco a poco del verdadero significado de tan señalada fecha.

Pero las esperanzas no están del todo perdidas. Entre tanto bullicio hay miles de personas que dedican parte de su tiempo a realizar acciones de voluntariado, que reparten comida y ropa en organizaciones no lucrativas, que visitan hospitales entregando regalos o alegran las fechas a los mayores alojados en residencias geriátricas con conocidos villancicos.

Es un aspecto que si bien no debería ser exclusivo de una quincena del año no deja de merecer una mención especial en estas líneas que apelan a una Navidad responsable.

Porque en esta revista solemos hablar de la responsabilidad social corporativa o empresarial, pero es el momento de introducir una nueva, la propia, esa que tenemos cada uno como miembros de una comunidad en la que vivimos, en la que nos desarrollamos, por la que damos, pero de la que también recibimos y nos beneficiamos.

Por eso en estas circunstancias de crisis por las que pasamos, responsable es comprar en la tienda de la esquina, aquella que ha asumido la subida del IVA y que está haciendo un sobreesfuerzo por sobrevivir en tiempos de hacer cajas, por días, a cero.

Sin menospreciar el buen hacer que grandes centros comerciales, hipermercados y cadenas de tiendas están haciendo en términos de empleo, desde que en 2008 comenzará el declive, 177.300 empresas, en su mayoría, Pymes, según un estudio de Esade, han echado el cierre.

Mirar las etiquetas y preocuparse de la procedencia de las prendas que compramos, los alimentos que llenan la cesta de Navidad o los productos que regalamos durante la fiesta más consumista del año ayuda a incrementar la recién bautizada responsabilidad social propia.

Asegurarse que los productos que compramos cuentan con la garantía de que sus productores, así como su cadena de suministro, es remunerada justamente, que no trabajan con mano de obra infantil, que respetan el medio ambiente, que no testan con animales o que no vulneran los derechos humanos de sus trabajadores, se convierte en el mínimo que cada persona debería contemplar antes de realizar el acto de compra.

Más claro queda este proceso si el producto está sellado con la etiqueta de Comercio Justo, que garantiza precisamente varios de los aspectos mencionados: que en la producción no ha intervenido mano de obra infantil, que existe igualdad de género tanto a nivel salarial como en la toma de decisiones, que reciben un sueldo digno y que se protege el medio ambiente. Cuestiones tan banales como vulnerables.

Por suerte, el informe de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo sorprende con el dato del aumento de ventas en España en un 16,8%, alcanzando los 26 millones de euros. Y aunque el consumo de los españoles sigue siendo diez veces menor a la media europea, avanzamos poco a poco hacia un modelo más justo de comercio, en cuya cadena, cabe recordar, participamos todos.

Son muchos los aspectos en los que ser responsable estas navidades las diferenciarán de otras pasadas. En estas fechas en las que los residuos aumentan hasta en un 20%, según datos del pasado año de Repacar, y se utilizan más de 70 km cuadrados de papel de regalo, a no ser que nos atrevamos con el arte japonés del furoshiki, una larga tradición de empaquetado de regalos con tela, resulta fundamental el reciclado del papel de empaquetar, así como de todos los residuos que se generan.

Las tradicionales postales navideñas, que también incrementaban los montones de basura, han pasado a la historia siendo sustituidas por las electrónicas o felicitaciones por mensajería instantánea a través de los terminales móviles. Una buena opción para no producir más residuos de los ya enumerados (Vid. El impacto medioambiental de la Navidad).

Pero sin duda el mejor regalo que se puede hacer en esta época de crisis es no dejar de sonreír. Porque tantas dificultades no se pueden superar si no es con grandes dosis de optimismo para devolverle a la sociedad la confianza que ha perdido.

Con la esperanza de que estas palabras y recomendaciones no caigan en saco roto, apelo a esa responsabilidad social como ciudadano; porque nadie nos va a medir como a las empresas por la estrategia de responsabilidad social que sigamos, no recibiremos mejores regalos ni caeremos mejor por devolverle a la sociedad lo que nos da, ni tendremos que reportar según ningún tipo de estándar sobre ello, porque la satisfacción, como la responsabilidad, es propia.

A todos nuestros lectores: ¡Feliz y responsable Navidad!

 

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