Objetivo europeo: reducir en diez años el consumo de bolsas de plástico en un 80%

El uso de bolsas de plástico en Europa sigue siendo desproporcionado. Se calcula que anualmente se consumen 100.000 millones, de las cuales el 90% apenas se utiliza una sola vez. A modo de ejemplo, el conjunto de los europeos utiliza cada hora once millones y medio de bolsas.
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Ante el crecimiento paulatino del uso de este tipo de producto, el Parlamento Europeo decidió plantar cara a la problemática aprobando una Ley vinculante para todos los Estados miembros.

Los países tendrán dos opciones en las que basar su estrategia para la reducción del consumo de bolsas de plástico. Por un lado, podrán dirigir sus esfuerzos hacia la reducción del consumo medio anual de bolsas de plástico ligero no biodegradable hasta un total de 90 por persona a final del año 2019 y volver a rebajar esa cifra hasta las 40 a final de 2025.

Alcanzando esta meta se reduciría el consumo en un 50% en comparación con 2010 en el primer caso, y en un 80% en el segundo. Otra de las vías para conseguir frenar el uso de bolsas de plástico será garantizar que después de 2018 no se entreguen gratuitamente a los compradores.

A pesar de que en muchos países europeos ya se obliga al consumidor a pagar las bolsas de plástico desechables, son muchos otros los países europeos que aún ofrecen gratis este producto porque las bolsas de plástico ligeras, producidas mayormente en el continente asiático, son muy económicas.

Por países, Finlandia es el país que menos bolsas de plástico utiliza, seguida de Dinamarca, Luxemburgo, Irlanda y Austria. En el otro lado de la lista figuran Estonia, Hungría y Letonia. España ocupa el puesto 12, consumiendo menos que la media europea.

La experiencia ha demostrado que el hecho de hacer pagar a los consumidores las bolsas de plástico puede reducir considerablemente el consumo de un día para otro. Tanto es así que los países en los que se ha alcanzado un nivel de consumo de bolsas comparativamente bajo, las bolsas de plástico no se dan gratuitamente. Sin embargo, esta medida no puede aplicarse a las bolsas que son necesarias para la higiene de los alimentos o a las bolsas de plástico muy ligeras.

En este contexto, antes de finales de 2017, la Comisión Europea tendrá que plantear reglas sobre el etiquetado de las bolsas para asegurar el reconocimiento de las bolsas de plástico biodegradables y compostables.

Aquellas que tienen menos de 50 micras de espesor, la gran mayoría de las utilizadas en la UE, no tienen el mismo potencial de reutilización que los modelos más gruesos y terminan convertidas en basura más rápidamente. También tienen más tendencia a ensuciar el entorno y son causa directa de la contaminación del agua y los ecosistemas marinos.

“Una vez han llegado al medio ambiente, las bolsas de plástico pueden permanecer allí durante cientos de años, fragmentándose gradualmente en trozos cada vez más pequeños y cruzando las fronteras nacionales y marítimas. Hoy en día, las bolsas de plástico junto con las botellas de plástico constituyen la inmensa mayoría de los desechos de plástico presentes en los mares europeos: los residuos plásticos suponen más del 70% de todos los residuos”, señala la exposición de motivos del Parlamento.

El portavoz de EQUO en la Eurocámara, Florent Marcellesi, consideraba la iniciativa como “un pequeño gran paso en la lucha contra la producción de residuos plásticos y contra un modelo de consumo de usar y tirar”.

“No podemos seguir desperdiciando unos recursos fósiles que se acaban y colapsando de forma absolutamente innecesaria la capacidad de resiliencia del planeta”, añadía, tras promover la extensión de este tipo de iniciativas a los acuerdos con terceros países, ya que la problemática no sólo existe a nivel europeo sino que se trata de una lacra mundial.

Los Verdes Europeos también alababan esta nueva regulación por ser “beneficiosa para todos”. La portavoz por Dinamarca del grupo parlamentario, Margrete Auken, ponía de relieve no sólo el problema medioambiental que suponen miles de millones de bolsas de plástico convertidas en basura sino también el daño que en muchas ocasiones hacen a peces o aves.

El mensaje desde Europa es tajante. No sólo se busca que se reduzca el nivel de residuos, y más concretamente del plástico, sino que también se ahonda en la necesidad de empezar a pensar en otra forma de consumir. No sólo los consumidores sino los Gobiernos y las empresas. Las grandes cadenas de distribución tendrán que tomar medidas de calado para que se consiga un cambio de paradigma en el uso de bolsas de plástico mucho más rápido.

Bolsas, ¿pero de qué plástico?

Las bolsas de plástico tienen un origen múltiple. Por regla general se subdividen en tres tipos según los materiales utilizados.

1. Bolsas de un solo uso. Son ligeras, de poco peso y se distribuyen principalmente en supermercados para poder transportar las compras diarias. Generalmente están hechas de polietileno (PE) de alta densidad.

Se las estipula como un bien de un solo uso porque apenas sirven para hacer un viaje con ellas, aunque podrían usarse para otro propósito, como recoger la basura doméstica. La gran diferencia respecto a las bolsas que son para más de un uso reside en su espesor, con menos de 49 micrones de grosor.

2. Bolsas de múltiples usos. Son bolsas reutilizables, que en su gran mayoría están fabricadas tanto de polietileno (PE) de baja densidad con un aspecto más brillante, como de polipropileno (PP) que en apariencia se asemeja a la lona y que por lo tanto es incluso más duradero.

Normalmente se venden en las cajas de los supermercados a un precio más elevado que las bolsas de un solo uso e incluso algunos supermercados las cambian por otra de la misma calidad en el caso de que hubiera resultado dañada por el uso.

3. Bolsas biodegradables. Generalmente están fabricadas a partir de materiales bio. Sus características permiten que puedan ser destruidas y descompuestas siempre bajo ciertas condiciones predefinidas. Normalmente están realizadas a partir de polímeros compostables, que son biodegradables y cumplen los requisitos relativos al nivel de biodegradación e impacto del entorno.

Según un informe de la Comisión Europea es difícil establecer conclusiones concretas sobre qué opción es amigable con el medio ambiente por completo porque depende de los parámetros que se tengan en cuenta. Algunos estudios priman más que sea biodegradable y otros que pueda usarse muchas veces, aunque el único plástico que no deja residuos es aquél que no se utiliza.

Los estudios analizados en Europa señalan que existe un consenso general en el hecho de que la reutilización es la clave para la reducción de los impactos ambientales de cualquier tipo de bolsa.

Por lo tanto, aquellas bolsas reutilizables gruesas a base de polímeros se considera que tienen un balance medioambiental positivo, siempre y cuando se utilicen cuatro veces o más.

El daño del plástico a los océanos

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) realizó dos informes el año pasado en los que cifraba en 13.000 millones de dólares (11.578 millones de euros) el daño financiero de los plásticos a los ecosistemas marinos, considerando que la estimación era calculada “a la baja”.

Cada año, 8.000 millones de bolsas de plástico acaban como basura en el medio ambiente de la UE, incluyendo los mares. La tasa de reciclaje actual de las bolsas de plástico apenas llega al 6,6%. Apenas tienen valor dado su ligereza y poco peso.

Por otro lado, el PNUMA elevaba la voz de alarma sobre el peligro de los “microplásticos”, partículas de hasta 5 mm de diámetro, manufacturados o creados con fragmentos plásticos, que a veces se producen por la descomposición de bolsas.

El PNUMA denunciaba que son ingeridos por organismos marinos, “incluyendo aves marinas, peces, mejillones, lombrices y zooplancton”, y su recogida se hace prácticamente inviable.

En términos generales, las cantidades de plástico que terminan en los océanos como basura son abrumadoras. Según la revista Science, cada año los océanos reciben entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas. La causa: la actividad humana.

“Los plásticos juegan indudablemente un papel crucial en la vida moderna pero los impactos medio ambientales del modo en que los usamos no pueden ser ignorados. Los informes muestran que reducir, reciclar y rediseñar los productos que emplean plásticos pueden traer múltiples beneficios para la economía verde: reducir el daño económico a los ecosistemas marinos y a la industria del turismo y la pesca -vitales para muchos países en desarrollo- además de suponer un ahorro y oportunidades para la innovación de compañías al mismo tiempo que se reducen riesgos reputacionales”, explicaba Achim Steiner, subsecretario general de las Naciones Unidas y director ejecutivo del PNUMA.

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