Los bosques, mucho más que paisajes

La FAO advierte de que más allá de meros paisajes, los bosques cumplen infinidad de funciones relacionadas, por ejemplo, con la mitigación y adaptación al cambio climático, el suministro adecuado de agua potable, la mejora de la biodiversidad, o la seguridad alimentaria. Sin embargo, actualmente “los bosques se enfrentan a presiones sin precedentes”, según alertaron los expertos reunidos en el XIV Congreso Forestal Mundial celebrado en Durban, Sudáfrica.
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La cita este mes de septiembre sirvió precisamente para que la FAO presentara su Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2015 (FRA2015), que se actualiza cada cinco años y que analiza, entre otros aspectos, cómo han cambiado los bosques en los últimos 25 años, el estado de la gestión forestal sostenible y otras tendencias. La FAO ha monitoreado los bosques del mundo cada cinco a diez años desde 1946.

En palabras de Rod Taylor, director del Programa Global de Bosques de WWF, “el último informe de FAO confirma la enorme pérdida de los bosques tropicales en los últimos 25 años”, una tendencia, que según este experto, “va a continuar con pérdidas en el futuro concentradas en especialmente en 11 «frentes de deforestación si no se toman medidas enérgicas y urgentes para hacer frente a las causas de este problema”. Sin estas medidas, alerta “se destruirán en solo 20 años unos 170 millones de hectáreas de bosques, el tamaño de Alemania, Francia, España y Portugal juntos”.

En el mismo pronóstico coincide el reciente informe de WWF Bosques Vivos, que alerta de una posible pérdida de bosques en la región este de África de hasta 12 millones de hectáreas entre 2010 y 2030. El análisis de teledetección realizado para elaborar este documento revela que las pérdidas de bosques entre 2000 y 2012 se concentraron en Mozambique (2,2 millones de hectáreas), Tanzania (2 millones de hectáreas) y Zambia (1,3 millones de hectáreas).

A juicio de Taylor, “no hay una única solución para detener la pérdida y la degradación de los bosques. Son necesarias un conjunto de medidas, que van desde ampliar las áreas protegidas, a fomentar patrones de consumo más sostenibles”. Esta será “la única manera para asegurar que los bosques sobreviven a la elevadísima presión que hoy existe sobre el suelo, originada por la urgencia para abastecer la creciente demanda de alimentos, energía y materiales”, añade Taylor.

Como ejemplo, el análisis de WWF alerta de que la demanda anual de madera se triplicará de cara a 2050, lo que generará mayor presión en los bosques y plantaciones de las que se extrae. Según sus datos, las plantaciones se están expandiendo y abasteciendo un porcentaje cada vez mayor de la demanda mundial de madera. “En el lugar adecuado y gestionadas de forma responsable, las plantaciones de árboles pueden reducir la presión sobre las áreas forestales naturales”, recalcan.

En este sentido, WWF pidió a los líderes forestales del mundo reunidos en Durban que aporten “soluciones innovadoras para hacer frente a la deforestación y la degradación forestal”. “Todos sabemos que ninguna organización puede hacer frente sola al desafío de conservar los bosques. Unámonos para asegurar que conservamos los bosques para la vida”, resaltan, recordando que éstos aportan madera, piñones, resina, corcho, caucho, medicinas y muchos más productos, además de regular ciclos tan esenciales para la vida como el del clima y el agua.

Esfuerzo conjunto para soluciones reales

La gran cita de Sudáfrica también ha servido para que cinco países africanos firmaran un compromiso sin precedentes para combatir de forma conjunta el comercio de madera ilegal: Kenia, Tanzania, Uganda, Madagascar y Mozambique “han dado un paso muy significativo para solucionar una de las principales causas de pérdida de nuestros bosques”, señalan desde WWF.

Se trata de la Declaración de Zanzíbar sobre el comercio de madera y otros productos forestales de origen ilegal, el primer acuerdo de esta naturaleza que se firma en esta región, que además “llega en un momento crucial en el que el este tipo de comercio fuera de la ley se está expandiendo a un ritmo alarmante”, apuntó Geofrey Mwanjela, responsable del Programa Terrestre de la Iniciativa en la costa este de África de WWF.

Kenia pierde cerca de nueve millones de euros por año a causa del comercio transfronterizo ilegal entre Tanzania y Kenia, según un estudio de 2012 del Foro de Recursos Naturales de Tanzania y la Sociedad de la Vida Salvaje del Éste de África. Tanzania pierde alrededor de 7,5 millones de euros anuales por este tipo de comercio, según un informe similar elaborado por el propio Gobierno.

A nivel mundial, entre el 50 y 90% de la madera se extrae o se comercializa de manera ilegal, según datos de Naciones Unidas (PNUMA), con un coste estimado de 27.000 a 90.000 millones de euros al año.

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Según explica a Compromiso Empresarial Elena Domínguez, responsable del Programa de Bosques de WWF, las conclusiones alcanzadas en el encuentro Forestal Mundial de Durban dejan patente “el importantísimo papel que desempeñan los bosques como una solución para el cambio climático y para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas”.

Y aunque este Congreso Mundial de los Bosques ha cumplido las expectativas de WWF, “el futuro de los bosques del planeta no se resuelve en este tipo de encuentros. Necesitamos una verdadera voluntad política que sea secundada por los mercados para conseguir que los bosques puedan seguir desempeñando el fundamental papel que realizan para asegurar la calidad de vida de los seres humanos”, defiende.

A su juicio, este Congreso “es un paso más para acercarse a la Cumbre del Clima de la ONU (COP 21) que se celebrará en París el próximo mes de diciembre, y donde es preciso garantizar un acuerdo que sirva para reducir la pérdida neta de bosques y su degradación hasta cerca de cero para 2020”.

Esta experta apuesta, como claves imprescindibles, por una gestión forestal responsable, una adecuada planificación territorial, cadenas de suministro que aseguren que los productos de consumo (cosméticos, alimentos…) no estén contribuyendo a la destrucción de los bosques, y un sistema financiero responsable en sus inversiones, entre otras medidas.

“Sin ellas no será posible frenar el dramático ritmo de pérdida de bosque al que estamos asistiendo”, agrega, añadiendo que las soluciones “son complejas, pero nunca antes todos los actores y organizaciones clave para hacer esto posible habían estado tan preparadas para aplicar las soluciones necesarias”.

A pesar de lo alarmantes que resultan estas cifras, la responsable de bosques de WWF defiende que “sí es posible satisfacer la demanda de comida, energía y materias primas de la humanidad sin destruir nuestros bosques, pero para ello es necesaria una acción urgente y concertada por parte de todos los agentes clave”. “Se necesita verdadera voluntad política y un cambio de la forma en la que funcionan los mercados”, apunta.

Barreras y oportunidades

Sin embargo, siguen existiendo, según WWF, importantes barreras a superar antes de que un asunto de vital importancia como es el estado de los bosques, su conservación y gestión, o la protección de sus recursos y su biodiversidad se introduzca de manera real en las agendas políticas y en las decisiones de las grandes empresas: La principal es “la economía global en la que nos movemos”.

“Si no internalizamos todos los beneficios que nos aportan los bosques en el medio y largo plazo, y que son tan importantes para mantener la vida, los bosques nunca podrán competir en igualdad de condiciones con otros usos del suelo que producen muchos más beneficios en el corto plazo, como la agricultura o la ganadería”, explica Elena Domínguez.

Según sus palabras, “este cambio de conciencia es algo que no tiene que ocurrir únicamente en al ámbito político y empresarial; los ciudadanos también tenemos que interiorizarlo, porque no tendremos políticos y empresas capaces de tomar decisiones y utilizar sistemas de producción que respeten los bosques si a sus clientes o votantes no les preocupa”. ”Esperemos llegar a tiempo. Tan sólo hay que mirar un poquito más allá del corto plazo”, agrega.

Los expertos reunidos en Durban también hablaron de dendroenergía, la energía obtenida a partir de biocombustibles sólidos, líquidos y gaseosos primarios y secundarios derivados de los bosques, árboles y otra vegetación de terrenos forestales. Desde WWF dicen sí a este tipo de energía, “pero siempre asegurando que se han producido de forma responsable, teniendo en cuenta criterios ambientales y sociales, en los lugares adecuados y favoreciendo su consumo local”.

Precisamente en el mismo sentido, y en un evento especial celebrado en el marco del Congreso sobre este asunto, se defendió “el potencial que tiene la dendroenergía para el desarrollo sostenible y para una economía más respetuosa con el medio ambiente” y se apostó por que este tipo de energía sea “más sostenible y eficiente con el fin de que contribuya a la mejora de los medios de vida, la seguridad alimentaria, la salud, el acceso a la energía y la gestión sostenible de los bosques”.

Los bosques y la amenaza de los incendios forestales

Cada verano, los incendios forestales vuelven a despertar la alarma social y son protagonistas de los informativos y las portadas de los periódicos. Son sin duda otra de las grandes amenazas de los bosques, no sólo porque los arrasan, sino porque también se llevan consigo el medio rural y muchos de sus recursos, además de poner en peligro vidas humanas.

Según datos de WWF, que ha analizado la situación en España tras la campaña de incendios de este verano, la tendencia de la última década y el escenario futuro que provocará el cambio climático “no deja lugar a dudas: los grandes incendios continuarán siendo un grave problema”.

Y es que, aunque en España “somos buenos apagando incendios, no apostamos lo suficiente por la prevención, la inversión para dar vida al monte y evitar que arda”, denuncia esta organización.

El informe de incendios de WWF de este año “muestra que es posible hacer las cosas de otro modo, recuperando los numerosos usos de los montes y luchando contra el abandono que prende la llama de los grandes incendios”, explican.

En su opinión, “sólo será posible evitar el impacto de los incendios más devastadores si las Administraciones apuestan por la recuperación del uso de los montes”, porque “su abandono actual ha dejado a nuestros bosques listos para arder”.

El último Mapa del Fuego 2015 elaborado por WWF recoge los incendios que han ocurrido este verano. Según estos datos, el 55% de los incendios es intencionado frente al 23% que ocurre por accidente o negligencia, y en ellos arde el 60% de la superficie afectada. A nivel nacional, la mano del hombre está detrás del 96% de los incendios forestales, y el 44% de la superficie forestal afectada se quema en el 0,18% del total de siniestros. Al año se producen de media 14.500 siniestros.

La condiciones meteorológicas este verano 2015 no han ayudado a que el riesgo de incendios se redujera, y este año, según WWF, “va camino de convertirse en un año negro para los bosques”.

Según la Agencia Estatal de Meteorología, julio ha sido el mes más cálido en España desde que hay registros. A esto se suma el elevado índice de intencionalidad y de imprudencias relacionadas con el uso del fuego en el medio rural, así como de maquinaria agraria en días de riesgo extremo de incendio: Si el 55% de los incendios son intencionados, casi un 43% de ellos se deben a quemas agrícolas y el 26% a quemas ganaderas.

Pero el mayor riesgo a nivel de prevención se produce por el abandono generalizado de los montes y su ausencia de gestión, que hace que las llamas se propaguen con facilidad en caso de iniciarse un fuego.

“Millones de hectáreas de monte que se transformaron intensamente a mediados del siglo XX para aprovechar recursos como la madera o la resina, están ahora totalmente abandonadas y con un riesgo altísimo de incendio”, insisten los responsables de WWF, que alerta de que “sólo hace falta que salte la chispa para que se produzcan incendios tan destructivos e incontrolables como el de Luna (Zaragoza), Quesada (Jaén) o la Sierra de Gata (Cáceres) este verano”.

“Los incendios son sólo el síntoma: la enfermedad es el imparable abandono del medio rural y forestal. Mientras los montes sigan olvidados, seguiremos sufriendo veranos negros, cada vez peores por los efectos del cambio climático. Y no hará falta que haya especuladores de por medio”, recalca WWF en su balance de incendios tras el verano.

Las cifras oficiales del Ministerio de Medio Ambiente (Magrama) hablaban de que, hasta mediados de 2015, las llamas habían arrasado ya casi 66.000 hectáreas, un 60% más de lo que había ardido el año pasado y un 135% más que en 2013, una superficie que supera lo calcinado a lo largo de 2014 y durante todo 2013.

Magrama coincide en porcentajes con WWF: más de la mitad de los fuegos son intencionados, pero solo se investigan uno de cada tres de estos siniestros; y de este porcentaje solo se esclarecen un tercio de ellos.

Terminado el verano, los incendios forestales pasan a segundo plano como “tema informativo”, sin embargo, las ONG conservacionistas alerta de que sus consecuencias se alargan décadas: dependiendo de la especies los bosques pueden tardar hasta 30 o 50 años en recuperarse.

Greenpeace señala los “ingredientes” de este cóctel mortal: «la falta de gestiones forestales preventivas; los recortes en la gestión, prevención y extinción, o la línea difusa entre la superficie forestal y las urbanizaciones».

Lourdes Hernández y Diana Colomina, expertas en restauración forestal de WWF, explican que restaurar los bosques quemados “no solo es necesario para cerrar la herida lo mejor posible. Los incendios que se produzcan en el futuro dependerán de las medidas de restauración que las Administraciones apliquen tras los fuegos”. Sin embargo, señalan, “la recuperación de los terrenos afectados por grandes incendios sigue siendo la gran olvidada de las políticas forestales.

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Cuánto cuestan los incendios

Las pérdidas económicas atribuidas a los incendios en España en los últimos 50 años se han mantenido en torno a los 3.385 euros por hectárea de superficie forestal afectada (SECF, 2010). Si se tiene en cuenta que, de media, arden al año en España 116.000 hectáreas, las pérdidas económicas se estiman en casi 425 millones de euros al año.

Esta cifra engloba únicamente el valor de las rentas económicas perdidas de recursos forestales, como madera, papel, corcho, resina, pastos o caza, y el gasto correspondiente a la extinción de la superficie afectada. Esta cuantía no incluye el gasto total del operativo de extinción y prevención que la Administración central y las Comunidades Autónomas mantienen de forma ordinaria todos los años, ni de la posterior restauración.

Solo el Magrama invirtió, entre 2001 y 2013, un total de 69 millones de euros de media al año en prevención y extinción, a lo que habría que sumar la inversión autonómica.

“Esta valoración económica tampoco incluye la pérdida de biodiversidad, turismo, uso recreativo, paisaje y otras externalidades que los bosques aportan a la sociedad y dejan de realizarse cuando arde la superficie forestal: protección frente a la erosión del suelo y las inundaciones, regulación del ciclo del agua o fijación de CO2, etc.”, remarca WWF España, que en 2006 ya estimó que el daño generado por los incendios forestales en España, incluyendo una aproximación a la valoración económica de la naturaleza, produce pérdidas anuales por encima de los 1.800 millones de euros, lo que supone el 0,2% del PIB español.

Estas cifras no incluyen otros valores como la pérdida de vidas humanas, el daño psicológico de las personas afectadas o el valor existencial que tenía el paisaje y la biodiversidad perdida. “En vista de lo que nos cuestan los incendios, cabe preguntarse si las Administraciones públicas invierten los esfuerzos y los presupuestos necesarios para ponerles definitivamente freno”, reflexiona la ONG. “Sin duda, prevenir impactos es mucho más rentable que reparar daños”, concluye.

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