Las pymes socialmente responsables encuentran su nicho en el mundo rural

Galicia cuenta con un buen número de pequeñas empresas sostenibles y comprometidas con el medio ambiente, abanderadas por la productora de huevos Pazo de Vilane, que ha sabido diferenciarse de su competencia en el mercado agroalimentario y ya factura más de cuatro millones de euros al año.
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Lo ecológico cada día está más en boga. Afortunadamente no sólo como moda, también como valor: la sociedad y el entorno empresarial cada vez apuestan más por productos naturales con menos de química y más de sostenibilidad y de compromiso con el medio ambiente y con el entorno rural.

Los miembros de la familia Varela-Portas, originaria de Galicia, fueron precursores de este sentir actual. Son los creadores de Pazo de Vilane, una empresa agroalimentaria, la primera en introducir el huevo campero en España, que nació hace veinte años de un ideal:

“Mi padre, Juan Varela-Portas y Pardo, era un visionario. Él siempre quiso recuperar el viejo pazo de la familia, patrimonio histórico con 200 años de antigüedad que estaba abandonado, y que se pudiera mantener en el tiempo, generando actividad económica allí mismo. Así que, con 66 años, decide volver de Madrid a Galicia para llevar a cabo su sueño, siempre con la idea de crear una marca de calidad para exportar un trocito de su tierra a otros lugares de España e, incluso, del extranjero”, explica Piedad Varela, directora de Marketing y Comunicación de la compañía.

Gracias a ello, Pazo de Vilane se ha convertido en la marca estrella de los huevos camperos y ha conseguido desmarcarse de su competencia debido a su peculiar envase en caja cuadrada que destaca en cualquier lineal de supermercado. “Para eso mi padre también fue un adelantado a su tiempo: le encargó el diseño del logotipo al artista gallego Pepe Barro, transmitiéndole todas las ideas de lo que él quería que fuese su empresa”, asegura Varela. Así se consiguió un producto tradicional (en un sector eminentemente industrial) con todas las exigencias sanitarias que el mercado nacional demandaba.

Pero no sólo eso le ha ayudado a diferenciarse. La firma gallega cuenta con una serie de principios empresariales que les han llevado a crecer y a convertir sus productos en alimentos gourmet: la producción de productos de alta calidad bajo el paraguas de una marca propia; recuperación del patrimonio histórico y familiar; el empleo de procesos de trabajo y producción sostenibles y de carácter artesanal; el respeto del entorno y el medio ambiente; el cuidado por la vida y el bienestar de sus animales; la apuesta por el empleo y el trabajo en el medio rural, y el fomento de la diversidad cultural y artística.

“No queremos perder de vista lo que somos y dónde estamos, producir al ritmo que marca la naturaleza y no explotar el territorio ni al animal”, apunta la portavoz de Pazo de Vilane.

Ahora, esta pyme agroalimentaria ha empezado a diversificar su negocio comercializando mermeladas y jugos realizados con frutos del bosque y tomates que crecen en la finca. Aunque su foco de atención siempre serán los huevos: “Para que sean camperos certificados, la empresa debe tener cuatro metros cuadrados de parque por gallina. Además, el animal debe estar en libertad en las naves y contar con unas instalaciones adaptadas a su instinto”, explica Varela.

Las 50 gallinas con las que contaban en sus inicios han pasado a convertirse en una cabaña de 100.000 ponedoras. Gracias a todos estos productos y a sus políticas de empresa, el pasado año facturaron cuatro millones de euros, un 27% más que en 2014, y dieron trabajo a 30 personas de la comarca de la Ulloa (Lugo), donde está localizado el pazo. “No somos una sociedad capitalista, todo beneficio se reinvierte en el negocio, en la recuperación del patrimonio y en la dinamización del medio rural”.

Allí se trabaja con un enfoque sostenible, aplicando medios de producción en los que se aprovechan los recursos endógenos. Por ejemplo, abonando los frutos del bosque con el estiércol que proporcionan las gallinas. “Las tierras de cultivo están rodeadas de bosques autóctonos con múltiples especies que ayudan a mantener la diversidad medioambiental. Es fundamental mantener este equilibrio apostando por el cultivo sin productos químicos o de síntesis”, comenta la responsable de marketing.

Del mismo modo, la riqueza del entorno ayuda a cuidar de la mejor manera a las gallinas en libertad. Éstas son alimentadas con un pienso exclusivo compuesto de cereales y leguminosas, sin otros componentes refinados o de síntesis.

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A Horta de Teodoro comercializa productos de cerdo criados en libertad.

Empresas gallegas comprometidas

Hace unas semanas, Pazo de Vilane acudía al Salón de Gourmets, celebrado en Feria de Madrid (Ifema). Y lo hacía englobada en el Mercado de la Cosecha, un consorcio de pymes gallegas agroalimentarias de carácter ecológico impulsado por Corporación Hijos de Rivera, la compañía responsable de la marca cervecera Estrella Galicia. Se trata de un proyecto de RSC cuyo objetivo es fomentar el desarrollo socioeconómico del medio rural en la región a través de iniciativas que elaboran de forma sostenible productos singulares y de calidad, no sólo agroalimentarios, también de artesanía, turísticos, textiles…

En este proyecto hay más de una veintena de pequeñas empresas con principios y valores muy similares a los de Pazo de Vilane, como A Horta de Teodoro, una pequeña industria artesana familiar que cuida, elabora y comercializa productos de cerdo celta criado en libertad “con alimentos naturales obtenidos del campo que nosotros mismos trabajamos y cultivamos”, explican sus responsables.

Abella Lupa es otra de las sociedades que conforman Mercado de la Cosecha. Localizada en Covelo (Pontevedra), nace con un doble propósito: ser un proyecto destinado a la producción ecológica de miel y a la recuperación y divulgación del patrimonio cultural asociado a la apicultura en Galicia.

También en la comarca del Ulloa se encuentra Arqueixal, una granja familiar que combina el turismo con la producción de quesos, yogures y leche fresca ecológica. “Hemos recuperado un conjunto de casas rurales antiguas para poder acoger huéspedes y dar a conocer nuestro modo de vida”, concretan desde la empresa.

Entre sus espacios rehabilitados está el Parladoiro, una sala multiusos en plena naturaleza preparada para seminarios, talleres, cursos y encuentros para pequeños grupos “con la tecnología más moderna y sin perder la matriz ecológica que nos guía”. Y la Casa da Rebordela, una pequeña casa de labranza gallega, habitable, en la que se puede experimentar lo que era vivir en la Galicia rural de los años 20.

En Mesia (A Coruña) se puede visitar Casa Grande de Xanceda, otra empresa familiar dedicada al ganado vacuno que genera todo tipo de productos lácteos de forma natural y sostenible desde los años 60, aunque no han empezado a ampliar el negocio hasta el 2002, incluyendo una serie de productos muy enfocados al público infantil. “Fuimos una de las primeras ganaderías lácteas en convertirse en ecológica y en la actualidad somos los segundos mayores productores ecológicos de España”, aseguran sus responsables.

Entre sus acciones de responsabilidad social está Cultiva mazás, con el que pretenden plantar la semilla del emprendimiento en los estudiantes de instituto para fomentar el crecimiento empresarial en la zona rural gallega “y combatir la gran despoblación que estamos sufriendo”.

Por otra parte, han creado la Brigada Anti-Lobo, una curiosa iniciativa que nació a raíz de sufrir varios ataques de lobos en 2008. “El primer paso que dimos fue llamar a las principales asociaciones de protección de estos animales salvajes. De su asesoramiento surgió la idea de proteger a nuestras vacas con perros de la raza mastín y de cerrar nuestro prado con vallas de tres metros de altura. Nos pusimos manos a la obra y recorrimos varias perreras en busca de mastines que necesitasen una segunda oportunidad. Así adoptamos a Titán, Canela, Rex, Troya, Terra y Reina”.

A esta brigada se han integrado un grupo de burras, que gracias a su gran sentido del oído son capaces de detectar el peligro con mucha mayor previsión. “Si sienten la presencia de lobos rebuznan alertando a vacas y mastines. De esta manera no sólo se protege al ganado sino que también se le da una nueva utilidad a los burros, que se encuentran al borde de la extinción en nuestro país”.

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