30 años de comercio justo en España: sin pausa ni prisa

Para conmemorar esta fecha, la Coordinadora Estatal de Comercio Justo ha publicado un informe que muestra el crecimiento del sector a lo largo de estas tres décadas, hasta llegar a 35 millones de euros de facturación registrados en 2015 y a 2.300 voluntarios que actualmente trabajan en un movimiento que va más allá de lo puramente comercial.
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En 1986 el comercio justo entró en territorio español por primera vez. Se cumplen ahora treinta años de un negocio responsable por el que muy pocos apostaban entonces y que, sin embargo, ha ido ascendiendo poco a poco cuantitativa y cualitativamente.

Y es que según el último informe publicado por la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CECJ), la facturación de este tipo de productos ha pasado de los casi 10 millones de euros recaudados en el año 2000 a los prácticamente 35 millones del 2015. De hecho, sólo en el pasado año las ventas aumentaron un 6% con respecto a 2014.

Un 93% de esa facturación fue generada en el ámbito de la alimentación, siendo el café el producto líder acaparando el 45% de las ventas, seguido del azúcar y los dulces. La artesanía ha perdido peso en el sector y sólo constituye el 5,2% del total.

En cuanto a los puntos de venta, el canal Horeca (hostelería, restauración y catering) se ha afianzado en el primer puesto, representando el 37,5% del total. Le siguen los supermercados, donde se registra el 34,8% de la facturación. En cuanto a los establecimientos minoristas en su conjunto, representan el 23%.

En este punto, las tiendas especializadas han vuelto a perder presencia, reduciendo su peso económico del 23% al 15%. “Sin embargo, tienen una importancia vital dentro del movimiento, ya que no son sólo espacios de venta”, apunta Mercedes García de Vinuesa, presidenta de la CECJ.

Ésta hace referencia a las acciones de sensibilización y campañas de difusión que éstas realizan a lo largo del año: “Para nosotros la comercialización no tiene sentido si no va acompañada de la movilización de la ciudadanía y la incidencia, elementos fundamentales del comercio justo”, asegura.

En las tiendas y organizaciones dependientes de la CECJ trabajan habitualmente 150 personas y 2.300 colaboran como voluntarias. De este total el 80% son mujeres.

Unas cifras que pueden mejorar

A pesar de la buena noticia que puede resultar un crecimiento de ventas como el registrado el pasado año, se trata de una cifra que necesita mejorar: los 35 millones de euros facturados suponen una media por persona de 75 céntimos, una cantidad que desde la CECJ se considera muy baja. Sobre todo si se compara con el gasto anual por español a nivel general: casi 11.000 euros, según la Encuesta de Presupuestos Familiares de 2015.

Eso significa que el peso del comercio justo en España representa el 0,007% del consumo total de la población, “el 0,045% si nos ceñimos al gasto en alimentación, principal especialidad de este ámbito”, concreta García de Vinuesa.

Si se comparan estos datos con los que se registran en otros países del entorno, el escenario es aún más precario: la media de gasto por habitante en Europa superó los 12 euros anuales en 2014. En este listado, el gran ejemplo a seguir es el de Suiza, que estuvo cerca de alcanzar los 48 euros anuales por persona.

Ante esta situación, desde la CECJ se ha solicitado un mayor apoyo por parte de las administraciones públicas, que consumen un 0,08% del total y cuyo gasto (que nunca ha llegado al 1%) cayó en picado por los efectos de la crisis. “La presión tiene que ir desde la ciudadanía hacia arriba, hacia los cargos públicos”, asegura Pilar Deben, jefa de Servicio de Educación para el Desarrollo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).

Sus palabras no sólo se refieren a solicitar un mayor consumo de productos de comercio justo, sino también a evitar determinados acuerdos alcanzados a nivel político que atentan contra los principios del movimiento: cobro de terrenos, falta de sostenibilidad, etc.

Los efectos de la crisis

A pesar de esos efectos provocados por la crisis y de las diversas caídas de consumo experimentadas desde 2008, el comercio justo mantuvo una línea de crecimiento constante. Es más, uno de los mejores ejercicios contabilizados fue el de 2010, con un crecimiento de ventas del 17%.

“Esta progresión de las ventas no se debe a un supuesto carácter contra-cíclico del comercio justo ni a una sorprendente inelasticidad de la demanda por parte de sus consumidores habituales”, explican desde la CECJ.

Su presidenta argumenta que este impulso vino provocado por la puesta en marcha de la venta de productos con el sello Fairtrade por parte de empresas convencionales, sobre todo grandes supermercados y cadenas de restauración. “Las pequeñas tiendas especializadas experimentaron una importante disminución de las ventas, en paralelo a lo que ocurría en general con el pequeño comercio”.

Según el estudio, entre 2000 y 2008 las tiendas tradicionales de comercio justo incrementaron sus ventas a un ritmo anual del 12%, y las redujeron en un 7% entre 2008 y 2013. Al año siguiente se estabilizaron, y en 2015 se experimentó un crecimiento del 14,6%, una cifra que parece interpretarse como una salida inicial de la crisis.

Por su parte, la venta de productos con sello Fairtrade distribuidos por empresas convencionales se quintuplicó entre 2008 y 2009, se duplicó en 2010, creció un 45% en 2011 y pasó a tasas en torno al 15% en los años siguientes, hasta estancarse en 2015.

Historia de un movimiento

El comercio justo fue una consecuencia más de la II Guerra Mundial: los países del norte cometieron toda una serie de abusos laborales contra los del sur con el objetivo de acelerar los años de postguerra y recobrar la normalidad económica lo antes posible.

Ante esta situación, dos organizaciones, Ten Thousand Villages y SERRV, empezaron a apoyar el comercio justo de productos artesanales de toda una serie de países del sur.

Ambas organizaciones, todavía existentes, siempre han mantenido su política de luchar contra los bajos precios del mercado internacional, los altos márgenes y la dependencia frente a los intermediarios. Ellos fueron los primeros idearios de ese comercio solidario, creado para garantizar unos ingresos adecuados a su producción.

En 1958 se abrió en EEUU la primera tienda formal de comercio justo. Diez años más tarde la corriente llegaría a Europa con su primer establecimiento en Holanda. En España aterrizó en 1986, con la apertura de dos tiendas especializadas: una en San Sebastián de la mano de Emaús y la otra en Córdoba, inaugurada por la cooperativa Sandino (hoy Ideas).

Ese germen hizo despegar otros establecimientos y organizaciones que en 1996 constituyeron la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, con el objetivo de fortalecer el movimiento. De esta manera se ha conseguido que España cuente hoy en día con 78 tiendas y 163 puntos de venta a los que hay que sumar herbolarios, tiendas de productos ecológicos, supermercados, grandes superficies, hostelería y diversas empresas que distribuyen productos certificados de este tipo.

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